Correr no azul á busca da beleza

Hay días en que toca suicidarse. Lo malo es que esto no va como el carnet de puntos, suicidarse un poquito no es posible. Te suicidas solo una vez, aunque veremos que los hay persistentes. La fragilidad de los poetas o sus motivaciones… no sabemos muy bien que desencadena el  clic final pero hay notables suicidas entre los poetas y notables poetas entre los suicidas. El novelista si se estanca siempre puede matar un personaje para levantar la historia; el poeta auténtico lo reconduce todo hacia su ser.

Hoy como me toca a mí, y es más fácil a través de terceros , más aun ya muertos en el intento  válido es preciso  reconocer que el poeta suicida es poeta hasta el final.

Hoy traigo 3 poetas suicidas que dejaron un último poema, un post-it final preludio del fin, tenían diagnósticos médicos desfavorables: probables sífilis, cáncer de mama, depresión y eligieron su momento.

 Kostas Karyotakis (Tripolis, Peloponeso 1896-1928, Preveza)

Karyotakis, trató de suicidarse dos veces. La primera vez ahogándose en el mar el día 20 de julio de 1928, pero el hecho de que fuera un nadador muy hábil le hizo frustrar sus planes de ahogo después de como diez horas de agonía en el mar. No obstante, la segunda vez fue exitosa: se mató a tiro de una pistola bajo el plátano de un café la siguiente tarde del 21 de julio. Su poesía sobre el suicidio:

Suicidas ideales

En la entrada dan un giro a la llave,

reabren cada vieja carta guardada,

leen tranquilos y después arrastran grave

por última vez sus pasos de la morada.

 La vida, dicen, fue una tragedia para ellos.

Dios mío, la carcajada horripilante de los hombres,

las lágrimas, el sudor, el anhelo de los cielos,

la solitud de tan vastos parajes pobres.

 Se quedan frente a la ventana, lejos mirando

a la naturaleza, a los árboles, a algún infante,

ven como los marmolistas siguen el sol martilleando

que quiere bajar al poniente para siempre.

 Todo ha llegado al fin. Aquí está la nota,

breve, simple, como se merece profunda,

llena de indiferencia y del perdón la gota

por aquel que llorará leyéndola rotunda.

 Se miran al espejo, ven la hora,

si es una locura o acaso error se van a preguntar,

“todo ha terminado”, murmuran, “ahora”,

seguros que de veras lo van a prorrogar.

He aquí el último poema que escribió antes de suicidarse:

 

Alfonsina Storni Martignoni (Sala Capriasca, Suiza, 22 o 29 de mayo de 1892 – Mar del Plata, Argentina, 25 de octubre de 1938)

Se suicidó en Mar del Plata arrojándose de la escollera del Club Argentino de Mujeres. Hay versiones románticas que dicen que se internó lentamente en el mar. Este es el último poema escrito horas antes de morir.

    VOY A DORMIR

 Dientes lores, cofia de rocío,

manos de hierbas, tú, nodriza fina,

tenme prestas las sábanas terrosas

                                                       y el edredón de musgos escardados.

                                                    Voy a dormir, nodriza mía, acuéstame.

                                                     Ponme una lámpara a la cabecera;

                                                     una constelación; la que te guste;

                                                     todas son buenas; bájala un poquito.

                                                    Déjame sola: oyes romper los brotes…

                                                     te acuna un pie celeste desde arriba

                                                     y un pájaro te traza unos compases

                                                  para que olvides… Gracias. Ah, un encargo:

                                                    si él llama nuevamente por teléfono

                                                    le dices que no insista, que he salido…

Este es el afamado homenaje de Mercedes Sosa a la poetisa:

 

Mário de Sá-Carneiro (Lisboa, 19 de mayo de 1890 — París, 26 de abril de 1916)    

            El gran poeta modernista portugués murió en el Hôtel de Nice, en Montmartre, mediante la ingestión de cinco frascos de arseniato de estricnina en presencia de su amigo José de Araújo.Horas antes de su trágico final escribió este poema:

Partida

Ao ver escoar-se a vida humanamente

Em suas águas certas, eu hesito,

E detenho-me às vezes na torrente

Das coisas geniais em que medito.

 Afronta-me um desejo de fugir

Ao mistério que é meu e me seduz.

Mas logo me triunfo. A sua luz

Não há muitos que a saibam reflectir.

 A minh’alma nostálgica de além,

Cheia de orgulho, ensombra-se entretanto,

Aos meus olhos ungidos sobe um pranto

Que tenho a fôrça de sumir também.

 Porque eu reajo. A vida, a natureza,

Que são para o artista? Coisa alguma.

O que devemos é saltar na bruma,

Correr no azul á busca da beleza.

É subir, é subir àlem dos céus

Que as nossas almas só acumularam,

E prostrados resar, em sonho, ao Deus

Que as nossas mãos de auréola lá douraram.

 É partir sem temor contra a montanha

Cingidos de quimera e d’irreal;

Brandir a espada fulva e medieval,

A cada hora acastelando em Espanha.

 É suscitar côres endoidecidas,

Ser garra imperial enclavinhada,

E numa extrema-unção d’alma ampliada,

Viajar outros sentidos, outras vidas. 

 

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