Yo tenía una cola en África

Hoy nos damos una vuelta por Gaborone, capital de Botsuana, lugar donde residí y pude vivir su cotidianidad. A pesar de ser poco poblado, no llegan al millón y medio de habitantes para un país de la extensión de España, se concentran muchísimo  en hacer colas y claro, se sufren. Hábitat propicio para el conocimiento y la desesperación. Hasta los elefantes hacen cola, pasen y vean…que sucede si has de matricular un vehículo.

En Botsuana  el tiempo ni se crea ni  se destruye sólo se transforma; la cola es un ente fagocitador de paciencias que delata la flaqueza  de los espíritus débiles. Las colas son  en sí mismas todo un ecosistema que funciona al margen de la realidad circundante.

En un mundo donde la domiciliación no es la norma  las inagotables colas que acompañan invariablemente a procedimientos administrativos farragosos ponen a prueba la paciencia, sabiduría y buena estrella del participante. Son corredores de la muerte del tiempo en las que estas expuesto a las mas diversas vicisitudes, con tal de sacarte de quicio todo vale…

Y no sé os ocurra  llegar a la cola a la brava; hacer cola requiere una planificación estratégica, y solamente en casos irremediables te presentarás en ella a la ligera. Se requiere mucho tiempo para alcanzar la sabiduría en esa materia.

Cuando crees que la cola no es muy larga, es decir, embrionaria, no cantes victoria; es posible que en ese embrión se hayan incubado los huevos de una serpiente mucho más larga y peligrosa. Aprenderás que hay gente que abandona la cola porque sí, pero advirtiendo que van a volver y que su lugar sacrosanto es ese. Nadie rechista. Una cola de diez elementos puede convertirse en un caballo de Troya en el que van a desembarcar cien personas ante tus narices.

La  velocidad de la cola en  Botswana tiende de manera despiadada hacia el cero con  desparpajo. Las virtudes de un colista semiprofesional, porque también los hay profesionales son varias. Yo diría que los mejores son esos catalogados de ausente, el colista-ausente es peligrosísimo porque siempre aparece en el momento más inoportuno, cuando te habías labrado expectativas de avance real. Los colistas presentes hemos de hacer lo posible por crear un buen clima lineal, lo que llamaría el feng shui de la cola; es decir hacer la espera lo más agradable posible concitando la energía positiva que se pueda absorber en las condiciones más adversas.Hay colas manejables y hay colas que necesitan más planificación que un asalto a un ochomil  con sus campos base e intermedios para llegar a la cumbre.En fin, uno se aficiona a hacer cola y he llegado a sentir verdadera indignación cuando he llegado al banco y no había nadie en la cola, casi me esperaba a que pasara otra persona , me parecía más reconfortante, ¡no sé!. Fastidia acabar tan pronto cuando lo habías planificado tan bien; aunque no os preocupéis; en la ventanilla enseguida se encargan de motivarte para escupir fuego al instante; tras los saludos reglamentarios y prolegómenos súper educados te comunican:

-¡Vd. no se entera!, no sabe que se ha caído el sistema en todas las sucursales de Barclay’s Bank … no ve que no hay nadie en la cola. Así que, claro, si se ha caído el sistema no voy a molestarle con mi miseria cotidiana.

En fin, uno de los lugares de Gaborone que considero sede mundial del campeonato interestelar de colas es la Oficina de Asuntos de Tráfico que ocupa la segunda planta de un edificio del Botswana Building Society Mall.

Si alguna vez antes de suicidaros tenéis pensado hacer turismo, venid a este lugar. No saldréis defraudados. El  local  en sí reúne todo el calor de la ciudad concentrado en el punto en que guardas cola. La masa sudorosa se apelotona a la espera de ser atendidos en una gama de siete ventanillas diferentes en las que no se sabe muy bien a que se dedica cada una; eso sí cada una sujeta a sus propios arcanos. Preside el recinto un póster que muestra un hombre esposado bajo un rótulo que advierte que Botswana es un país de tolerancia cero. Se refiere a la corrupción, con lo que se concluye que abstracción hecha de los principios morales de cada uno, es mejor no intentar el soborno forastero.

Por favor, no seáis inocentes en caer en el error de dirigirte previamente a la ventanilla  “Información”. Jamás me dieron la “información” buena, la persona al frente es más es una célula diabólica para destruir tu sistema nervioso central y periférico. Su misión es desorientar al que no sabe.

En cuanto a los oficiales tras  la ventanilla, en realidad tras unos barrotes, son unos funcionarios del escaqueo, que cuando aparecen, ¡aleluya!, se pasan horas largas entretenidos con los papeles que tienen entre manos.

Pero lo peor en potencia son tus compañeros de viaje nadie se queja demasiado, en la sala hay una televisión a todo volumen en que invariablemente echan la misma película una extrañísima en la que salen karatekas japonesas y bosquimanos repartiendo mandobles por el Kalahari. La gente es que se troncha.

Cuál sería mi deleite cuando una noche en España emitieron la película por una cadena privada  con los diálogos originales en setswana.

Los avances por minúsculos que sean, suponen una victoria. Sin embargo comienzan a darse circunstancias más que insólitas. Llevas una hora y veintidós minutos y de repente todo el mundo desaparece, te quedas atónito y averiguas que la gente se ha ido porque es la hora de comer; es decir: todo lo jugado hasta ahora sirve de poco porque hay una hora y cuarto más hasta que se reanude el partido. Este sistema no me parece bueno pero vamos no me veo haciendo además la cola en el buzón de sugerencias.

Tras la horita y cuarto de calentamiento, viene lo bueno ya que la nueva cola constituida no tiene nada que ver con la de la mañana; se te han colado unos cuatro de refilón (es decir, otra hora de espera) y además el resto de las unidades donde predominan los conductores de combi o furgonetillas taxi, muy populares (sus accidentes)te lo hacen saber a coro, “sí, sí estos vinieron esta mañana lo que pasa es que les guardamos el turno porque tenían que trabajar entretanto. ¡Hala! Diles que no; como es la primera vez, intentas que al menos la espera no sea bronca.

En un momento dado, tarde, pero dado, llegas a la primera línea ¡ya te toca el momento ansiado!. Por supuesto que  ya ni te acuerdas del motivo de tu visita , pero ¡ánimo! que ya está hecho…Tras el preámbulo y una pausa adicional para visitar los lavabos, el funcionario me recibe tras los barrotes a portagayola…

– ¡Mire! Venía a registrar el vehículo, por favor –dije disfrutando el momento

-¿A ver, me da el formulario x33?-  inquiere el funcionario mientras se repasa las uñas

–          El formulario x33? Pues no me lo han dado.

–          Pues sin formulario no hay nada que hacer ¡el siguiente!- me suelta así, imperativamente.

–          This is one atropello, please, ¿dónde me tienen que dar el formulario x33? – levanto la voz.

–          Es el señor de la ventanilla “Información” ; allí -contestó sin levantar la cabeza, sacando el dedo entre los barrotes

Pues nada, nada, me animo, a por el formulario de marras, con voz ahogada atrapado en el laberinto  incomprensible e incorruptible de la Oficina Interestelar de Tráfico.

En ese momento cogerías por el cuello al funcionario de Información, que para entonces por arte de birlibirloque se había convertido en funcionaria con cara de saberse de memoria todos los mandobles de la película de kárate.

Sacando fuerzas de flaqueza, enarbolando el formulario completo hasta la bola, te dices, “ahora sí, ahora me impongo” y desafiando todas las miradas torvas te diriges directamente a  la ventanilla sin esperar el turno de la cola que te venías chupando desde la mañana. Levito,

¡nadie me dice nada!. Es más, el oficial te arranca el documento para examinarlo y murmulla: brrrrrbbrbrbrbrbbrbrbr OK. Y te pone un sello rosa de nada. El OK te suena a canción celestial . Pero añade: OK OK te pongo el sello pero que sepas que este trámite no  hacía falta, como es un coche para placa diplomática…

¡Qué me parto de risa floja! Poco se nota, todo el mundo está tirado por los suelos tronchándose con la decimoctava reposición de la película de samuráis en taparrabos.

Pero el tipo no acaba ahí ¡no!, sino que compone la mejor voz de su vida para decirte: “ OK, OK, pero ahora no olvides  pasar por la ventanilla de tributos, la número 4”.

Y ahí es donde no te impones, donde una larga cola compuesta por personas como yo, detritus administrativos deambulantes te miran fieramente y al menor amago de intentar hacer ademán de seguir adelante señalan con dedo marcial el último puesto de la cola constituida.

En fin, tienes tanta ilusión de tener legalizado el coche que ya por una cola más, que le vamos a hacer, soy novato, mírenme , soy EL novato.

Y ya, camino del calvario llegas derrotado a falta de cinco minutos del cierre a la ventanilla número 4, “Tributos”.

–          Por ese extraño juego de trileros mutantes que se llevan en este establecimiento, me recibe la misma mujer que hace dos horas estaba en información; se le ven unas prisas de cerrar el garito, como si hubiera un aviso de bomba en el local.

–          Dumêla , y tal y tal ¿papeles?.

Los doy.

–          ¡Veo que tiene el sello rosa, pero para vehículo con placa adjunta a la diplomática (CDA) no lo necesita voy a preguntar si tiene que renovar el X33, a ver si me lo pasan con el sello…

A esas alturas, te relajas y disfrutas, te ríes pero solo, porque el casete del video ya lo sacaron de la tele. La señora funcionaria regresa y dice  literalmente:

– ¡Pues ha habido suerte!, se lo pasan. Ahora tendría que pagarme.

 Pagar , ahora pagar, claro, voy haciendo perder el tiempo a la gente y encima me ponen 10 veces la misma película gratis. ¡A pagar!

–          ¿Cuánto es?

–          Son cien pulas, pero …¿sabe?. Vd. no tiene que pagar, las placas diplomáticas CD, CDM y CDA no pagan impuestos…

–          ¡¡Gracias, muchas gracias!!-digo ojoplaticamente complacido.

–          Pero para que conste en el registro debe rellenar el formulario marrón..

En ese momento imagino una ambulancia esperándome a la salida.

– Formulario  marrón ¿Y quién lo da? -pregunto abatido.

– El marrón lo dan en “Información” me contesta en inglés aunque me sabe igual que en español que hasta rima: el marrón en información.. ¡Qué razón tiene!.

Venga  Información, vióleme…En ese momento la buena samaritana te ve grogui y apuntilla, “¡veo que fulanito-información ya se ha ido, es que no queda nadie….pero bueno como ya cerramos esperé que salgo donde Vd. y se lo daré yo misma.”

 Entonces las cosas no podían acabar mejor porque la mujer entrando a matar muy amablemente espeta despreocupadamente:

“Pues no nos  quedan, se han debido acabar, pero no se preocupe mañana los tendrá .aquí mismo”.

Al día siguiente vestido con invisible traje de samurai abordé al señor de Información, que curiosamente venía de nuevo en formato de la buena samaritana de ayer, y le pedí directamente  el “Formulario marrón” .

Ella podía haber dicho: ¡Ay! si es Usted… el de ayer, ¿qué putadita eh?.

 ¡Pero no!. No me reconocía. Yo no daba crédito. Se lo tuve que explicar de nuevo todo en una pose de hombre blanco vociferante y sobreactuado, y la señora sin solidarizarse pero para evitar no se qué, me recogió el Papel Marrón, le echó otro sello y me lo devolvió diciendo: “Ahora, lo lleva al Ministerio de Asuntos Exteriores y arreglado. Ya podrá conducir el vehículo….está contento?.

– Superhappy.

Sabéis que hice después, ¿salir corriendo a exteriores?, pues no.

Desplegué un catering completo y me instalé en uno de los bancos de tortura de antesala de fila de pie y me hice un completo desayuno en directo visionando la película de karatekas y riéndome obligatoriamente en cada uno de los chistes. Y no por masoquismo, no,  era la venganza del gilipollas, del hombre encadenado, como aquellos presos que los meten al calabozo y en esa mínima estancia todavía se imponen no pisar una determinada esquina, un acto de libre y despiadada autoflagelación del cuerpo, que no del alma.

Es aquí donde jugué una de las semifinales de cola de mi vida, aunque no fue la última y definitiva. A partir de esta experiencia aporto mi  feng shui a las colas de Botsuana.

Pero en España, tranquilos, siempre habrá posibilidad de enfrentarse a un funcionario de solera burocrática. Y si no, mirad esta obra maestra de la escuela de cine de Madrid:

 

pero no siempre una cola nos va a dejar con mal sabor de boca, la cola española da mucho juego también, en este otro tesoro internaútico de Faemino y Cansado:

¡Viva Kierkegaard y Kafka!

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