Cuídate de los Idus de Marzo

Cuídate de los Idus de Marzo! Le dijo el adivino a Julio César, pero éste se rió del oráculo. Y murió asesinado el 15 de marzo (idus de marzo para los romanos) del año 44 antes de Cristo. 

No lo sabía el Manchester United y el Athletic de Bilbao se los ha merendao, con atención arte increíble, como este Iraola en plan Bruto, una de las mejores internadas en el área de  la historia del fútbol que he visto pero que acaba mal, ¿por qué? por los Idus de Marzo, sin duda.

 Los Idus de Marzo son megatemáticos y hoy me han hecho saber unas diez noticias adversas, por fortuna no todas dirigidas hacia mí, que alguna ha habido. Momernto peligroso donde los haya, sino comprobarlo aquí pinchad aquí.

La leyenda cuenta que Calpurnia Pisonis, la mujer de César, después de haber soñado con un presagio terrible, advirtió a César de que tuviera cuidado, pero César ignoró su advertencia diciendo: «Sólo se debe temer al miedo». En otras se cuenta cómo un vidente ciego le había prevenido contra los Idus de Marzo; llegado el día, César le recordó divertido en las escaleras del Senado que aún seguía vivo, a lo que el ciego respondió que los idus no habían acabado aún.

Plutarco nos relata la muerte de César:

 “Artemidoro, natural de Cnido, maestro de lengua griega, y que por lo mismo había contraído amistad con algunos de los compañeros de Bruto, hasta estar impuesto de lo que se tenía tramado, se le presentó trayendo escrito en un memorial lo que quería descubrir; y viendo que César al recibir los memoriales los entregaba al punto a los ministros que tenía a su lado, llegándose, muy cerca le dijo a César: “Léelo tú sólo y pronto; porque en él están escritas grandes cosas que te interesan”. Tomólo, pues, César, y no le fue posible leerlo, estorbándoselo el tropel de los que continuamente llegaban, por más que lo intentó muchas veces; pero llevando y guardando siempre en la mano aquel solo memorial, entró en el Senado. Algunos dicen que fue otro el que se lo entregó, y que a Artemidoro no le fue posible acercarse, sino que por todo el tránsito fue estorbado de la muchedumbre. Todos estos incidentes pueden mirarse como naturales, sin causa extraordinaria que los produjese; pero el sitio destinado a tal muerte y a tal contienda, en que se reunió el Senado, si se observa que en él había una estatua de Pompeyo y que por éste había sido dedicado entre los ornamentos accesorios de su teatro, parece que precisamente fue obra de algún numen superior el haber traído allí para su ejecución semejante designio. Así, se dice que Casio, mirando a la estatua de Pompeyo al tiempo del acometimiento, le invocó secretamente, sin embargo de que no dejaba de estar imbuido en los dogmas de Epicuro; y es que la ocasión, según parece, del presente peligro engendró un entusiasmo y un afecto contrarios a la doctrina que había abrazado. A Antonio, amigo fiel de César y hombre de pujanza, lo entretuvo afuera Bruto Albino, moviéndole de intento una conversación que no podía menos de ser larga. Al entrar César, el Senado se levantó, haciéndole acatamiento; pero de los socios de Bruto, unos se habían colocado detrás de su silla y otros le habían salido al encuentro como para tomar parte con Tulio Cimbro en las súplicas que le hacía por un hermano que estaba desterrado, y, efectivamente, le rogaban también, acompañándole hasta la misma silla. Sentado que se hubo, se negó ya a escuchar ruegos, y como instasen con más vehemencia se les mostró indignado, y entonces Tulio, cogiéndole la toga con ambas manos, la retiró del cuello, que era la señal de acometerle. Casca fue el primero que le hirió con un puñal junto al cuello; pero la herida que le hizo no fue mortal ni profunda, turbado, como era natural, en el principio de un empeño como era aquél; de manera que, volviéndose César, le cogió y detuvo el puñal, y a un mismo tiempo exclamaron ambos: el ofendido, en latín: “Malvado Casca, ¿qué haces?” y el ofensor, en griego, a su hermano: “Hermano, auxilio”. Como éste fuese el principio, a los que ningún antecedente tenían les causó gran sorpresa y pasmo lo que estaba pasando, sin atreverse ni a huir ni a defenderlo, ni siquiera a articular palabra. Los que se hallaban aparejados para aquella muerte, todos tenían las espadas desnudas, y hallándose César rodeado de ellos, ofendido por todos y llamada su atención a todas partes, porque por todas sólo se le ofrecía hierro ante el rostro y los ojos, no sabía adónde dirigirlos, como fiera en manos de muchos cazadores, porque entraba en el convenio que todos habían de participar y como gustar de aquella muerte, por lo que Bruto le causó también una herida en la ingle. Algunos dicen que antes había luchado, agitándose acá y allá, y gritando; pero que al ver a Bruto con la espada desenvainada, se echó la ropa a la cabeza y se prestó a los golpes, viniendo a caer, fuese por casualidad o porque le impeliesen los matadores, junto a la base sobre que descansaba la estatua de Pompeyo, que toda quedó manchada de sangre; de manera que parecía haber presidido el mismo Pompeyo al suplicio de su enemigo, que, tendido, expiraba a sus pies, traspasado de heridas, pues se dice que recibió veintitrés; muchos de los autores se hirieron también unos a otros, mientras todos dirigían a un solo cuerpo tantos golpes”.

Plutarco no da última voz al Emperador ; todo hombre importante  que se preciedebe dejarnos unas palabras finales, molan mucho para su película…me extraña que los Idus de Marzo no sea fiesta en Caesar Augusta, nuestra Inmortal, pero muiy hecha polvo Ciudad de  Zaragoza, siendo nuestro fundador. Habrá que ponerse a la obra…bueno eso no..que la ciudad está llena, pero si el cincodemarzo es fiesta por echar a unos franceses (seguro que íbamos dopados) por la muerte del Jefe fundador de Zaragoza nos debiamos correr una juerga romana….

Otros autores dicen que César se dirigió a su sobrino con la famosa frase inmortalizada por Shakespeare: Tu también Bruto, hijo mío!, que es hoy la coletilla de la traición, un algo así ¿Tú también -has pillao- Urdangarín? con voz borbónico hamletiana, de algo huele a podrido en el Palma Arena.

Tu quoque, Brute, filii mei!

Hace 6 meses ya que eché a volar el zeppelin, en realidad un martes trece, y aunque hoy sería un buen día para abrir la espita del gas, esperaremos un rato más; hoy no es buen día para nada.

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