El moro cubano, Fayad

 

Fayad Jamís (1930-1988). Poeta, pintor, diseñador, periodista y traductor cubano. Nació en Zacatecas, México en 1930 y murió en La Habana en 1988. Su mixtura ya de nacimiento (hijo de libanés y mexicana), su llegada ya de niño a Cuba, sus estadías en Europa, bebiendo en Paris de las fuentes del surrealismo, su entrega a la revolución, su vuelta a Mexico como Embajador cubano…su activismo cultural más amplio que el estrechamiento ideológico progresivo, le hace un personaje muy interesante como motor de la vida cultural cubana. Me gusta más su poesía que su pintura, sobretodo cuando trata temas mas universales que los exigibles al tirador comprometido desde la trinchera.

Segundo a la izquierda corporal  de Lezama Lima, con perilla y bigote, Fayad.

Es aclamado por la prensa oficialista, pero del también llamado el Moro, quedará pase lo que pase su poesía.

Hoy que vergonzosamente Rusia y China vetan una Resolución para parar la masacre en Siria, vemos otro ejemplo de su poesía, en este caso contra la intervención francesa en Argelia. Para mí el título ya, merece la pena como poema. Fayad titulaba muy bien, en este recuerda a Kavafis que es un maestro de títulos de poemas. ¿Fayad, algo tendremos que hacer con Siria no?. Están machacando al pueblo y donde están nuestros hijos o cubanos, quién defiende a los Sirios, que extraño que Cuba apoye a los dictadores árabes, no Fayad, dile al Che que ponga un poco de orden y no se yerre el tiro, las revoluciones árabes os echan de menos. Pero esto no va contigo Fayad, tu eras mejor que todo eso:

Lamento del Joven soldado Jean-Pierre Lepetit en los desiertos de Argelia

En el bolsillo izquierdo de mi camisa

llevo el retrato de mi novia y una caja de caramelos

que me regaló mi madre

Llevo un rifle terrible en el hombro

un rifle que se vuelve cada vez más pesado

pues con él no estoy defendiendo a mi patria

sino matando a los que quieren tener una patria

No sé bien si algún día

volveré a mi casa de tejas rosadas

Algunos regresan con medallas 

Otros son devueltos a sus pueblos

en el mismo refrigerador

que trae la carne y otras provisiones al frente

Tal vez yo derribe a balazos

catorce estrellas del cielo

como catorce palomas sangrantes

asesino de la ternura

asesino de los árboles

asesino asesino del cielo

No me han traído aquí para el amor

sino para gritar la palabra muerte

con la boca de mi fusil

Me han hundido la estatuilla de un general en cada oreja

para que no pueda escuchar los gritos de alegría

de los que combaten del otro lado de los árboles

y que a veces caen en la tierra como tigres.

Las lluvias borrarán las huellas de mis zapatos

pero no borrarán el sellito rojo de mi crimen

Asesinado o asesino

condecorado o refrigerado

siempre quedará un grano de arena manchado de sangre.

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