¡Jiménez, la capa!

El cuadro que está en alza en el Museo del Prado, ya hablan de “la gioconda española”, es el que representa a Amalia de Llano y Dotres (Barcelona, 29 de abril de 1822 – Madrid, 6 de julio de 1874), fue una destacada figura de la vida cultural del Madrid del Siglo XIX. Fue además, por matrimonio, condesa de Vilches y  vizcondesa de La Cervanta.

 La condesa de Vilches participó y organizó obras de teatro, así como encuentros literarios muy frecuentados por figuras intelectuales y artistas de su época. Gran aficionada a la literatura, probó suerte como escritora. Consiguió publicar dos novelas: Ledia y Berta; esta última vio la luz el año de la muerte de su autora. Su calidad parece que no es extraordinaria literariamente pero sí que refleja la realidad de su tiempo. Berta proviene de una familia aristocrática granadina y acaba contrayendo matrimonio con un alto cargo del ejercito de Fernando VII, mucho mayor  que ella. Los amores adúlteros de Berta serian una crítica  a la sociedad de su tiempo donde el matrimonio era la forma de consolidación patrimonial y de posición social. Así que además de nuestra Gioconda, es un poco nuestra Flaubert y Madame Bovary, animadora y observadora de las veladas de la reina.

De su círculo de amistades formaba parte el pintor Federico de Madrazo, quien la retrató en 1853. La condesa pagó por el cuadro 4.000 reales, la mitad de lo que el artista solía cobrar. La condesa de Vilches apoyó incondicionalmente a Isabel II y era muy favorable a la Restauración borbónica.

El cuadro fue presentado en la Exposición Universal de Paris de 1855 y  fue duramente atacado por Gustave Planche en un artículo que suscitó un pleito por difamación, cuyo fallo condenó al crítico a pagar 500 francos de multa. Respecto a este retrato juzgaba que la modelo había posado mal sentada, de modo que era imposible adivinar la forma de la rodilla derecha. Madrazo se soliviantó y denunció (se ve que no sabía de espada porque para mí era motivo de duelo…). En fin que los franceses estaban envidiosos de ver esa belleza española, si bien Thèofile Gautier (famoso poeta, dramaturgo, novelista, periodista, crítico literario y fotógrafo francés) alabó el cuadro.

Agustín Bonnat,crítico español de referencia de la época a los reparos de que era imposible adivinar la anatomía en el retrato señalaba que el pintor había pintado el vestido según era, y éste, por cuestión de moda, ocultaba las formas del cuerpo. Sin embargo reprochó a la obra «demasiada tendencia a lo bonito, y sabido es que lo bonito no es lo bello. [cómooor?…] la postura es rebuscada, el color es poco natural, demasiado yeso, y aun podía indicarse lo incorrecto del dibujo en las manos y brazos».

 Sea como fuere, el cuadro es de los más vendidos en el merchandising del museo….

Hay una anécdota suya que es deliciosa en su grosería típica del noble español de caverna que aparece.

“La Condesa… donde más se distinguía ella era en las tertulias, donde solía improvisar ingeniosas adivinanzas y recitar bellas poesías. Reinaba a la sazón la infortunada Isabel II, cuyo gobierno siempre fue débil y errático. La corte estaba llena de personajes intrascendentes y estúpidos. Bien reflejaba Isabel y quienes la rodeaban la aguda decadencia de la España decimonónica. Un día la Su Majestad, de quien la Condesa de Vilches era muy amiga, invitó a toda la realeza a tomar el té a palacio. En plena tertulia, y sabedora del talento de la condesa para las adivinanzas, Su Majestad la invitó a improvisar algunas para entretener un poco a los aburridos invitados. ¡¡Venga Amalia, lúcete un poco!!!

Ella aceptó de buena gana. Comienza entonces la condesa a echar un vistazo alrededor de la espléndida sala donde estaban reunidos, llena de hermosas pinturas y lujosos adornos de toda índole. De repente, se fija en un cuadro de la Reina montando a caballo y dice: “Ya está. Ahí va la primera: “Es GRANDE, ENHIESTO, BRIOSO, Y ENTRE LAS PIERNAS DE LA MUJER SE PONE NERVIOSO”.

“¡La Verga!” Se oyó exclamar en el salón a una voz estentórea y aguardientosa.

Se trataba del Marqués de Villafuerte… destacado representante de la nobleza canaria (ignoraba su existencia)  hombre obeso y tosco conocido por soez y prepotente, pero que era muy respetado por el gobierno de Su Majestad a causa de ser un excesivamente rico y poderoso.

“¡Oh, Dios mío! Es usted un mal educado y un vulgar. ¿Cómo se le ocurre? ¿Cómo se atreve?”  Expresó de inmediato, con gran indignación la Condesa, “Jiménez, por favor tráigame mi capa y mi sombrero que me retiro”, pidió dirigiéndose al mayordomo de Palacio.

 “Oh no, discúlpenlo por favor damas, condesa. Denle otra oportunidad al marqués”, se apuraron a suplicar varios invitados (los cuales eran deudores del Villafuerte, dicho sea de paso)”.

“Sí amiga, perdona esta pequeña insolencia del nuestro amigo el marqués”, solicitó en voz alta la reina, y le susurró al oído “Recuerda que necesito de su apoyo”  “Bueno, por esta vez lo disculpo, pero que no se repita”, cedió la condesa.

Siguió entonces el juego…..  La duquesa nota una bella sortija de matrimonio en la mano de una de las invitadas y se inspira para decir : “ES REDONDA, SOBERBIA, BRILLANTE, Y NO HAY MUJER A LA QUE NO LE ENTRE COMO UN GUANTE”.

“¡LA VERGA!”  Vuelve a exclamar el protervo marqués sin dudar ni un segundo.

“Oh, ¡esto… esto es espantoso, es inadmisible e imperdonable! Jiménez, tráigame ahora sí mi capa y sombrero que me voy”. La condesa ya gritaba de enojo. “No, hombre, no se enoje condesa, le recuerdo que soy gente de campo”, comentó Villafuerte a manera de disculpa con esa desagradable voz y su actitud siempre desafiante.

 Todos los invitados ruegan para el marqués una última oportunidad. “Amalia, por favor……”, suplica la reina mientras retenía con delicadeza el brazo de la condesa. “Bueno, pero será la ÚLTIMA VEZ que soporto una impertinencia de esta laya”. La Duquesa cedía ahora con un severo rictus facial.

Va otra adivinanza : La Duquesa observa entonces a un invitado metiendo una galleta dentro de la taza de su té y pregunta a su auditorio: “ENTRA SECA Y ESPONJOSA Y SALE MOJADA Y BABOSA”.

“Jiménez, mi capa y mi sombrero, qué me largo” Vociferó de súbito Villafuerte ¡¡¡PORQUE CHINGO A MI MADRE SI NO ES LA VERGA!!!-

De este Villafuerte, hay descendientes que entroncan curiosamente con otras entradas de este blog; una hija suya casó creo (si hay alguien de la family que me lo aclare se lo agradeceria) con un pimpollo que llevaba este sencillo nombre, apellidos y títulos:

don Mauricio Álvarez de las Asturias Bohorques y Ponce de León, 4º duque de Gor, marqués de los Trujillos, conde de Canillas de los Torneros de Enríquez, Grande de España, Gran Cruz de Carlos III y gentilhombre de cámara con ejercicio y servidumbre. De negro en la foto.

Pues bien, este señor casado con una Villafuerte, fue nada menos que el primer español en participar en unos Juegos Olímpicos, en paris 1900. Lo hizo en la especialidad de la esgrima, en las 3 armas, allí donde vencería mi idolo cubano Ramon Fonst.

Y esto de la nobleza sigue dando juego, me hago eco de esta noticia del mes de marzo de este año que no quiero investigar pero ahí quedan los retoños del Villafuerte en Canarias.

“El PSOE de Garachico reveló ayer al periódico El Día que José Luis López de Ayala y Aznar, marqués de Villafuerte y marido de la candidata del PP a la Alcaldía de Garachico, Pilar Merino, ha denunciado al alcalde Ramón Miranda (CC), por supuesta malversación de fondos públicos”

¡¡Jimenez, la capa, que esto es la verga!!! ;))))

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