Sílfides

  El zeppelin vuela hoy junto a las sílfides, bailarinas (y también bailarines) a los que siempre se les adjetiva de ligeros, etéreos, asociados a la gracia y la espiritualidad.

La tradición del ballet en Cuba se remonta a la época colonial; la pudiente sociedad habanera se ofrecía ballets de alto nivel, cuanto más sofisticados mejor.

Los potentados de la época querían dar la nota y se traían a las rutilantes estrellas de europa continental, querían estar en la onda y mostrar el poderío de la etapa próspera de la industria azucarera, los Teatros Real (1775) ), de Tacón  (1838) en la Habana o el principal de Matanzas vivieron días de gloria gozando del repertorio de vanguardia en la época.

La sociedad de la época era más bien pacata y entorno al ballet había suspicacias respecto al pudor: el vestuario ligero y los movimientos sensuales eran vigilados escrupulosamente, aunque a veces de cara a la galería porque muchos de esos hombres de negocios buscaban precisamente eso, ver a esas criaturas maravillosas ya que ir a espectáculos más ligeritos y picantes no eran propios de su clase.

Era de buen tono  que la primera bailarina de la compañía Europea diera en mano las invitaciones –que ya habían pagado-  a la alta sociedad habanera en un evento organizado al efecto. Y había que lucirse. Y vaya que lo hacían,

Diario de la Habana  de 1842:

¡Qué viva!El azúcar podrá valer lo que quiera, o por mejor decirlo que nosotros no queramos , pero de todas partes acuden a divertirnos , a deleitarnos ,a encantarnos por nuestro dinero. La situación de la isla no es pues tan desesperada como pretenden algunos melancólicos, todo el mundo nos cree ricos, tenemos crédito, no nos encontramos sin duda alguna en ese abismo tan horroroso.

En esa época destacó Fanny Essler que fue calificada como “sublime hija del Rhin”, “la aérea”, “genio del baile”, “sílfide ideal”, “reina del baile”, “hechicera sílfide”, “gran sacerdotisa del baile”, “celestial hechicera”…

Fanny, era hija de un ayudante de Joseph Haydn –sí, el mismo al que Transtromer dedicaba el otro día su poema- y estudió ballet en el Teatro de Viena.

La impresión que produce su prodigiosa artística agilidad, es superior, es cien veces más fuerte que la idea transmitida por testigos oculares, o por relaciones verídicas de prensa…la encantadora sílfide tenía en sus pies, en su flexible talle la verdadera garantía de un éxito feliz. Escribimos estas líneas bajo la influencia de la dulce impresión que produjo en nuestra alma la Sílfide aérea y vaporosa. Es preciso ver y sentir a Fanny para comprender su mérito. Aquellas actitudes llenas de voluptuosidad y decentes al mismo tiempo, aquella suavidad de movimientos, aquel triscar fácil, aéreo, celestial, hacen de la graciosa Fanny una náyade fantástica, que se escapa a la vista, y se muere, se eleva, se diviniza.”

Pues bien, a la Esller, en uno de esos eventos habaneros, le sentaron a la puerta del teatro Tacón, en una silla, sobre una alfombra, y frente a una bandeja de plata, a los efectos de recibir las ofrendas que su inacabable público tuvo bien a prodigarle en joyas o en metálico.

La prensa lo refería diciendo que “la nobleza habanera gasta en verdad excesivo lujo”. La economía no parece en verdad virtud del país, y sobre todo cuando sus gastos deben tener publicidad, hay pocos hombres en el mundo más opulentos que aquellos habitantes”.

Con todo, se consolidó una tradición de ballet que bajo otros parámetros continuó a lo largo del SXX antes y después de la Revolución, siendo la Sílfide máxima, la ballarina assoluta Alicia Alonso el vector que explicaría la historia del actual ballet nacional de Cuba ahora de gira por España.

Alicia Alonso, 91 años,  merece capítulo aparte, es estandarte vivo de la tradición del ballet y una figura sin discusión a nivel mundial. A lo largo de su vida ha creado una escuela propia y de sus manos y de sus colaboradores han surgido figuras del ballet entre los mejores del mundo. Desde los diecinueve años, Alicia padeció de un defecto en un ojo por lo que era parcialmente ciega. Sus compañeros tenían que estar siempre en el lugar exacto donde ella esperaba que estuviesen y utilizaba luces en sitios diferentes del escenario para que la guiaran.Aquí danza el pas a deux del cisne negro con 48 años casi ciega:

Su larga biografía está plena de éxitos desde sus actuaciones en el American Ballet allá por los años 40 y una cosa sorprendente ya citada que todavía agranda más su figura: desde los diecinueve años, Alicia padece de un defecto en un ojo por lo que ya entonces era parcialmente ciega. Sus compañeros tenían que estar siempre en el lugar exacto donde ella esperaba que estuviesen y utilizaba luces en sitios diferentes del escenario para que la guiaran.

Tuve oportunidad de conocer a su chófer durante largos años, y cuenta que con la gente de su entorno cercano era cercana y amable, pero que su carácter fuerte podía ser devastador especialmente si alguien entorpecía alguno de sus objetivos para su ballet.

Hoy dejo dos ejemplos últimos de esta tradición: Viengsay Valdés, primera bailarina del ballet Nacional de Cuba y considerada una de las mejores del mundo; de ella la última crítica dice:

«los equilibrios increíblemente largos de Viengsay Valdés —interpretados para impresionar y lo logró— fue lo que emocionó. […] Es una bailarina especial, de esas que pueden imponerse sobre una audiencia de dos mil personas con un simple movimiento de pestañas […] En una serie tan resuelta de vertiginosos fouettes, vuelve todo borroso. Cuando realiza un balance, detiene el tiempo.» (Washington Post,2011).

La figura masculina del momento es Carlos Acosta nacido en la Habana, en el barrio de Los Pinos, menor de 11 hermanos y obligado a estudias ballet como castigo por actos supuestamente delictivos. Hoy es la estrella del Royal Ballet de Londres, y ha bailado para las compañías más prestigiosas,  la Ópera de París, con el (Ballet) Kirov, el Bolshoi, en Alemania, Japón y Estados Unidos.

En 1964, las gemelas cubanas Margarita y Ramona de Saá se separaron por razones políticas. Margarita y su esposo, el bailarín norteamericano John White, a quien Alicia Alonso había invitado a unirse al Ballet Nacional de Cuba en 1960, decidieron marcharse al exilio en Estados Unidos, y se radicaron en Pensilvania, donde fundaron una academia de ballet privada que todavía dirigen. Mientras Ramona, casada con el guardaespaldas de Fidel Castro, decidió quedarse en La Habana y se volcó de lleno en el proyecto de la Revolución, llegando a ser la directora de la Escuela Nacional de Ballet.

Cuarenta años después, la documentalista norteamericana Frances MacElroy, a raíz de un artículo sobre Margarita y John, publicado en un periódico de Filadelfia, se interesó por la historia e inició el proyecto del documental Mirror Dance (La danza del espejo), que compara la vida de las gemelas De Saá. Margarita aceptó viajar a la Isla junto a su esposo e hija, se reencontró con su hermana, y fue recibida además por la mítica Alicia Alonso. El documental se rodó antes de un hecho todavía más trágico:  el asesinato de la hija de Ramona,  Margarita Naranjo de Saa. Ella era profesora también de ballet en Mazatlan Mexico, donde acabó sus días en manos de su exesposo que fue detenido en Miami y extraditado a México donde cumple prisión.