Paradiso

La presencia de Lezama Lima era arrolladora, y quiero decir con ello que de pasarte por encima te dejaría como tabaco prensado. Al visitar su casa –hoy Museo en Trocadero 162 – lo supones sentado en su butaca, en el portal, fumando tabaco ya es más difícil imaginarlo en su cama de la que queda su esqueleto, moviéndose por las estancias o en una bañera minúscula. Se diría una ballena varada rodeada de sus juguetes; libros y bibelots que se hacía regalar, obsequios de cuadros, todo ordenado váyase a saber según que liturgia; hoy nada se puede tocar, ahí queda en el mismo lugar que lo colocó.

                                                                                        Entre ellos me llamó la atención la presencia de la Enciclopedia Británica; sus libros son las palabras de la enciclopedia británica pero barajadas desde un sentido, un plano laberíntico de su cabeza que iba vertiendo creando riachuelos nuevos, encontrando recovecos nuevos, agotadores. Leer por ejemplo “Paradiso”, es un ejercicio del que de completarlo no se sale inmune. Él mismo decía que no había porque entenderlo todo, que  leerlo era ya en su una experiencia y que al estar ahí había que verlo pasar igual que un dirigible, mira por dónde.

Es de esos libros denominados  técnicamente “Gordos” donde las palabras se suceden pero hay que masticarlas, como las de Proust, Flaubert, Joyce y otros regalitos que nos deja la literatura…hay que tener tiempo y osadía, pero cuando se entra en el juego –si no nos hemos dormido ya, en este sentido son muy útiles- nos puede deparar verdaderos momentos literarios. Una característica física de Lezama era su asma, enfermedad que aparece reflejada en Paradiso y que dicen marcaba el ritmo de sus frases y su poesía. Hay un aliento Lezama que recorre sus versos y párrafos.

En Cuba su literatura no estaba en la tradición, su utilización barroca, ¡qué digo barroca! churrigueresca del lenguaje, sus citas de tan eruditas que sólo las entiende él, su sujeción al instante en que escribe pudiéndose desviar “porque le apetecía en ese momento” del río argumental inventándose una morcilla al hilo de un juego de palabras  o llegar hasta el mínimo detalle en la descripción de una estampa tradicional china de un  plato y relacionarlo inmediatamente con otros platos de escenas de caza y de ahí derivarlo en la conquista de Constantinopla simplemente para crear espacios a la imaginación, abrir brecha. Y lo que es más increíble sin perder su mapa de adonde quiere llegar. Al fin y al cabo Paradiso cuenta la historia de su familia que su madre le incitó a escribir, ya desde que murió el padre ( que se ofreció a la entonces amiga Estados Unidos como voluntario cubano para combatir en la primera guerra mundial, murió de influenza acantonado en una base americana en Pensacola).

Tardó veintipico años en acabar el libro que publicado en 1966, es precursor del realismo mágico antes de crearse el concepto y que tanta gloria ha dado a la literatura latinoamericana bajo el estandarte de García Márquez…Lezama ya había llegado ahí.

Otra de las características de Lezama es su afición a la comida; cuanto más refinada pero abundante mejor. Sus descripciones de comidas opíparas, elefantiacas, o simplemente casi siempre invitado, su pasión pantagruélica y afrancesada se aprecia en su literatura con escenas memorables, donde el cocinero de turno se lleva una galleta por no bordar una receta. En muchas fotos aparece entorno a una mesa y mantel con amplia sonrisa, normalmente tras los postres que era otro mundo  en sí para él.

La relación con la madre parece que era especial puesto que encubría de alguna forma su homosexualidad, y tenía en paralelo convicciones religiosas católicas con lo que uniéndolo todo no era difícil que entablara una gran relación con el sacerdote y  poeta  de origen español Ángel Gaztelu y su obra está llena de referencias de bíblicas con preferencia `por los santos…Solo a la muerte de su madre (1964) se casaría con su secretaria  (1965)–en realidad parece más una sustitución de madre- y en el 1966 nace al mundo su libro Paradiso.

Sus trabajos literarios se reflejaron en la Revista Orígenes, de la que otro día me ocuparé, pero siempre escaseaba el dinero, trabajo como funcionario en el penal del castillo del morro, donde su padre ya había servido como militar de grado (llegó a coronel de artillería). El dinero se lo gastaba sobretodo en libros; por su casa pasaban jóvenes escritores en busca del último libro; Lezama ya lo tenía de ediciones extranjeras;  era generoso pero a la vez estricto; no devolverle un libro prestado era un crimen escandaloso que podría dar ya por finalizada la amistad. Entre sus amistades españolas que visitaban Cuba,  María Zambrano, Ángel Valente y de jovencísimo, Juan Ramón Jiménez…

Como le pedían consejo de que leer para tener una base indispensable, un canon para convertirse en ilustrado, él mismo creó lo que llamaba el curso délfico dividiendo los libros en tres categorías: (La obertura palatal, el horno transmutativo y la galería aporética  que se caracterizan por no ser fases sucesivas, salvo en el inicio, sino formar un espiral, ser una línea curva semejante al movimiento de rotación de los huracanes), váyase a saber que quería decir….

Cuando le preguntaban sobre la lista de libros a incluir en el curso decía  que la lista resultaría demasiado larga, y aunque su memoria era prodigiosa  no podía recordarlos todos.

A modo de ejemplo decía que incluiría  textos como El gran Meaulnes, de Fournier, Al revés, de Huysmans, todo Platón, Rilke y Dostoyevski. Los cantos de Maldoror, de Lautréamont, Conversaciones con Goethe, de Eckerman, Doktor Faustus, de Mann, Mario el epicúreo, de Pater, Gaspar de la noche, de Bertrand….Y en otra dimensión, Psiqué, de Erwin Rohde, El otoño de la Edad Media, de Huizinga, El amor y Occidente, de Rougemont, el Tao Te King, de Lao Tsé, El libro de los muertos y muchos, muchos más.

Su curso délfico se basa en una sentencia del Oráculo de Delfos. Aquélla que dice: Lo bello es lo más justo, la salud, lo mejor; obtener lo que se ama es la dulce prenda para el corazón. Y esto preside este blog como ideal.

Así que deglutía literatura, y su vida real se circunscribía a un escenario muy reducido; solamente dos veces salió de Cuba y brevemente (a México y a Jamaica), y su radio de acción era muy limitado; era muy de su barrio, cuyos límites se extenderían a la Habana Vieja.  Tenía miedo a viajar , y tenía esa obsesión fruto de la tragedia de la pérdida del padre en el extranjero cuando era niño. Decía que no necesitaba viajar, que su imaginación le permitía a su gusto estar en ese momento por ejemplo en la Rendición de Breda, o paseándose por Montmartre o en San Petersburgo con los zares. Se llamaba a sí mismo el “peregrino inmóvil” , y tenía miedo a volar:  “Me aterroriza pensar que estando en un avión sólo una delgada lámina de aluminio me separará de la eternidad. ¿Viajar en avión?, eso no es viajar, porque uno sólo puede desplazarse desde la nariz hasta la cola del avión.”. Entonces evocaba a Descartes en barco con una pata de conejo en el bolsillo por temor a los naufragios”.

El Capítulo VII de Paradiso , de Lezama Lima fue en su tiempo piedra de escándalo en Cuba. Estuvo a punto de costarle la cárcel, probablemente no fue porque los censores no podían comprender el sentido de lo anterior y ver tal desparrame  (en una singular salida priápica el simpar Farraluque atraviesa sucesivamente con su megafalo 3 hembras y 2 machos de variada condición) con todo lujo de detalles. En una de estas acometidas se considera que está el mejor párrafo erótico de la literatura latinoamericana.  Todo esto debió llegar al propio Fidel, no hay que olvidar que la homosexualidad en los intelectuales salvo excepciones como el  cantante Bola de Nieve  que era ha estado muy perseguida) .

Las críticas internacionales al libro eran extraordinarias; el propio Lezama íntimamente tenía su plan de aspirar al Nobel. Debió sufrir mucho, no por ver el escándalo que le haría gracia, sino porque creía que el régimen le iba a elevar a la cúspide del Olimpo intelectual revolucionario, sin sentirse el mismo así. El era un ser sociable pero su principal obsesión literaria: lograr “su” sistema poético, individualizar la “voz” hasta hacerla inconfundible. El régimen miró para otro lado, Fidel sabía del pasado militar revolucionario de su padre, le tenían ganas pero no Fidel al que le bastaba tenerlo domesticado, y Lezama vivió sus últimos años con incomodidad el régimen prácticamente atrincherado en su domicilio de Trocadero 162…no le llegaría el Nobel.

Hasta el régimen ha acabado rindiéndole homenaje:

Podría poneos el capítulo VII, pero antes…faltan VI capítulos…bandid@s.

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