El Negro de Bañolas y Sartjie Baartman

Necesitaba hacer una gestión en el ayuntamiento de Gaborone, capital de Botswana y en la entrada, colgada en una columna, una estela rezaba así:

Muerto en 1830

Hijo de África

Llevado a Europa muerto

Regresado a casa

En suelo africano

Octubre del 2000

 

El 4 de Octubre del año 2000, el cuerpo de

Un hombre Africano

Conocido como “El Negro”

Llegó a Botswana.

“El Negro” es un africano.

 

En 1992, el Doctor Ambrose Arcelin, un español

De origen haitiano,

Llamó la atención de África

Y del mundo

De la exhibición de “El Negro” en

El museo de Banyoles, en España.

 

En 1997, la Organización para la Unidad Africana,

Solicitó la repatriación

De su cuerpo desde España.

Botswana fue demandado en nombre de África

A reintegrar el cuerpo en suelo africano.

Botswana, orgullosamente aceptó.

“El Negro” ha sido exhibido en

Europa durante 170 años.

Era conocido originalmente como

“Le Bechuana” (el Motswana).

Los historiadores mantienen que este cuerpo fue llevado desde

África a Francia en 1830 por

Dos hermanos, Jules y Edouard Verraux.

Ellos robaron el cadáver de su tumba en la

Noche después de que fuera enterrado.

 

El cuerpo de “El Bechuana” fue exhibido en

Una tienda de Paris de los hermanos Verraux y

Fue vendido a Francesc Darder

Que posteriormente trasladó los restos a la ciudad de Banyoles

En el norte de Barcelona, en España.

La principal atracción en la entrada

del museo era “Le Bechuana”

posando en una urna de cristal

sosteniendo una lanza de pescar y un escudo.

La historia del negro estaba ahí inscrita como recordatorio. Antes de su repatriación a Gaborone ya se había calentado el ambiente desde la prensa:

El Negro se convertirá en héroe nacional”

“El negro llega a casa para ser enterrado decentemente”.

“Guerrero momificado será enterrado dignamente en suelo Africano: el cuerpo que estaba disecado y exhibido como una curiosidad turística”;

“Botsuana da la bienvenida al cuerpo de un bosquimano utilizado como un objeto colonial”.

Fue en una de las salas del ayuntamiento donde los ciudadanos de Gaborone pasaron en muestra de respeto por la capilla ardiente habilitada al efecto dentro del programa de actos para la formalización de la devolución por parte de España del famoso negro de Bañolas. Soldados con guantes blancos llevaron el ataúd y le rindieron honores con sus cornetas mientras la muchedumbre cantaba himnos de luto.

El Ministros de Exteriores de Botsuana, el General .Mompati Merafhe, soltó su discurso: “Hoy 170 años más tarde, estamos reunidos no sólo para acoger el cadáver en suelo Africano al que pertenece, sino también para restaurar la dignidad de un ancestro común, apaciguar los espíritus de África y por encima de todo , corregir un error histórico”.

España no se disculpó oficialmente, dado que disculpas oficiales no se habían pedido.

Había que tener en cuenta que no  fueron españoles los que recogieron el cuerpo en África y la responsabilidad se diluye mucho si se piensa que eran franceses, pero en definitiva unos señores particulares El embajador español,  que hizo un perfecto trabajo diplomático dijo que esperaba que el retorno del Negro fortaleciera las relaciones con África y que el retraso  en la devolución del cuerpo se debía a procedimientos administrativos y políticos complejos entre los gobiernos central, autonómico y municipal; y que la exhibición del guerrero en un vitrina supone un anacronismo del que no es responsable  en absoluto  el Reino de España.

Alphonse Arcelin, acudió a la ceremonia de entrega y enterramiento del Negro. Esta victoria moral tuvo sin embargo efectos desastrosos en su economía ya que se vio obligado a pagar costas de juicios que al final no llegaron a término. El doctor estaba en bancarrota y en Botsuana se pedían fondos para ayudarle.

Cientos de personas hicieron cola, trabajadores de la construcción con sus herramientas en la mano, madres con sus bebés; ejecutivos trajeados, vigilantes de seguridad, estudiantes con gorras de béisbol y ancianas apoyadas en bastones. Todos participando del evento, cantando el himno nacional, llevando flores hasta que les tocaba desfilar solemnemente delante del negro, y miraban  a través de una ventanita fijada al efecto en el reluciente ataúd esperando ver el cuerpo inerte de un verdadero ancestro ataviado con sus ropas de guerrero, alguien con prestancia del que sentirse verdaderamente orgulloso, y sin embargo salían completamente decepcionados porque lo único que veían era una calavera con las cuencas de los ojos vaciadas, los dientes rotos y algún que otro huesecillo… . Así que ese era El Negro.

Hubo todo tipo de reacciones en la prensa local y extranjera:

“Alegría, pena en la llegada del Negro”

” Shock y horror al ver que el cuerpo del guerrero había sido reducido a una calavera”

Es como si lo hubiesen estado torturando lentamente hasta el instante de la muerte en que el esqueleto mondo y lirondo pierde el último hálito de vida.  España había humillado los restos humanos considerándolos un “negro” en exhibición y ahora la pregunta que se hacían era si los Africanos podían liberarse definitivamente  del engaño de superioridad y prejuicio racial/étnico, dando lugar a sesudas disertaciones.Otros periódicos sacaban partido del acontecimiento: “Un Museo de Ciudad del Cabo muestra humanos disecados”.

 Fueron varios ciudadanos los que pedían una disculpa completa de España a Botsuana, considerando toda África una misma familia, viendo en el Negro un posible familiar. También llegó a la prensa una crónica de una boda en Serowe en la que el Negro era la comidilla de los invitados que  se preguntaban “si el chaval (sic) no tenía parientes para enterrarlo según la tradición setswana”.

El Negro se popularizó como mote entre los jóvenes  y otros periodistas pedían que se diera el nombre del Negro a un estadio o una calle.

Sandy Grant, uno de los más acertados columnistas  de Botsuana ponía el dedo en la llaga ¿estaba tanta curiosidad tan justificada como la de los Españoles que nosotros condenamos como degradantes?. Este articulista señaló también que quizás había que preguntarse por el racismo existente todavía respecto a ciertas tribus de Botsuana, como los bosquimanos.

Otros también miraban hacia su jardín objetando que el Museo Nacional de Botsuana exhibía el esqueleto de una mujer hallada en el enclave arqueológico de Toutswe. Una señora  pedía que no lo enterraran  de nuevo. ¡Deberían ponerlo en el Museo de Botsuana, porque si lo entierran , la historia se va con él!.De todas formas pronto surgieron iniciativas para desenterrarlo de nuevo y enterrarlo en el verdadero lugar de origen, mucho más al sur, en territorio Sudafricano. Como nos comentaron posteriormente los Batswana, mantuvieron como siempre todo su respeto, pero les habían hablado tanto del guerrero que estaban convencidos que lo iban a ver majestuoso como los millones de españoles que visitaban  ese importantísimo Museo Darder –porque para ellos éste era más importante que el Museo del Prado, que por otra parte tampoco conocían- en que el Negro era motivo máximo de peregrinación.

Al llegar a casa pregunté a Boitumelo, que ayudaba en las tareas domésticas, si sabía algo de “El Negro”. Incomodada dijo que sí que había estado el año pasado en el Ayuntamiento y que lo había visto con sus propios ojos. Yo le dije como disculpándome que la historia del Negro era muy triste y que los españoles no nos dedicamos a secuestrar a los muertos, que había pasado hace mucho tiempo y por supuesto echándole la culpa a los franceses, menudos son esos…

Dijo que ya lo sabía, pero que eso había estado muy mal, y me preguntó entonces porque los españoles son tan guerreros y porqué cazan toros con espadas en los teatros si podían hacerlo con rifles. Se refería por supuesto a los toreros, que en la palabra inglesa bullfighter da una idea muy guerrera. Lo de los toreros es una cosa diferente -dije-  pero quiero que sepas que pienso que nuestro gobierno hizo bien devolviendo al Negro, y que ahora no había justificación ninguna para mantenerlo en España, y que todo debía volver al lugar de donde había venido; las momias a Egipto, los templos griegos a Grecia….Entonces a quién robaron eso… -me preguntó con inocente curiosidad señalando una foto de la Torre Eiffel?-Tarde en explicarle que los franceses no eran malos, o al menos eran tan malos como los británicos.Por ahí no podía pasar; para Boitumelo el Imperio Británico era la perfección imperializada.

Hasta ese momento bien poco me había importado El Negro, pero al llegar a Botsuana percibí que la manipulación de sentimientos es universal, y dado lo a flor de piel que seguía el caso, merecería conocer más de cerca la historia más si cabe teniendo en cuenta que dados los años que había permanecido en España, lo podíamos dar por nacionalizado a efectos sentimentales, máxime cuando  no había en ese momento más españoles viviendo en Gaborone. Por si fuera poco, sus restos habían sido enterrados en el único parque de la capital que dista menos de un kilómetro de nuestra casa.

Aquella mañana me dirigí al Parque Tsolofelo para conocer personalmente al Negro.Me podía la curiosidad, aunque también me decía que si no tenía otra cosa mejor que hacer. Mira que el pobre tenía motivos para estar enfadado con los españoles; me da cierto respeto eso de visitar tumbas. Quizás en el lugar haya un aura ultraterreno  detector de españoles o algo así. ¡Vamos! que no las tenía todas conmigo.

Al llegar al parque pregunto si saben dónde está enterrado El Negro y enseguida me indican una dirección hacia el otro extremo del parque. Al llegar al lugar veo como dos equipos de unos ocho jugadores en cada bando juegan un partido de fútbol y aproximadamente en la posición de medio-derecha, se encuentra una losa rodeada de unas flores y cuatro postes blancos enlazados por una cadena. En vertical han instalado  una copia de la estela funeraria en negro donde se cuenta la historia del famoso guerrero.

  No me esperaba está situación, yo iba en visita íntima, y ahora no era cosa de interrumpir el partido que estaba en plena disputa.  Así que me dispuse a contemplar el partido. Los jugadores me miraban asombrado, ahí paradote, bajo un sol tremendo. Enseguida me ofrecieron jugar, pero pensé: solamente falta comience a jugar y le de un balonazo a la estela funeraria del Negro. También me preguntaron la fatídica pregunta

¿De dónde eres?

En ese momento piensas que lo mejor es decir que eres de Andorra, que es un país que despista sobremanera, pero claro, un español, no va a renegar de sus orígenes, total, que no mentí.

“I am from Navarra, Europe”.

Entonces dijeron “Europe, OK”, “Europe, ya veo”.

En verdad para muchos Batswana el territorio desde el Algarve hasta Vladivostok es Europa ¿o no es así?. Al lado de esa Europa y con un peso superior están  Reino Unido y  América. Así que eres o British o del Algarve hasta Vladivostok o americano.

El calor reinante acortó la duración del partido, y cuando me iba a despedir uno de ellos se lanza con la siguiente preguntita ¿sabes quién está enterrado allí?, mientras  señalaba hacia la tumba.

Yo dije que pensaba que El Negro, claro que eso es lo que ponía en la estela.

Y él me dijo, solemnemente que era un jefe guerrero de Botsuana muy fuerte.

A mí me parecía fantástico. “Ya veo”, dije.

Entonces el chico sigue diciéndome que el guerrero seguramente fue un VIP (es decir una persona muy importante), pero que estaba harto de él;  antes podían jugar en todo el campo, y ahora ya ve,  no podemos atacar por esta banda porque se nos mete el balón dentro del trozo acordonado ¡podían haberlo puesto más apartado!

Lo cierto es que la importación de seres humanos, al margen de la esclavización, parece que la manía de los españoles y europeos de traer a España personas exóticas viene de lejos.

Ya en  1520 Hernán Cortés envió a  6 Aztecas a España, y otros artefactos. Se convierten en parte de un circo ambulante, que anduvo de gira en Sevilla, Valladolid  y Bruselas para marcar la coronación de Carlos I de España y V de Alemania.

En Bruselas, el pintor Albrecht Durero fue testigo de esta exhibición de estas extrañas criaturas, recogiéndolo en su diario. Tras su visita a Bruselas  tomó interés en pintar alguna de las caras inusuales en la Europa de su tiempo,  por ejemplo el retrato de la Doncella  Negra, Katharina, y sus críticos han señalado  que en estas obras prestó la misma atención que se revela en el dibujo de los ricos mercaderes o de otros artistas.

Paulatinamente el descubrimiento de nuevas tierras y especialmente durante el apogeo colonial las ferias desempeñaron el papel esencial de mostrar humanos considerados como diferentes (en aquel entonces no podía pensarse que lo diferente fuera sino inferior).

Las ferias tenían su origen en las Ferias de mercaderes de la Edad Media donde se instalaban atracciones de saltimbanquis, malabaristas y comediantes de estrado, y continuadas por  los Gabinetes de Curiosidad que existían en la Francia de la ilustración, lugares extraordinarios donde se mezclaban la diversión, el sueño, lo imaginario y la instrucción, donde toda la población entera podían disfrutar.

Fue muy famoso el Gabinete ^Portatil del  doctor Spitzner en el barrio de Midi en Bruselas donde se exibian piezas prodigiosas. La colección recogía modelos en cera de monstruosidades humanas como la mujer barbuda o el enano Bebé que perteneció a la corte de Estanislao Rey de Polonia y suegro de Luis XV.

Exhibían entre otros cabezas de decapitados como la de Jerónimo Caserio, anarquista de origen italiano, autor del atentado contra el presidente francés Sadi Carnot en Lyon y condenado a la guillotina. Las crónicas cuentan que el molde de  cabeza se hizo tan pronto como cayó a la cesta de la guillotina. Otra joya era John Chiffont, nacido conde de Lancashire y reproducido a la edad de veinte años, tenía 3 piernas dos penes, ambos aptos para la reproducción. La colección de cráneos incluía las de un europeo, un mutilado de la guerra de 1870,  un hombre encontrado en las catacumbas de Roma,  un gigante ruso,  un hombre muerto en un ataque de locura,  un negro.

Además, las autoridades municipales se mostraban cada vez más severas con  exhibición de fenómenos en los recintos feriales . Cada año las ferias conocían un nuevo monstruo vedette.

A principios del SXX triunfaba el hombre momia, de 31 años, 1’40 m, 20 Kilogramos, que se suicidó en plena Exposición internacional de Lieja después de discutir con su empresario. Competía con el príncipe bonito de 18 años y 65 centímetros de estatura o el fakir árabe Ali Ben Soliman, por no hablar del Hombre-bogavante que se hacía acompañar de un perro parlante. En la Feria de Lieja aparece un poblado negro, escenificación de la vida en áreas salvajes del Congo.

El negocio era efímero, que se lo pregunten al gigante Hugo de 2’30 destronado un año más tarde por Pisjakoff enorme mole de 2’41 metros.

Estos chiringuitos poco a poco fueron concitando la desaprobación de los periodistas y del público, y las asociaciones y organizaciones religiosas que trataban de infundir un trato más humanitario a estos portentos de la naturaleza. Todavía deambularon fenómenos como Lionel, el hombre león que sorprendía por su sistema piloso particularmente desarrollado, o un niño con cabeza de ternera, siameses deformes,  niños con tres piernas, el hombre elefante,  mujeres hipergordas… toda una galería que hizo a la administración reaccionar.

 Es en este contexto pseudo científico y antropológico donde se puede explicar el secuestro del cadáver del Negro; en el supuesto caso que lo llevaran muerto a Europa; porque no hay que descartar que lo llevaran vivo. De hecho, a lo largo del siglo XIX se   los feriantes exponían al público habitantes de zonas lejanas y los modos de vida de esos especímenes « salvajes » en cuanto tuvieron disponibilidad.

El antecedente del Negro  cuya historia es más conocida es la de Sartjie Baartman, un icono cuya imagen, vida, muerte y posterior reverencia han triunfado sobre el racismo, colonialismo y sexismo. Es el antecedente más conocido del Negro de Bañolas.

Sartjie Baartman nació aproximadamente en 1789 en  la provincia oriental del Cabo. Vivió sus primeros 20 años como una muchacha sencilla khoi-san en Maitland cerca de Ciudad del Cabo. Mientras trabajaba como sirvienta, de repente fue convencida por un inglés a dejar su país natal bajo promesas de una vida mejor en Europa.

A su llegada a  Londres, su sueño se transforma rápidamente en pesadilla: fue  exhibida como una fenómeno de feria atrayendo a las masas curiosas para contemplar sus rasgos característicos sus grandes pechos, su vagina desmesurada y su culo que revelaba su esteatopigia , y luego sirvió de objeto sexual en veladas privadas, antes de caer directamente en la prostitución.  Terminó su corta existencia alcoholizada, aferrada a la botella  para enfrentarse a las humillaciones y sevicias que padecía.

Cuando Sarah murió de sífilis en 1815, el Barón Georges Cuvier, un cirujano de  Napoleón Bonaparte, hizo un molde de ella sacándole su cerebro y genitales metiéndolos en una botella, no sin pasarse una vez más comparando los rasgos de la raza negra con “los simios” y los genitales de Sarah con los del orangután.

La víctima fue  pasó a formar parte de la colección del Museo de la Humanidad de Paris, hasta 1976 en que trasladaron los restos al Laboratorio de biología antropológica en el Museo de Historia Natural desde donde fue repatriada a Sudáfrica. Francia tampoco se consideró responsable de la suerte indigna que tuvo Sartjie  Baartman.

 Saartjie Baartman se convirtió así en Sudáfrica en un símbolo de la explotación y la humillación vividas por las etnias sudafricanas durante el período colonial. Su repatriación un año posterior a la del Negro fue considerada un hito en la batalla por la reparación sobre el pasado colonial.

pd: Un video breve sobre el negro de Bañolas en RTVE:

http://www.rtve.es/alacarta/videos/te-acuerdas/acuerdas-negro-banyoles/712596/

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