ZGZ, besos de cierzo como un kalashnikov

La diáspora zaragozana, los que se van, llevan dentro la ciudad. Mientras estuvieron dijeron probablemente ” Zaragoza es una puta de mierda” y luego siempre vuelven con cariño y son más zgzfilos que cualquiera. Y los que se quedan al irse piensan tú también “eras” Zaragoza y ahora nos dejas, menuda puta mierda. Esto viene a colación de los comentarios leídos a raíz del fallecimiento del escritor e intelectual zaragozano Félix Romeo (con 43 años, que triste). Se desesperaba seguramente por los que se fueron maldiciendo su ciudad quizás por falta de oportunidades, pero también sabiendo del enorme potencial de todo tipo de sus gentes. Se necesitan más agitadores de la Cultura, para que Zaragoza no sea contemplado a veces como un frasco de melocotones hérmetico azuzado por el viento. Si abres la tapa de Zaragoza verás que no tiene que envidiar nada otros lugares más publicitados.

Si sabes de Zaragoza podrás elaborar tu propio Mapa de Besos de Zaragoza, como Angel Petisme (“cinta Transportadora”, Ed.Hiperión)

MAPA DE BESOS

 (Ángel Petisme)

 Los besos en Zaragoza saben a quinto de Ámbar,

a coliflor de la papelera de Montañana

y al lápiz de labios de esa madame teñida

que regenta el Linares, un bar por San Vicente de Paúl.

La gramola a 50 céntimos dos canciones.

Por los labios del tiempo, besos para tocar la vida.

En el Puente de Piedra frente a la estatua del padre Boggiero,

con vistas al Club Náutico y el Pilar,

me encanta darte besos a la francesa.

A la izquierda del Club Náutico siempre imaginé

las bodegas de sangre del Ebro de Miguel Labordeta.

Besos de cierzo, como un kalashnikov

que te parte la cara, abrazando a una mujer de niebla.

Me recuerda la peli de Leo Carax Les Amants du Pont Neuf,

Juliette Binoche con un parche en el ojo.

Los besos en Zaragoza saben a plazo fijo,

a hipoteca de Ibercaja y chantaje al futuro.

A estrellas en el Parque Grande

que estiran sus brazos hacia los hombres

y se suicidan en el Canal Imperial como bonzos.

Besos de Brugal con limón, de penas que aún no tienen nombre,

de luz sin tiempo dentro y promesas vacías

en Salou, la playa de Aragón.

Cualquier banco de una plaza recoleta,

San Felipe, San Pedro Nolasco, Santa Cruz,

son estupendos para poner a prueba mis empastes,

tocarte el alma con la lengua

y tararear un tema de Paul Weller. 22 sueños, por ejemplo.

Zaragoza sabe a besos de cine en el Elíseos

y al ambientador de canela y vainilla

de los váteres de La Luna y el Bacharach.

Besos Casablanca, Lost in Translation, besos Encadenados,

Blade Runner, Cuerpos Ardientes de Lawrence Kasdan…

Besos dentro de un beso. Zaragoza metalingual.

 Lo leí en una pared de un bar de Zaragoza:

que cuando peor estemos, como ahora.

Me pedí un gin tonic, la camarera me sonrío.

Yo sonreí y desplegué las alas.

Brindamos por los regalos del presente.

Y para empezar la semana con energía, a los que nos vamos, una  pìeza asombrosa: (Valeri Gergiev dirigie la orquesta de la NHK japonesa interpretando a Mussorsgky “Cuadros para una Exhibición”

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