Las brujas de la noche

El 22 de junio de 1941, Hitler  invadía la Unión Soviética, y la operación Barbarossa estaba en curso.

 En  noviembre, el ejército alemán estaba a apenas 19 millas de Moscú. Leningrado estaba bajo cerco, tres millones de rusos habían sido apresados, expulsaron al ejército rojo y  la fuerza aérea fue puesta a tierra.

La situación parecía desesperada.

Bueno, parece el inicio de la Guerra de las Galaxias; un viaje en Zeppelin por Moscú en 1941 tendría sus inconvenientes; la historia está también construida de hazañas, y la de estas chicas soviéticas hay que propagarla…

 En el verano de 1941, Marina Raskova ostentaba el grado de sub capitán de la Fuerza Aérea Soviética. Logró convencer a Stalin para formar una unidad de combate femenina, entusiasta iniciativa que fue apoyada por miles de mujeres soviéticas. Cuando el ansiado permiso fue recibido, inmediatamente comenzaron a llegar voluntarias de toda la Unión. La selección de las aspirantes la hizo la propia Raskova en las aulas de la Academia de Aviación.

En octubre de 1941, la joven aviadora fue enviada con sus alumnas a la base aérea en el pueblo de Engels, a orillas del Volga, al norte de Stalingrado. La primera orden fue tomar hilo y agujas y rehacer los uniformes que por talle, evidentemente, eran para hombres. Pantalones, camisas, medias y guerreras tuvieron que ser acondicionadas a las formas femeninas. Para las botas no había otra alternativa que rellenarlas con papel de periódicos para acomodarlas a la horma femenina.

El entrenamiento en Engels fue duro. Las pilotos volaban entre 12 a 14 horas diarias con el propósito de aprender en días lo que se debía aprender en dos años en tiempo de paz, o seis meses en tiempos de guerra.

En aquel período de sangrienta guerra los pilotos alemanes dominaban en el cielo. Muchos aviones soviéticos fueron destruidos en tierra durante las primeras horas de la guerra, además, los pilotos soviéticos no estaban debidamente preparados para combates defensivos.

El entrenamiento inicial era efectuado en aviones Polikarpov PO-2, biplanos de madera y lona. Las mujeres practicaban bombardeos a diferentes alturas y vuelos nocturnos en parejas y en solitario, aprendiendo a navegar con instrumentos rudimentarios como relojes, sin comunicaciones con tierra y con mucha intuición. Cada avión contaba con un piloto y un navegante, rotándose los equipos para que Raskova los evaluara.

Después de los seis meses de entrenamiento, Marina Raskova asignó los tres primeros regimientos a las diferentes aviadoras. Todos fueron adscritos dentro de la serie 500; fueron el 586 de Caza, el 587 de Bombardeo y el 588 de bombardeo nocturno.

Una vez terminado el ciclo de prácticas, las jóvenes aviadoras recibieron su pistola reglamentaria y fueron asignadas oficialmente a sus aviones. Vistiendo la ropa de vuelo, se dirigieron a sus aparatos y esta vez, sin asistencia de los instructores, despegaron. Raskova tuvo entonces temor al no saber si lo que les había enseñado les podría salvar la vida a sus pupilas.

El regimiento № 588 de bombardeo nocturno era el más famoso de todos los organizados por Raskova. No tenía iguales en el mundo en aquel tiempo. Los ataques de las aviadoras soviéticas despachaban alemanes de tal manera que ellos apodaron a los miembros de este regimiento como las “brujas nocturnas”. Por abatir un sólo avión ganaban automaticamente La Cruz de Hierro.

Marina no sobrevivió a la guerra pues falleció en un accidente. Durante el vuelo de una unidad de PE-2 bajo su mando, el día 4 de enero de 1943, hubo una tormenta de nieve que hizo estrellar su avión contra el banco occidental del río Volga. Al ser un vuelo con una misión militar, Raskova y el resto de la tripulación fueron declaradas muertas en acción.

 Dos mujeres piloto Katya Ryabova y Nadya Popova  en una noche atacaron a los alemanes 18 veces. Las pilotos de la noche hicieron más de 24.000 salidas y lanzaron  23.000 toneladas de bombas. La mayor parte de las pilotos que sobrevivierona  la guerra en 1945 habían cumplido más de  1.000 misiones cada una.

 Natalia  Meklin ( Lubny – Ucrania–  1922 – Moscú ( Rusia ) 2005 fue  la alumna más adelantada de la clase

En sus 840 misiones, la teniente Natalia Meklin, bombardeó objetivos de gran importancia en la retaguardia del enemigo, aglomeraciones de sus fuerzas vivas y equipo bélico, causando grandes pérdidas los alemanes; era una de las Brujas de la Noche.

En 1945 fue distinguida con el título del Héroe de la Unión Soviética . También fue condecorada con dos órdenes de la Guerra Patriótica , la Orden de la Estrella Roja , la Orden de la Bandera Roja y muchas medallas.

 

 Fragmento de su libro Crónica del bombardero ligero nocturno Po-2, o 46.º Regimiento de guardia femenino:

“La misión es bombardear Baguerovo, estación ferroviaria al oeste de Kerch (link Ucrania, Crimea). Aquí llegan los convoyes alemanes llevando armas, misiles, soldados.

[…] Por un tiempo el avión voló encima de las nubes. “Es tiempo de bajar de altura”, dijo mi navegadora Nina Reutskaia. Salimos de las nubes a la altura de 500 metros. Abajo, como en la palma de la mano, se encontraba la estación y nuestro Po-2 también se podía divisar perfectamente desde la tierra. Me daba cuenta de que sería una misión “caliente”: la estación contaba con reflectores y cañones antiaéreos. Ahora están ocultos y callados, nos acechan… Esto me pone nerviosa. Ya es tiempo. Un segundo más… no, dos segundos… ¿Qué esperan?

En momentos así siento en mi estómago una sensación de frío, como si hubiese tragado una rana. La rana es el miedo. Un miedo ordinario y asqueroso que hay que vencer: de todas formas pasaré todas las pruebas.

Se encendieron cuatro reflectores. El primer cañón antiaéreo escupió un misil. Luego el segundo. Las ráfagas luminosas se acercaron al avión. Yo mantengo el rumbo, Nina está bombardeando el convoy. Los misiles estallan alrededor del avión con estrépito y chasquidos secos. Huele a pólvora y cenizas. Girando el avión ya sea hacia un lado, ya sea hacia abajo, intento adivinar dónde estallará el siguiente proyectil…

Nos retiramos al norte, hacia el mar. Los reflectores no nos dejaron hasta que no nos situamos a ras del agua. Los rayos de luz se posaron sobre la tierra y, finalmente, se apagaron. Nina dijo: “Natasha, mira las alas”. Yo vi dos agujeros grandes en el ala inferior, el superior también fue agujereado, el larguero estaba roto, los trozos de lona colgaban como una bandera. Pero el avión volaba y todos los miedos quedaron atrás. De repente mis piernas temblaron fuerte, golpeándose contra el suelo de la cabina. Con las manos las apreté con todas mis fuerzas pero fue inútil. Poco a poco pasó. Ahora estábamos volando en un cielo despejado, sin nubes. Las estrellas desprendían una luz pacífica. Delante de nosotras en la tierra ya se divisaban tres tenues lucecitas. Allí nos esperaban. Allí estaba nuestra casa”.

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