!Heil Coletas!

Posamos lentamente el Zeppelin en el estadio olímpico de Múnich, en este tiempo de indignación donde están en oferta desde el yogur griego hasta las islas helénicas de la Ilíada y los dioses del Olimpo miran de reojo la prima de riesgo y la calificación de Moody’s mientras inventan una pócima para convertir el culo de Merkel en bonos del tesoro. Aquí cerca yace una mujer que sin saberlo pudo cambiar una parte de la historia. ¡Vamos de Olimpiadas!

Offenbach del Meno, en Hesse, vio nacer en 1909 una niña rubia, ojos azules, piernas y brazos muy largos: Helene Mayer. Ella tenía dos pasiones desde niña: la danza y los deportes.

La chica destacaba en la escuela local y  eligió practicar  esgrima. De adulta le preguntaban por qué esgrima y ella respondía que era un deporte que le recordaba tanto a la danza. Así empezó en el club local. Ya con 13 años se había convertido en una escultura wagneriana, belleza atlética con coletas que ganaría en los siguientes años los campeonatos nacionales de florete, y en 1928 con 17 años se coronaría con la medalla de oro en los Juegos Olímpicos de Amsterdam.  La coletas, con el mote de Blonde Hey, se hizo tremendamente popular en Alemania, fabricaban muñecas con sus coletas, y objetos decorativos con su efigie…En los siguientes juegos en Los Ángeles, empezó a ganar fácilmente las primeras poules o eliminatorias pero antes de comenzar las finales, un miembro del equipo técnico le comunica que su mejor amigo había perdido su vida en el barco escuela Niobe que surcaba el Báltico. No podía pensar en otra cosa: quedó quinta.

Con la llegada al poder del nazismo no era seguro para ella volver a Alemania, aunque solicitó una beca y se quedó siguiendo sus estudios en Estados Unidos, sus asignaturas opcionales fueron: alemán y esgrima.

La tiradora rubia se sentía plenamente alemana, y su estampa encarnaba el ideal estético ario de la Alemania nazi….pero poco después de que el Führer ganara las elecciones, se descubrió que su padre era judío,  así que ella quedó etiquetada por el  partido nazi como “Mischling” o “Halbjudin”, mitad judía. Mayer quedó exiliada en EEUU. Y como a otros compatriotas , tras la aprobación de las ”leyes de Nuremberg para la protección de la sangre y el honor alemán”, se le retiró la nacionalidad alemana y fue desprovista de la condición de ídolo del deporte germano y de su beca.

El Sindicato Atlético Amateur estadounidense decidió realizar un boicot  a los juegos olímpicos de Berlín en 1936 a  no ser que se permitiese a los deportistas judíos participar en las eliminatorias alemanas y competir en los Juegos en representación de Alemania. El escritor alemán Thomas Mann llamó por la radio (estadounidense), incluso a boicotear los Juegos.

Los países extranjeros incrementaron su presión y Hitler tuvo que ceder, el COI dejó claro que de no aceptar estas condiciones  los  juegos  podrían no celebrarse. Ahora  nada podía impedir al Führer desplegar con sus Juegos, la plataforma propagandística del Nacionalsocialismo alemán para deslumbrar al mundo. Eso sí, cedió pero no del todo ni mucho menos, de  21 atletas que prometió acoger , finalmente sólo se incluyó a la floretista Helene Mayer aceptando además la condición que puso ésta: recuperar la ciudadanía alemana de pleno derecho ¡yo soy alemana!. Dicen que si quiso volver era por defender a su madre que estaba allí, y clamaba que no tenían derecho a hacerle eso a su hija. Si se hubiera negado probablemente no hubiera habido juegos en Berlín y el régimen nazi no hubiera obtenido el crédito de organización e imagen que quiso ofrecer al mundo (ganaron muchísimas medallas).

Helene Mayer se alzó con la medalla de plata en florete individual femenino y, como todos los demás medallistas alemanes,  con la esvástica estampada en su camisola realizó el saludo nazi en el podio.  Es curioso ver como Ilona Schacherer-Elek, esgrimista húngara de origen judío dos veces campeona de Europa (centro), logró la medalla de oro.

Se especuló en la prensa internacional con que se vio obligada a hacer el gesto -toda la delegación alemana lo debía hacer- porque su familia  vivía todavía en Alemania y temía represalias. Para Hitler la jugada era perfecta, si una judía saluda al Fürher no tenéis de que preocuparos…¡todos ahora sabemos                                                                                      que se debían preocupar bastante!

El New York Times llegó a señalar que las Juegos habían devuelto a Alemania a “la comunidad mundial” y le habían restituido su “humanidad”. Una vez finalizados los Juegos, Mayer regresó a los Estados Unidos y, en 1937, consiguió el oro en Campeonato Mundial de París por Alemania aunque se sentía ya engañada y torturada por ver los hechos que estaban acaeciendo en su país. Pudo volver a Frankfurt a ver su a su familia, ella esperaba una recepción con todos los honores, pero ni un periodista le esperaba, ya no era un ídolo para los alemanes en proceso de purificación aria.

Volvió a California donde fue profesora y consiguió nueve títulos nacionales americanos de florete entre 1938 y 1948 sin regresar a Alemania hasta 1952 cuando se casó. El matrimonio y su vida solamente duraría un año más en Múnich donde falleció de cancér de mama, reposando sus restos actualmente en lo que fue la villa olímpica de los Juegos Olímpicos de Múnich 72.

Alzar la mano en su momento, alzar la voz y la mano, ¡ah! las consecuencias, ella fue repudiada primero por la comunidad judía americana y por otros atletas judíos que se negaron a participar en esa trampa; ella esperaba poder ser aceptada en la sociedad alemana. Mientras recibió ese trato frío por el régimen a pesar de haber ganado una medalla en sus juegos, en el otro lado del espejo, paradójicamente Jesse Owen el atleta negro de Alabama,  héroe de los juegos fue saludado por Hitler. El Füihrer había negado el saludo a un atleta afroamericano  por promover  el concepto de la superioridad de la raza aria mostrando  a los de origen africano como inferiores,  el COI le dijo que no habría ceremonia sino saludaba a todos o a ninguno. Cuentan que optó por no saludar a nadie en el pódium, pero Jesse en sus memorias dice que el régimen de Hitler le felicitó por sus 4 medallas de oro y le trató mucho mejor que su “democrático” presidente Francis Delano Roosvelt:

“Cuando volví a mi país natal, después de todas las historias sobre Hitler, no pude viajar en la parte delantera del autobús. Volví a la puerta de atrás. No podía vivir donde quería. No fui invitado a estrechar la mano de Hitler, pero tampoco fui invitado a la Casa Blanca a dar la mano al Presidente”.

Helene Mayer una de las mejores esgrimistas del siglo XX. En la labor de búsqueda documental he aquí un tesoro donde se ven imágenes de época y excelente técnica de la tiradora, en versión original, principalmente, inglés, alemán y algo de ruso.

http://www.snagfilms.com/films/title/what_if/

¡A fondo!

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