¿Dónde estás Leugim?

Open your mind. No os importe desconocer las reglas. Hoy cuelgo mi Zeppelin en “el Coloso del Cerro”, el estadio Latinoamericano de beisbol habanero, escenario de gestas míticas en este deporte elevado en Cuba a la categoría de religión desde su introducción en la isla en 1874. La jerga del llamado juego de pelota se incrusta en las conversaciones cotidianas como ocurre en España con la tauromaquia.

El béisbol cubano ha escrito páginas gloriosas de este deporte y aunque se declara amateur lo cierto es que sus jugadores no ejercen otro trabajo durante la temporada beisbolera.

Un deporte en que las estadísticas son instrumento esencial y su interpretación una ciencia; el estadístico de beisbol en una profesión en Cuba, gente que vive de eso. Ser pelotero seleccionado para formar parte del Equipo Cuba en eventos internacionales es una de las mayores glorias que cubano varón puede lograr. Las personas de edad que establecen su esquina caliente en el Parque Central son capaces de pasar el tiempo discutiendo sobre jugadas vintage de partidos de hace decenios como si lo estuvieran viviendo y pueden recitar de carretilla la lista del panteón de estrellas.

El equipo local por excelencia es el Industriales, el más laureado. Su historia precede a la Revolución, anteriormente equipos remunerados conformaban una liga nacional y el Club Almendares, tomando el nombre del hoy sucio río de La Habana, despuntaba entre todos; era un equipo de “guapos”, es decir, de aquellos que con su destreza se veían autosuficientes para enfrentarse a cualquier rival con osadía. La llegada de la Revolución hizo que los rectores del club se acomodarán a la nueva situación, manteniendo el color azul propio del Almendares y buscando un nombre que les recordara: los Industriales. El equipo fue integrado por mayor número de negros que en el pasado casi de exclusividad blanca.

Mérito tiene que la mayoría de las estrellas  de todos los tiempos permanecieron en el país aún sabiendo que en EEUU sus salarios serían desorbitantes. Sin embargo, en la larga agonía, el béisbol cubano parece en declive lastrado por la crisis económica, por la crisis de valores “oficialistas”, por la irrupción en los hogares cubanos del futbol europeo televisado poniendo en peligro una renovación generacional potente.

 La crisis ecónomica pasó a ser una cuestión de pelotas, porque la  política de austeridad no tiene límites… La prensa hizo un drámatico llamamiento a los aficionados para que devuelvan las bolas que los bateadores consiguen lanzar hasta las gradas: unas veinte en cada uno de los 740 encuentros de la liga nacional, según sus cálculos a 7,2 dólares igual a 110.000 dólares.

¡Devuelvan las pelotas!. ¡Es un deber revolucionario de todo ciudadano amante del béisbol!.

El Estadio  Latino está en ruinas, se deben remodelar las cubiertas desconchadas , y no funcionan las torretas de luz, problema que -como siempre- se aprovecha para alabar el ahorro energético al limitarse los partidos nocturnos que era un ámbito natural para la fiesta y el desfogue popular en el estadio y en las casas porque sin luz no hay televisión.

Los actos de “indisciplina” –críticas al estado de las cosas, al régimen- son motivo suficiente para echarte de la selección y ante este estado de cosas no es de extrañar que algunas grandes figuras “ se desaparezcan”. Del equipo que conocí, los Industriales campeones en 2010 uno de mis favoritos era Leugim Barroso, un espigado prieto elástico y rapidísimo. Pues bien, una vez acabado el campeonato, un día desapareció, como tantos otros antes, seguramente  le ayudaron a salir por mar del país y lo tienen congelado en algún  lugar hasta que lo colocan en un equipo de las Grandes Ligas americanas pagando a los intermediarios y rehaciendo su vida en territorio comanche. ¿Dónde está Leugim?, era tan rápido que su nombre en realidad es “Miguel” al revés, cuando tu lees él ya ha vuelto. ¿Dónde está Leugim?.  Silencio oficial. Cuba no paga traidores.

La felicidad que ha producido el beisbol en Cuba es un hecho incuestionable, como lo es su mediatización por parte del muy solemne poder establecido.

Mientras, los leones de industriales intentarán seguir rugiendo aunque sea a oscuras. Y se oirá el eco de hitos míticos como el espectacular jonrón de Agustín Marquetti que decidió sensacionalmente la serie del año 1986. En el inning 12 del juego decisivo,  frente al equipo de Vegueros, lanzando la pelota su rival más peligroso, Rogelio García, uno de los grandes del béisbol cubano, y ante el abarrotado Latinoamericano, el ídolo industrialista bateó la bola hasta la segunda sección de gradas del right field. Y esto lo sabe en Cuba hasta el niño más pequeño que aspira a llegar a guapear en el Latino.

Mientras, Leugim quizás esté ya colocado y millonario como lo fue recientemente el lanzador Aroldis Chapman que firmó por cinco años y 30 millones de dólares con los Rojos de Cincinnati.

Patria o béisbol.

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