Los bolos

Llevo aparcando en el skyline habanero unos cuantos días:, el castillo del Morro, el Capitolio, el Riviera,,, edificios emblemáticos que corresponderían a una de las capas de las muchas Habanas que existen, el poderío español, la influencia norteamericana de la época azucarera de principios del XX, la barra libre para la mafia de los 40…hay más, uno de los edificios más inquietantes de la Habana es ese Mazinger Zeta de la arquitectura, colosal, enigmático, sovietizante: la Embajada Rusa.

 Desde esa atalaya panóptica se divisa toda la Habana y corren leyendas urbanas: que si hay pasadizos subterráneos que conducirían hasta un sumergido embarcadero de submarinos, que poseen armas extraterrestres y cosas así. Quiero ver los planos porque yo estoy convencido  que es una parada de Metro que conecta con la boca de metro de la Perspectiva Nevsky Moscovita y un día se tragó los 10.000 rusos que adornaban la isla.

Ahora Mazinger Zeta está triste y vacío; cambiaron los tiempos. Dicen que la Revolución Cubana necesitaba el apoyo exterior, ¡vamos, pasta! Y que si bien hubo sus disensiones entre un sobrevalorado  Che más prochino, y un  Castro que en su pragmatismo antológico echó el ojo a los campos de Ucrania, el Petróleo y hasta la carne rusa que les llegaba enlatada. Así que se hicieron comunistas pro soviéticos; es decir el objetivo del hombre nuevo pasaba a convertirse en unos marcianos rubios, coloradotes, maleducados, y sin cintura que desdeñaban el ron, que vestían unas camisas sudoríparas, acartonadas y pestilentes que convertían el transporte público en un paseo naseabundo por los sobacos de la estepa.

 Los cubanos, con su gracejo les llamaron los bolos, un ruso era un bolo, utilizado así entre cariñoso y despectivo, eran sus guiris; y sobre el origen de la acepción también se discute, pero se referiría a su tosquedad, a lo zafio de del diseño de sus productos; sus cuchillas de afeitar de la marca Sputnik no podían tener mejor nombre porque afirman que te hacían ver las estrellas. Dicen que viene de antiguo, que ya Ezra Pound utilizó en alguno de sus escritos el término bolo en el contexto de los agentes soviéticos en Londres durante la segunda guerra mundial y que el término sería una abreviatura despectiva de “bolchevique”. Yo me imagino a la figuritas de matriochka que parecen bolos, y los imagino así paradotes y acartonados con la cara enrojecida en su visión paradisíaca de una mulata.

Lo que les cayó a los cubanos no tiene nombre…bueno sí subsistencia confortable porque fueron buenos tiempos para Cuba en términos económicos; todavía la zafra funcionaba y los intercambios comerciales eran superventajosos; cuentan que comían carne buenísima (de lata) y otros productos nunca antes vistos o en cantidad; hasta el caviar… Se dotaron de una ·aparatología” inédita, básica, fea, pero que pitaba: coches Lada y Moskhovi que todavía ciirculan, motocicletas Ural, camiones Gaz y Kamaz, radios Selena, relojes Poljot y Raketa, despertadores Slava.

Pero digo que les cayó un mundo ajeno al que en el caribe no se estaba preparado…la construcción del socialismo tenía mucho de construcción y es de la épocas soviética los peores vestigios de la arquitectura habanera; bloques de cemento preparados para habitantes de Minsk o Sebastopol pero no de la solanera caribeña de Alamar que cae a plomo y convierte en un hervidero los cubículos profuncionalistas donde querían meter decenas de miles de personas, en un igualitarismo conejil, de un feísmo lacerante.

Llegaría la crisis de los misiles del 62, y el convencimiento de Castro que estaban jugando los soviéticos con ellos, el huertecito exótico, laboratorio de pruebas de la ortodoxia…Kruchev los dejó un poco tirados en la ocasión, pero no quiero entrar en los detalles menos folklóricos; hoy toca folklore y los soviéticos dieron muchas tardes de pesadilla a los cubanos; ya desde niños.

El chiste es que en esa época los padres decían a los niños…si os portáis mal os pondré los muñequitos rusos, que es como llaman en  Cuba a los dibujos animados; la calidad no era de Hannah Barbera o Disney, sin embargo los cubanos niños en los 60 todavía guardan con nostalgia en su corazoncito alguno de esos muqueñitos que presidió algunas tardes en blanco y negro, en televisiones soviéticas, cajas de zapatos con antenas. Os presento a mi favorito Cheburaska, icono bolo por excelencia.

De esa época viene también la disciplina en el deporte, técnicos soviéticos que construyeron deportistas importando métodos que engalanarían el medallero olímpico cubano en las próximas décadas. Además se popularizaron los nombres rusos Natachas, Dimitris, sincréticos como un Lenin de Jesús o Gorkis como el líder del grupo beligerante Porno para Ricardo, Gorki Águila.

Y en el furor cosmonáutico, ¡oye chico y si mandamos un cubanito al cosmos, eso es grande ¡mira, vamos a mandar un mulatico! Que contrastará con estos bolos hervidicos!. Pues dale, dijo Fidel, y le dieron…tuvieron héroe cosmonauta dando vueltecitas por encima de los Estados Unidos chico. Algo grande.

Testigos presenciales me cuentan de la viva impresión que les produjo el paseo triunfal habanero  en vehículo descubierto desde donde saludaban Fidel Castro y el cosmonauta Arnaldo Tamayo Méndez descendido a la tierra. Momento glorioso de la Revolución. El 18 de septiembre de 1980 a las 15:11 despegó desde el cosmódromo de Baikonur (en Kazajistán) el cohete portador Soyuz que colocaría en órbita la nave Soyuz 38 en la que la tripulación conjunta soviético-cubana integrada por Yuri V. Romanenko y Arnaldo Tamayo realizó su vuelo hacia y desde el complejo orbital Saliut-6.Allí se reunieron con la tripulación residente, conformada por los cosmonautas Leónid Popov y Valeri Riumin y realizaron una serie de experimentos durante una semana, luego de la cual regresaron a Tierra el 26 de septiembre de 1980. Tachan, tachannnnn!

Con la perestroika, la caída del muro y pronto del llamado campo socialista, el grifo soviético se cerró y cuba se vio abocada a una catástrofe sin precedentes que sufrió el pueblo con resignación entre patriótica y masoquista; fue el llamado período especial, período de desesperación que inauguró en literatura un realismo sucio que todavía circula como flujo anti sistémico chapoteando en las miserias del régimen. En ese período es cuando cuentan que no quedaron gatos en la Habana, que se comía lo que fuera, que se comieron hasta los  animales del zoo, y elaboraban croquetas con filamentos de trapos.

¡Ay! Los bolos…los bolos se fueron y no dejaron demasiado buen recuerdo, si una vez alcanzada la perfección socialista se iban a convertir en esos grises técnicos de camisa intranspirable, mejor no alcanzar el perfeccionamiento…y así llevan en Cuba 50 años.

Y ahora los bolos vuelven, de Chanel, repeinadicos, hablando inglés, con los dólares por delante, el hombre nuevo ruso apesta a petróleo y colonia parisien, y se sorprenden de oir a un mulato recitar una canción en ruso o al mismo Raul Castro. A los bolos les han salido asas Dior e Iphones. No es lo mismo. ¡Es la Reboloción!

Finalizaremos la fiesta con una escena de la película “12” de Nikita Mikhailov, dancemos georgiano, niño! Que se enfría el Zeppelin.

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