Filosofando (1)

Viene de filos= amigo y sofá: m. Asiento blando para dos o más personas,que tiene respaldo y brazos.

En eso ando, así que parto de una de esas joyas que te encuentras de vez en cuando, quizás otros conozcan no yo. Del grupo ASTRUD está canción inspiradora:

En noviembre de 1971, la televisión holandesa transmitió un coloquio entre Noam Chomsky (Filadelfia, Estados Unidos, 7 de diciembre de 1928)  y Michel Foucault ((15 October 1926 Poitiers –  Paris 25 June 1984)  dentro del marco de los encuentros del International Philosophers Project dirigidos por Fons Elders, activista radical y filósofo quien, entre sus mayores logros curriculares, contará con haber moderado el encuentro en cuestión, sugerir a Foucault que vistiera una peluca pelirroja durante la charla (cosa que no sucedió) y, según la turbia leyenda, pasar a la historia por darle al filósofo francés “una importante porción de hachís” como pago por su presentación en el evento.

Chomsky

Foucault

El programa fue titulado “La naturaleza humana: justicia vs. Poder “y ofrece grandes contrastes entre la visión más tradicional de la” naturaleza humana “y lo que se convertiría en una perspectiva posmoderna … Chomsky, `siguiendo el  linaje racionalista que se remonta a Platón,  cree que hay una  “naturaleza” fundacional y que sus aspectos positivos (el amor, la creatividad, reconociendo y abrazando a la justicia) deben ser realizados, mientras que Foucault se muestra escéptico de cualquier noción semejante. .. para él, el problema no es tanto si la “justicia” o “naturaleza humana” ‘existe’,sino  … cómo  han  funcionado históricamente (y en la actualidad) en la sociedad . Respecto a la justicia  dice (esto no está incluido en los clips): “… la idea de la justicia en sí mismo es una idea que en efecto  ha sido inventada  y puesto a trabajar en diferentes tipos de sociedades como un instrumento de  cierto poder político y económico o como un arma en contra de ese poder … “El objetivo de toda lucha política, para Foucault, es la de alterar las “relaciones de poder” en el que todos nos encontramos .

Básicamente , Chomsky mantenía posiciones ilustradas razonablemente sensatas: matar y oprimir está mal, la igualdad y la libertad están bien.

Foucault se desmarcaba con ramalazos  populistas. “El proletariado no hace la guerra contra la clase dominante porque crea que esa guerra es justa sino porque, por primera vez en la historia, quiere hacerse con el poder (.). Cuando el proletariado toma el poder es perfectamente posible que ejerza sobre las clases que ha derrotado un poder violento, dictatorial e incluso sanguinario.

El debate se encuentra dividido en dos secciones. La primera, que atañe propiamente a la problemática de la naturaleza humana, se desarrolla en un tono cordial e incluso placentero: mera coquetería académica…

 La segunda, por el contrario, es un ejemplo de la seductora acidez y lucidez de Foucault y del irreprochable candor y mesura de Chomsky. En este segmento confrontan sus irreconciliables diferencias y protagonizan uno de los encuentros intelectuales más sugestivos de la segunda mitad del siglo xx respecto de una cuestión que aún ahora ha quedado irresoluble: las convulsas relaciones entre el poder y la justicia

En la segunda parte el entrevistador interroga a Foucault sobre su interés por la política y ahí va su declaración de principios::

¿Por qué no debería interesarme? Es decir, qué ceguera, qué sordera, qué densidad de ideología debería cargar para evitar el interés por lo que probablemente sea el tema más crucial de nuestra existencia, esto es, la sociedad en la que vivimos, las relaciones económicas dentro de las que funciona y el sistema de poder que define las maneras, lo permitido y lo prohibido de nuestra conducta. Después de todo, la esencia de nuestra vida consiste en el funcionamiento político de la sociedad en la que nos encontramos.

Foucault pasa después al ataque crticando  las ideas de democracia establecidas,  y contra la opción política del anarcosindicalismo y contra la izquierda obstinada y miope incapaz de darse cuenta de su autocomplacencia e ingenuidad. En suma, echará por tierra los principales pilares de Chomsky  no sin advertir que “estamos viviendo bajo un régimen de dictadura de clase, de un poder de clase que se impone a través de la violencia, incluso cuando los instrumentos de esta violencia son institucionales y constitucionales; y a ese nivel, hablar de democracia carece de sentido por completo”. Chomsky, idealista y utopista, intentará definir y articular su discurso con base en sus ideas de una naturaleza humana justa y libre, bajo fundamentos como el “humanismo”, el “amor”, la “decencia”, la “bondad” o la “compasión” que, por si fuera poco, estarían determinados, en su opinión, de manera biológica, es decir, serían parte constitutiva de la naturaleza humana . El principal desacierto para los críticos del boxeo dialéctico es que Chomsky en su argumentación  niega la contingencia y la historicidad.  Por tal razón su teoría social está condenada al fracaso, en la medida en que es imposible e impertinente deducir un ideal sociopolítico de un presumible invariante biológico. Chomsky parece olvidar que, si bien la facultad del lenguaje puede ser un innatismo, el acontecimiento de su praxis es histórico; luego, sus invariables se encuentran a merced de la contingencia

Foucault, que a estas alturas ha dejado en claro cuáles son las tareas que debe realizar la política en sociedades como las nuestras (deberá criticar el funcionamiento de las instituciones aparentemente neutrales como la universidad o la familia en aras de develar la violencia política que han ejercido de manera oculta), concibe los conceptos de justicia, bondad o naturaleza humana como dependientes de nuestra civilización, como adendas que sólo pueden surgir al interior de nuestra filosofía y sociedad. Sujetos entonces a nuestro sistema de clases, “no podemos, por lamentable que sea, servirnos de esos conceptos para describir o justificar una lucha que debería –y que por principio debe– echar abajo los fundamentos mismos de nuestra sociedad”. Chomsky, desde luego, está liquidado. Veinte años después Chomsky recordaba así  Foucault, ya fallecido: “Nunca he conocido a nadie que fuera tan completamente amoral. Generalmente cuando se habla con alguien, uno da por sentado que se comparte algún territorio moral. Con él me sentí, sin embargo, como si estuviera hablando con alguien que no habitara el mismo universo moral. Personalmente me resultó simpático. Pero no pude entenderlo, como si fuera de otra especie o algo así”.

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