ATRAVESAR EL KALAHARI SIN SANDIAS


    Se cumplen diez años de una travesía que realicé en el Kalahari Central; aparece en el capítulo 18 de un libro inédito sobre la experiencia africana “Dumela Botswana, África para principiantes”. No fue la etapa más peligrosa en Botswana, más al norte sufrimos una noche una comparecencia de toda la fauna posible y yo creía que no íbamos a salir vivos de allí, pero está historia hoy no toca, así que si tenéis oportunidad id a lo poco que queda de África explorada a tu propio riesgo.

Sechele jefe de los Bakwena dijo a Livingstone respecto al Kalahari Central:

“Nunca podrás cruzar estas tierras hasta las tribus del otro lado; es imposible incluso para nosotros, hombres negros, excepto en ciertas estaciones en que llueve más de lo usual, y se producen sandías de manera excepcional. Incluso aquellos que conocen el país perecerán con certeza sin ellas”

Esta vez nos planteamos un pequeño reto atravesar el Kalahari Central de sur a norte sin sandías. La mayoría de los viajeros entran por el norte a la Reserva de Fauna del Kalahari Central (CKGR) hasta Decepción Valley, pero luego no se atreven a seguir hacia el sur; prefieren ir hacia el Okavango vía Maun por una cómoda carretera. Nuestro objetivo es hacer viajes sin grandes exhibiciones de ningún tipo, simplemente intentar disfrutar de los momentos y en buena compañía.

Cruzaremos el Kalahari central en francés acompañados por dos familias de Lyon y  Montreal con sus hijas pequeñas.

Hemos pensado comenzar el periplo visitando Molepolole y los escenarios originales donde Sechele y Livingstone fraguaron su amistad.

Desde Gaborone seguimos la ruta por Gabane un pueblecito donde nos dicen que viven dos extremeños desde hace más de veinte años, aunque nunca los conocimos. Es una  visita obligada para los turistas ya que junto a la cercana Thamaga, es donde se compra una típica cerámica de buena factura y calidad. Además se están asentando en las lomas  que bordean la carretera expatriados, que huyendo del ajetreo diario de la capital, prefieren vivir en este ambiente rural, en unas casas de estilo tradicional que dominan desde lo alto el llano disfrutando en  la noche sin contaminación lumínica de un cielo tachonado de estrellas.

Tras pasar el pueblecito de Kumakwane llegamos a un panel que anuncia el lugar donde Livingstone su mujer Mary Moffat se instalaron en 1847 con dos hijos; Kolobeng.

Mary Moffat era hija de Robert Moffat que estaba al cargo de la Misión de Kuruman, en la actual Sudáfrica. Sin ella, el Mr.Livingstone; es decir el Sr.Piedraviviente, hubiera sido Mr. Deadlittlefly, Sr Mosquitamuerta.

 Tomamos el desvío y un niño en la pura nada te abre una verja para que pasen los vehículos al otro lado de la nada;  le das dos pulas de propina por el servicio y por su mirada. Llegas por un camino de cabras hasta un punto donde un señor con pinta de nada, empieza a hablar un inglés que no se le entiende nada, debe ser el guía dentro de la nada hacia la nada. Pillamos que nos va a enseñar donde está Livingstone y un par de edificios ¿edificios?. Ahí no se veía construcción humana en kilómetros a la redonda.

 Entre la maleza, un camino y al final, un claro y en el claro unas piedras lisas ¿un Livingstone, supongo?-me pregunté.

Allí estaba enterrado el hijo de Livingstone aunque aparentemente no había nada, ni lápida, ni signo alguno.

¡Bueno, pues vale, OK!.

A continuación  el guía nos indica que nos dirigimos “a los edificios”.

¡Vamos a por los edificios.!¡Venga!. El hombre nos guía por la nada y en un claro aparecen en la nada, quince piedras dispuestas en el suelo como la planta de una casa; y el tipo empieza: ahí el dormitorio, ahí el salón, ahí la cocina, ahí el baño , ¡joer! Pero si no había nada-de-nada-nada. Quince 15 piedras mondas y lirondas. Sólo le faltó decir “si queréis os podéis bañar en el jacuzzi”. Luego vino el otro “edificio” anunciado solemnemente: la primera iglesia construida en suelo botsuano; otras 15 oblongas piedras en el suelo. Debió ser la primera construida y la primera derruida porque hay no quedaba santo alguno, vamos nada. Fue una visita virtual pero presencial.

El caso es que este lugar lo venden como museo reconstruyendo el lugar donde Livingstone vivió momentos difíciles con su familia; no hay que olvidar que tras esta experiencia envío a su mujer e hijos a la Gran Bretaña, de regreso  antes de continuar su epopeya africana más hacia el norte.

Quieren construir un museo en condiciones pero dada la velocidad de ciertas construcciones en Botswana nos colocamos en una época donde la humanidad estará asentada en Marte, porque aquí “lento e inseguro” parece la divisa de ciertas constructoras. Cuando regresamos a la carretera el niño había desaparecido de la verja; así que la abrimos para salir de esa nada que conoció tiempos dorados. Fue allí, en Kolobeng donde Livingstone estableció su plataforma evangélica y comercial, sirviendo como intermediario entre comerciantes del Cabo que querían trocar sus armas con el marfil de los batswana. William Oswell, oficial británico que visitaba a Sechele tanto para comerciar como para practicar la caza, era otra de las rara avis del entorno de Kolobeng. Allí llegó también George Fleming, exesclavo afroamericano, que llegó a Botswana vía las Indias occidentales y El Cabo, como cocinero de Oswell. En 1849 Fleming, Oswell, Livingstone y los mercaderes Murray y Wilson organizaron su viaje para descubrir el lago Ngami.

La misión de Kolobeng  fue arrasada por los boers. Livingstone estaba de safari, pero mataron unos 60 Bakwenas y se llevaron más de 600 cabezas de ganado. Sin embargo los boers sufrieron bajas con lo cual los bakwenas vieron que no eran invencibles y prepararon una contraofensiva al año siguiente que propició una retirada de los boers de gran parte de su territorio.

 No muy lejos se encuentra Kanye y fue en esas lomas donde el misionero africano  Robert Moffat mirando la inmensidad del paisaje africano dijo “He visto miles de lares en miles de poblados africanos donde no conocen a Cristo”. Cuando  Livingstone oyó a Moffat decir esto a su regreso a Escocia, le determinó para ir a África y llevar Cristo a África. Moffat  pronto se convirtió en suegro de Livingstone

Desde luego que trabajo tenían. Y es que al doblar el SXX Kanye saltó a la actualidad por el extraño caso de la niña que vomitaba piedras.

La brujería es realidad o un filamento de la imaginación de los pobres esparcidos en la maleza.

 Enviaron hasta la casa de la niña un periodista para cubrir el fenómeno informando fehacientemente del asunto.

“Cerca de su cuerpo hay un contenedor amarillo lleno de las cosas que vomita la niña: plásticos, manojos de hierbas,

Trozos de cristal y aproximadamente 50 piedras. Hay piedras del tamaño de un teléfono móvil.

Los familiares dicen que incluso vomita hasta metales, cuchillas de afeitar, y un par de tijeras.

Escucharla hablar con su desmayada voz intermitente parece añadirle dolor cada vez que abre la boca.”

 Los familiares dicen que la niña está todo el día así y eso que hace una semana que podía hablar. El periodista con sus dotes detectivescas señala: las piedras que vomita la niña son del mismo tamaño y textura de las piedras de su patio. Los plásticos no son diferentes de los que se ven en los escombros de los alrededores.Su agudeza es genial, “miren su boca, su boca es mucho más pequeña que las piedras que afirma vomitar. Además sus labios no tienen ninguna marca”.

El periodista saca la conclusión de que es una verdadera tomadura de pelo, sin embargo su apreciación dice que no se sostiene ya que todos los familiares, amigos y vecinos reunidos en el patio con cara hosca perjuran de que han visto a la niña vomitar piedras.

Mire, mire, le enseñan la ultima piedra que ha vomitado. ¡Esta embrujada!

 La enfermedad de la niña solo se detuvo cuando se la llevaron a un hospital no para reconocerla sino más bien para que acabara de reconocer la farsa. Sin embargo cuando la niña volvía a su casa las piedras volvían a ser regurgitadas por arte de birlibirloque.

Comer piedras no es muy natural, aunque no hay descartarlo. Un poblado del interior de Botsuana, informaba el diario oficial, fue objeto de una investigación sanitaria ya que a sus habitantes les había dado por comer tierra provocándoles horrorosas dolencias en su organismo. Para resolver el problema les dijeron que comieran bien, pero claro, ese año habían perdido buena parte de las cosechas y poco tenían que comer. La alerta sanitaria estaba justificada porque en el pasado se habían conocido  casos en la localidad de nativos propensos a comer excrementos de vaca.¡Extrañas aficiones!

 En dirección a Molepolole, encontramos un  desvío hacia un pueblo llamado Manyana, con un panel que señala restos arqueológicos. Viajar hacia el Mañana para ver restos del pasado era muy poético. Convencí en parar un rato. En  Manyana hay unos murales de animales grabados en la roca de época prehistórica. El inevitable niño de turno sale al encuentro y dice que nos conduce al lugar. El acceso a la pared de roca está vallado bajo llave. Queremos ver los dibujos rupestres así que preguntamos si hay alguien que nos pueda abrir la puerta.

La llave la tiene el jefe de la tribu, el kgosi de Manyana.

El niño nos lleva hasta su casa. Dice que solo vayan con él los hombres.

En ese momento yo pensaba encontrar un hombre ataviado con sus pieles de leopardo, pero de aquella casa humilde salió un verdadero jefe de tribu de unos 60 años con vaqueros, abrigo austríaco y gorro de lana de los Bulls, que hablaba un inglés americano importado directamente de Chicago. El niño no osó en ningún momento mirarle a la cara y reclinado aguantó el chaparrón de su jefe que le decía  por qué  traía a su casa a los forasteros, que debía saber que la llave de las pinturas  la tiene fulanita y no él. El niño había perturbado el sueño del jefe y aunque pensábamos que éste pronto iba a dejar notar su enfado con nosotros, estuvo muy amable. El jefe nos contó que estaba resfriado y que debía descansar, nos deseo suerte y nos dio la bienvenida a Manyana. Las pinturas rupestres no estaban muy bien conservadas así que una mujer que apareció por allí nos guió por las rocas indicándonos  las siluetas estilizadas de unas jirafas(2) y un antílope que evidencian la presencia en la zona de asentamientos prehistóricos.

 Desde allí fuimos buscando una gruta situada en la falda de una loma a unos cuatro kilómetros al sur de Molepolole, donde se cuenta que Livingstone pasó una noche, junto al kgosi Sechele para demostrar que no tenían miedo y que la fe religiosa no sólo mueve montañas sino que permite explorarla sin miedo a seres maléficos; creencia muy arraigada en la zona. Esperaban convencer al resto e la tribu para que se convirtieran al cristianismo, empresa para la que Livingstone gastó grandes energías con pobres resultados. La leyenda cuenta que aquella noche arrojaron  una moneda de plata en lo más profundo de la gruta y que todavía permanece allí. Aunque costó encontrar el desvío por una pista llena de vacas por fin llegamos al lugar y en un farragoso ascenso accedimos a la boca de entrada de la gruta. En su interior  encontramos tan sólo botes de cerveza de algún turista accidental.

 Molepolole es el corazón de los Bakwena, y puerta del Kalahari. El centro histórico del pueblo es la colina de Ntsweng. Entre 1860 y 1880 Molepolole, bajo la jefatura de Sechele, era una encrucijada de cazadores que se dirigían al oeste y misioneros hacia el norte El poblado prosperó como un polo importante en la ruta comercial del marfil, las plumas de avestruz y pieles provenientes del Kalahari. En 1901 Sebele trasladó su kgotla fuera de la colina hacia el valle inferior conocido como Borakalalo.

La sorpresa puede rondar el camino que parece más trillado. Se celebraba aquel día el Día Mundial de los Museos evento organizado por la UNESCO. Con eso motivo los museos de Botswana celebraban un día de puertas abiertas. Al llegar, el Museo Kgosi Sechele I  estaba cerrado. ¡Lógico!: día de puertas abiertas, cerrado. Parece grotesco pero encerraba su lógica. Llegábamos un poco tarde y el personal del museo (quizás una o dos personas) había salido con otros visitantes a realizar una pequeña excursión  programada para salir de su monotonía. Bien, el Museo estaba cerrado; así que será mejor esperar a ver que sucede. Un almuerzo en África a la sombra de unas acacias en el patio del Museo. De repente surgieron hombres uniformados como para una guerra decisiva. Formaron a nuestra izquierda llevando en sus manos todo el armamento; trompetas, trombones, tambores…era la banda de las Fuerzas Armadas. A la derecha un grupo de danza tradicional empezó a bailar.Todos miraban hacia nosotros que despachábamos una tortilla de patata. ¿Cómo compartirla con todos ellos? La banda miraba cada movimiento de masticación y como ya estábamos acabando sólo podíamos ofrecer agua. Pero el agua que llevábamos era absolutamente necesaria para cruzar el Kalahari y no sabíamos si encontraríamos otra potable.

Éramos prácticamente el único público presente y encima “insolidarios”.

Alrededor del edificio del  museo hay una réplica de construcciones tradicionales de muros de piedra seca cubierta de arcilla y excrementos de vaca seca.

Finalmente la curator  del museo apareció con la llave y nos mostró el Museo cuyas paredes  fueron  anteriormente el puesto de policía del Protectorado de Bechuanalandia.

Cuando le dijimos que nos dirigíamos hacia el Kalahari nos dijo “¿con los bosquimanos? para qué; ni siquiera limpian el patio de sus casas, y además si les pides agua que ellos guardan en los huevos de avestruz, no te dan ni agua”.

¿Será una indirecta de la mujer por no darles agua?. Los bidones no están a la vista pero quizás la mujer tiene poderes de zahorí. De todas formas le alabamos lo limpio que estaba el jardín y lo bonitos que eran los limoneros y las granadas, los áloes y las jacarandas.

En el Museo hay algunos objetos de los Bakwena y una exposición de pintura de no excesiva calidad. Se muestran fotos del hospital cercano, el Scottish Livingstone Hospital  con ocasión de los estragos de  los años 1960 cuando tuvieron que enfrentarse con una epidemia importada de sífilis.

El 70% de los habitantes de la zona contrajeron la enfermedad al compartir cuencos de comida según la tradición local. Sin tratamiento, la población se abocaba a un Apocalipsis venéreo pero con la Biblia y los rezos al señor de los misioneros llegaron los antibióticos y aunque siguieron con achaques, se salvaron.

Para cruzar el Kalahari central lo más importante es la preparación del viaje ya que se necesita ser autosuficiente de agua, de gasolina, de comida, de mecánica, de orientación, de farmacia y de droguería orientación. Si viajas con niños pequeños es preciso tener en cuenta sus especiales necesidades a la hora de viajar; quien diría que un disco del jorobado de Notredame puede amansar a las fieras en una travesía larga y apaciguar los efectos secundarios del Lariam en dosis infantiles.

He comprobado que los juguetes consistente en armar cosas y desarmarlas, como rompecabezas y similares son muy valiosos, no así un balón o cualquier objeto volante; enseguida los niños arrojan esos objetos fuera del círculo de seguridad que se les traza y son capaces de ir a buscar la pelotita donde puede estar gatito lindo en la noche africana.

La previsión es fundamental,  y para la ocasión se requiere hacer una revisión a fondo de los vehículos. Y se necesita viajar al menos en dos vehículos, para que uno sirva de remolque en caso de avería. Vamos en 3 vehículos: dos Toyota y nuestro Nissan.

Con unos 53.000 kilómetros cuadrados la Reserva del Kahalari, establecida en 1961 es una de las reservas naturales más grandes del mundo.

Solamente los bosquimanos fueron capaces de vivir  en ella desde hace miles de años dedicándose a la recolección y al caza, creando una cultura única, un pueblo nómada acreedor de tanta sabiduría necesaria para sobrevivir en un entorno tan exigente.

En el Kalahari Central el mejor amigo del hombre es el vehículo; no debe dejarte tirado y eso que lo vas a maltratar bastante.

Cuando surgen las dificultades cada uno de los objetos que llevas se erigirá en su momento el instrumento más importante del mundo. Darás importancia a las cosas, a las herramientas que normalmente en la cotidianeidad desarrollan su función sin que les prestes demasiada atención. Ahora cobrará un protagonismo estelar. Sostengo que una pala es uno de los inventos más maravillosos de la humanidad y especialmente en el desierto del Kalahari. Las manos del hombre son útiles pero necesitan  verse reforzadas por adminículos  para llevar eficazmente aquellos  planes que el diabólico cerebro les ordena. Si el oso hormiguero tiene muy desarrolladas sus patas para excavar en la tierra, el hombre urbanita necesita  la pala como sustitutivo: denme una pala y moveré el mundo.

Bastará apreciar sus prestaciones a la hora de desatascar el chasis de un vehículo atrapado en la arena bajo el sol quemante del mediodía.

Sin una pala o una cuerda de arrastre sería muy difícil seguir.

Quedar atrapado en la arena es una de los inconvenientes que encontrarás en el camino. Si no te pasa al menos una vez, es como si no hubieras hecho nada, así que ten claro, te quedarás atrapado aunque no quieras, porque hay completar el capítulo de imprevistos con que relatar a todo el que te quiera oír tu aventura

Letlhakeng es el último lugar donde echar gasolina. Sigue sorprendiéndome encontrar pequeños negocios chinos e hindús en rincones polvorientos de Botsuana.

Siguiendo la pista todavía se encuentran casetillas donde lugareños venden bebidas y orientan su marketing al turista accidental. El señuelo es el nombre de su “negocio”:

Más de uno se llama “La última oportunidad”, como si un poco más allá se abriera el Kalahari mondo y lirondo, sin posibilidad de abastecerse de agua. “Penúltima oportunidad”, “La verdadera última oportunidad” y así sucesivamente eran otros de los nombres. Finalmente la amenaza de los toscos letreros se cumplía y ya no habría más venta de bebidas en cientos de kilómetros.

Desde Letlakeng la carretera desaparece dejando paso a una pista en bastante mal estado y con tramos muy arenosos. Todavía más allá de la última oportunidad pasamos por los poblados de Khudumelapye y Salajwe donde nos saludan niños pastores  y nos indican el camino a seguir.

Khutse es una pequeña reserva en el borde sur de la Reserva Salvaje del  Kalahari Central, que ofrece algunas de las experiencias que puedes obtener en el norte de la reserva pero sin todas las pesadillas logísticas. Muchos expatriados vienen aquí para sentir el alma del Kalahari central: la vastedad de la planicie a la vista, millones de estrellas en la noche sin luna, y el famosos silencio del Kalahari. Si hay viento se le oirá llegar y alejarse; si hay rugidos, éstos inundarán la noche. Los panes son bonitos en cualquier estación y el ecosistema acoge cientos de especies de plantas y una rica fauna, aunque en menos cantidad y más elusiva que en el norte.

Uno de los lugares de acampada lo han tenido que cerrar a causa de los leones. Un grupo de campistas con experiencia pasaban allí la noche cuando un grupo de leones jóvenes comenzó a jugar con una tienda. El matrimonio que estaba dentro mantuvo al principio la calma, pero las horas pasaban y a uno de los leones le dio por abrir a toda costa la tienda. En ese momento, con la tienda ya rasgada, el marido empuño una linterna y comenzó a gritar desesperadamente, suprahumanamente. El león huyó despavorido. Todavía merodearon hasta el alba. De regreso escribieron una carta al Departamento de Vida Salvaje relatando lo sucedido y pidiendo el cierre de esa zona por leones. De hecho en la entrada al sitio de acampada se lee esta graciosa advertencia, especialmente el subrayado:

AVISO-LEONES

Se avisa a los visitantes que los leones frecuentemente visitan este lugar de acampada.

Si los leones vienen mientras  estás durmiendo Vd. debe  permanecer en su tienda cerrada.

Si ellos vienen mientras no está Vd. en su tienda diríjase a su vehículo.

De noche, guarde toda la comida y sus posesiones en su vehículo. Se aconseja a los visitantes con niños pequeños que tengan especialmente cuidado.

Recuerde que entra en el parque a su propio riesgo. 

Después de un refrigerio salimos a completar la etapa del día. Pronto percibimos que el sol había derretido las gomas de protección entre la parrilla de soporte de la tienda del techo y el canalillo del techo donde se sujeta dicha parrilla, con lo cual la tienda comenzaba a deslizarse peligrosamente. Ello supone un retraso ya que hay que ingeniárselas para sujetar la parrilla al coche.

Cuando ya está arreglado se prosigue camino pero para entonces el sol está en lo alto y la arena se va soltando en los caminos con lo que la conducción se hace más difícil. Conducir por caminos inexistentes nos llevó a realizar una jornada infernal pasando por encima de todas las especies arbustivas del Kalahari intentando recuperar los trozos de pista evidentes para seguir la ruta. A pesar de tener experiencia en la conducción de arena, me quedé atascado en cuanto la cosa se puso difícil. En un pasillo estrecho entre la maleza, siendo el tercero en la caravana, tienen que venir a remolcarte; el coche de cabeza se queda encallado al intentar dar la vuelta. Ya son dos los coches encallados. Llega el momento de palear a fondo. Recuperar el primer vehículo, mejorarle el paso hasta el coche de cola y sacarlo mediante una cuerda a remolque.

Todavía un pinchazo y ya era de noche.

Cambiar una rueda es más sencillo pero hay que tener en cuenta que merodean probablemente las fieras de la noche.

Con los niños dormidos, habiendo viajado más de cuatro horas de noche, con el peligro que implica, llegas a lo que en el mapa se señala con un punto e indicando la existencia de un  “camping” para pasar la noche. Era el camping más minimalista que he visto en la vida. Simplemente habían clareado un trozo de vegetación, donde montaríamos el campamento para la noche, nada más. Encender lámparas de gas, montar las tiendas y hacer un fuego son las dos primeras tareas. Un día entero conduciendo por el Kalahari central, una vasta extensión de terreno semidesértico, con una maleza que te ciega los lados y a veces el frente, en el que ahora te das cuenta en que no te has cruzado con nadie y ni siquiera has visto animal alguno. Con ese ritmo desesperante de 10 kilómetros a la hora tu único objetivo es avanzar, avanzar, avanzar.

Tras la cena, viene la actividad, denominada “recoger”; una muy buena parte de un viaje estás recogiendo; el vehículo se convierte en un armario del que vas sacando lo que necesitas en cada momento, y al final, siempre toca recoger, especialmente en las noches que merodean las fieras. El hecho de ser unos viajeros ecológicos obliga a  transportar las basuras porque el camión de la basura no pasa por aquí.

La segunda etapa del viaje nos debe conducir a  Xaka, que es como sentirse un poco en el Pirineo. La pista de arena siguió cobrándose sus tributos; uno de los vehículos tiene estropeado el cambio y en otro, los bajos han sufrido lo suyo; el tubo de escape se ha reventado literalmente. Una vez desmontado el tubo de escape lo colocamos en el techo donde no molestará y da un aspecto de barco pirata.

 La vegetación de matorral y acacias bajas era incapaz bajo el sol cenital en dar una sombra en kilómetros a la redonda. El único animal que habíamos visto era prácticamente el gato para cambiar los neumáticos en caso de pinchazos. Llevábamos cada vehículo dos ruedas de recambio, porque son tan imprescindibles como la pala. En Botsuana aprenderás a reconocer las ruedas y sabrás prácticamente de donde vienen, porque entre los amigos tenemos diversas teorías sobre el negocio de los neumáticos, y estamos convenidos de que hay mucho fraude en el sector. Esta comprobado que los neumáticos fabricados en Estados Unidos duran más que los hechos en Japón, aunque sean del mismo fabricante.

Por una parte las guías indican que hay que seguir la huella que llevas delante, ajustarte a ella, y esa es la regla general pero no siempre. A veces aprovechamos el ligero reborde de la pista para evitar quedarte encallado cuando el surco es más profundo. Sin embargo, los que abusan de esta práctica pueden sufrir más pinchazos ya que de los bordes suelen asomar tojos y raíces duras que pueden incidir lateralmente sobre la llanta.

El calor hace aconsejable no demorarse en la comida e intentar hidratarse correctamente; normalmente es mejor llegar al lugar previsto antes de que anochezca y preparar en condiciones una buena cena, que se disfrutará mejor con la bajada de las temperaturas.

No habíamos contado con tanta dureza, dos días de conducción muy exigente, y aunque poco a poco mejoraba la pista, pedíamos a nuestro creador que no nos dejara tirados en ese punto ya que circulábamos por el sitio más alejado de cualquier estación de servicio posible.

 En el deseo de avanzar, ignoras ya el monótono paisaje y piensas que en una estación con lluvias quizás los Bakwena de Sechele podrían atravesar este desierto a pie o con bueyes, pero con barro este camino se antoja imposible para las cuatro ruedas.

Aquí vemos la sensación en una expedición más “moderna”:

  Y así,  sin novedad llegamos a  Xaka  donde comenzamos a ver los primeros herbívoros , impalas y algún ñu. Y el atardecer, ese sol inyectado de rojo que te come el corazón desde el horizonte, y una repentina brisa que acaricia las hierbas.

Desde Xaka llegamos en un viaje sin novedad hasta Xade, donde existe un puesto del Departamento de vida Salvaje, donde inesperadamente tienes acceso a duchas, rellenar los depósitos de agua, lavar ropa y descansar un poco.

Los funcionarios del Departamento de Vida Salvaje son rotados cada dos años, y su vida aislada en medio de la naturaleza sin demasiado contacto humano hace difícil que puedan planificar una vida convencional. Es un estilo de vida muy sacrificado, y aunque aman muchos de ellos la Vida Salvaje muchos de ellos preferirían la Vida más ajetreada de la capital.

Desde allí salimos hacia el Valle de la Decepción, el paisaje ha cambiado; los claros son más abundantes, con paisajes semidesérticos e islotes de vegetación donde podemos ver hasta palmeras. Atravesamos Pipera pan; aquí los panes de la región están formados por lechos de antiguos ríos cubiertos con hierbas, mares de hierbas bajas donde los herbívoros encuentran un paraíso. Divisamos inmensas manadas de  springbok diseminadas por todo el llano. Los ñu abundan así como los chacales. Las ardillas y los suricates aparecen y desaparecen de sus madrigueras deleitándonos con sus gestos. Es este igualmente territorio del órix que majestuoso con su cornamenta en forma de sable atraviesa de forma elegante las planicies. Llegados a este punto hay que dosificar las existencias; el gasoil y el agua principalmente; no en vano el pan se llama Valle de la Decepción; dado que en este lugar puedes mirar a lo lejos y ver extensiones que asemejan agua dependiendo de los juegos de luz del sol incidiendo sobre el llano. No te lo creas, son espejismos que decepcionarían a cualquiera.

El lugar de acampada es el escenario perfecto para un rodaje sobre la vida salvaje.

El Valle de la Decepción es de hecho uno de los lugares más filmados y estudiados Especialmente por el matrimonio Owens que dio a conocer los secretos que se encierran en este ecosistema. Efectivamente, en 1974 dos jóvenes licenciados Mark y Delia Owens decidieron que no podían esperar a obtener seguridad financiera antes de comenzar su carrera como zoólogos de campo. Vendieron todo, hicieron sus maletas y se dirigieron hacia al la Reserva Kalahari Game Reserve en Botswana para llevar a cabo un proyecto de investigación.

 Los  Owens vendieron sus cosas y se compraron un Land Rover de tercera mano, algo de equipamiento y se dirigieron hacia los 100,000 kilómetros cuadrados vacíos del mapa de Botswana. La situación en los años 70 era todavía peor en cuanto a pistas,  y sólo vivían unos pequeños grupos de bosquimanos nativos de la Reserva Central Central Kalahari. Después de un agotador reconocimiento del terreno, que se puede fácilmente imaginar después de haber atravesado uno de los más vastos y remotos desiertos del mundo se establecieron justamente en uno de estos islotes arbóreos del Valle de la Decepción.

Antiguamente, el Kalahari se definía por los ríos cuyos canales secos permanecen hoy rodeados de dunas de arena ligeramente alzadas en el terreno. El valle de la Decepción está situado en una de lechos ribereños de antiguos ríos desaparecidos.

En estos islotes durante siete años, Delia y Mark Owens vivieron en tiendas estudiando la vida salvaje. Fueron pioneros en el estudio pormenorizado del león de melena negra del Kalahari y de la hiena marrón, cuyo sistema de organización social fue puesto al descubierto con sus investigaciones. En esta zona sobrevivieron a tormentas violentas, incendios y a las altas temperaturas mientras recababan sus datos. Popularizaron sus investigaciones en el libro “Grito del Kalahari” y otras publicaciones científicas y divulgativas.

El Kalahari sufrió una gran sequía a finales de los años setenta  y principios de los ochenta secando una vasta extensión de terrenos y pozos. Mientras volaba en avioneta, Mark observó una de las más grandes migraciones de ñus registradas. Los ñus migraban hacia el norte en busca de agua. En aquel tiempo el gobierno de Botsuana había construido un cordón de vallas veterinarias para separar los ungulados salvajes del ganado doméstico. Los Oficiales creían erróneamente que los animales salvajes podían infectar al ganado con la fiebre aftosa.

Hoy se sabe que la fauna del Kalahari nunca ha estado infectada por esta enfermedad, pero unos doscientos cincuenta mil ñus murieron a lo largo de las vallas.

 Mark y  Delia alertaron a la comunidad internacional del desastre ecológico que se estaba produciendo. Al final el gobierno de Botsuana aceptó la mayoría de las recomendaciones de los Owens manteniendo el Central Kalahari como una reserva de Vida Salvaje

En 1986 volvieron al Kalahari reencontrando las hienas y leones que habían estudiado durante años, pero esta vez el Gobierno de Botswana les retiro los permisos para seguir trabajando y filmando en la zona.  Siguieron sus trabajos con un proyecto de conservación en el Parque Nacional Luangwa Norte, en Zambia.

Es tan bello el lugar que poco importa que no seas un zoólogo, ni siquiera un filósofo; es imposible no sentir nada delante de un atardecer en este corazón de Botsuana. Difícilmente a un hombre le dará por matar a alguien en este paraíso de cielo bíblico, pero el remanso de paz aparente esconde otras realidades; la de la inexorable lucha por la supervivencia de los animales, que de acuerdo a su posición en al cadena trófica, planean como obtener su siguiente presa. La extinción del modo de vida de los hombres que han ocupado este territorio esporádicamente durante milenios nos plantea cuestiones tales como:

¿Para qué sirve el progreso? ¿el progreso sigue un sentido en al flecha del tiempo?

¿qué es el progreso?. ¿El progreso es global? . ¿qué precio tiene el progreso?.

En esta  parte del Kalahari Central no quedan bosquimanos; así que tendré que hacer otro viaje para intentar descubrir la subjetividad de su progreso.

Fijado el campamento, y reorganizados los bártulos, organizamos para la noche una fiesta especial de celebración; habíamos  conseguido llegar al destino, y bajo el cielo estrellado, directamente de Francia un paté de oca y una botella de vino achampañado sudafricano que servirá para la “foto oficial”.

En el oetse del desierto es donde rodaron la película “Gods must be crazy” donde sí habitan los bosquimanos:

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