Hombrecillos

Queda poco para cerrar el año, y hoy veo hombrecillos por el dolor de un codo, medicarse es malísimo a la vista de los efectos secundarios de los medicamentos. Y el tiempo pasa así que disfrutar del tiempo y de los hombrecillos:

John Franklin Bardin, cuya madre sufría una grave dolencia mental, estuvo obsesionado con la locura toda su vida, y reflejó ese mórbido interés en una serie de novelas de misterio de entre las cuales El percherón mortal ha sido considerada su obra maestra.


John Franklin Bardin nació en Cincinnati, Ohio, el 30 de noviembre de 1916. Durante su adolescencia, que perdió casi toda su familia cercana debido a varias dolencias. Cuando se acercaba a los treinta, se trasladó a Nueva York, donde durante su vida adulta fue un ejecutivo de una agencia de publicidad, publicó diez novelas y enseñaba escritura creativa, y publicidad  en la New School for Social Research.

Su libro “The deadly Percheron” “El Percheron Mortal” es un libro muy recomendable que no puede resumirse al menos extensamente, sería un spolier clarísimo.. Bardin juega con el lector al mismo tiempo que con el doctor Matthews, quien protagoniza los hechos. La acción comienza cuando entra a la consulta de este psiquiatra un hombre que cree estar volviéndose loco. Jacob Blunt le dice que unos hombrecillos le hacen extraños encargos.

Doctor, creo que estoy volviéndome loco”, declara angustiado Jacob Blunt nada más entrar en la consulta del psiquiatra. Jacob hace meses que ve “hombrecillos” y que recibe de ellos extrañas instrucciones. “Joe, por ejemplo, me da diez dólares diarios por llevar una flor en el pelo”, explica. ¿Y los otros? “Bueno, está Harry, que lleva traje verde y me paga por silbar en el Carnegie Hall, Y eustace, que me paga por repartir monedas…” Para el doctor Matthews parece un caso claro, pero Jacob insiste en la existencia de los “hombrecillos” e incluso le propone que le acompañe a la cita que tiene esa misma tarde con uno de ellos. El psiquiatra -intrigado, sin saber que está a punto de cruzar el umbral de la locura: de su propia locura- decide acompañarle.

Bardin no sólo construye una excelente trama policial, repleta de enigmas y misterio. Además, como en otras de sus obras, para dotar al argumento de un suspense original utiliza sus conocimientos psiquiátricos. Este escritor, mientras se hacía cargo de su madre, que padecía graves trastornos mentales, devoró todos los libros psicológicos que pudo. No es casual, así pues, que el doctor Matthews intercale durante su narración pensamientos como estos:

 “Solemos tener recuerdos y sabemos que los tenemos, pero nunca permitimos que se vuelvan enteramente conscientes. Esos recuerdos siempre están agazapados bajo la superficie de nuestra razón, y en momentos de crisis algunas de nuestras acciones sólo pueden explicarse en términos de estas experiencias recordadas, pero nunca se vuelven tangibles y nunca nos permitimos hablar de ellas cuando contamos nuestro pasado”.

“En último extremo, la psicología del asesino la del bromista difieren sólo en grado. Ambos son sádicos; ambos disfrutan con lo grotesco y con el placer de infligir dolor a otros. Podría considerarse el crimen como la broma definitiva y, a la inversa, a la broma como la forma social del asesinato”.

Os dejo con más enanitos en esa pelicula de Ted Browning de los años 30 que inaugura las freaky peliculas, que cosas!!! Ayyyyyyyyyyyyyyyyyyyyyyyyyyyyyyyyyyyyyyyyyyyyyyyyyy

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