Bloody crisis

Ladies and gentiles, esto es lo que hay en la España citerior, recortes en salud (copago, repago y lio medicamentoso); educación (hay que aprender el inglés en las parroquias, ya veréis, menos becas y el programa Erasmus pasará llamarse Nostradomus,  porque enviarán al extranjero de su habitación  a los estudiantes con una caja de cervezas abonable en farmacias), subida del metro de Madrid a 2 Euros-. En las calles veo gente más desesperada y además de la nacionalización del oro negro de Repsol YPF veo un movimiento de descolonización en el sector del oro, con tantos folletos que me dan de compro oro es como si toda España se estuviera fundiendo hasta las muelas. Por el centro de Madrid campea el mercado de la carne de ramera biblíca de toda etnia viva bajo el manto de uns mafias del 13. Y si no se alquilan cuerpos, se compra oro. Recuerdo esa escena de unos negros de color negro que en el fragor del 15 M a duras penas podian andar con sus aperos de hombrecartel “compro-oro” abalanzándose sobre un chiringuito improvisado en la Puerta del Sol donde daban bocatas gratis de chorizo de Pamplona a todo indignado circundante. Oro de conquistadores y chorizo chiriperroflaútico en este ambiente findesiècle , del Siglo de Oro claro, Y si nos remontamos al SXVI vemos que ni estamos muy lejos. Los episodios de la realeza senior y el infantazgo nos remontan a tiempos remotos e inquisitoriales, tipo Obispo de Alcalá que acaba de declarar que la homosexualidad se puede curar e incluso pueden ser felices entodavía. El retablo qauedaría incompleto sin un toque gore, para que nos vayamos enterando de lo que nos queda. Y es que la realidad va a supera la ficción. Veamos, lo que faltaba, la venta del oro rojo

A la isla Providencia llega Victor, un contramaestre que, tras ser asaltado, pierde el barco y se ve obligado a subsistir como el resto de los habitantes de la isla: vendiendo sangre. El lugar está gobernado por los hermanos Almeida, unos tiranos dictadores que comercian con la sangre enviándola a paises desarrollados, motivo por el que mantienen a la población en las más paupérrimas condiciones de existencia.
Esta película de 1978 que vi en saliendo de la infancia me produjo una honda impresión; basada en un libro de Vazquez Figueroa los humanos eran una especie de ganao que sobrevivian y pagaban sus deudas a través de la venta de su propia sangre, siendo explotados al máximo.

En España se han disparado las cifras de personas que se ofrecen como cobayas mediante remuneración para experimentos clínicos, por no hablar de la realeza de esos caballeros que venden su semen más o menos atropelladamente en la extracción, a cambio de unos euros

Pues bien,ciudadanos, sio quereis un extra para pagar los medicamentos, no problem, ya se esta´n acercando los vampiros para operar en España, que ya nos ven carroñeramente, en lo que vamos a quedar:

“Victor Grifols, presidente de la farmacéutica Grifols, ha pedido que se legalice la venta de sangre como complemento económico para los parados. Esta práctica es habitual en EE UU, país de origen de la filial de Grifols, Talecris. Grifols “podría pagar 60 o 70 euros por semana” a un donante”

Sin embargo como veis, la empresa matriz Talecris, es bastante odiada en Estados Unidos y esos lugares que nadie quiere porque atraen especimenes lamentables en el entorno de los centros o mismo caso que Eurovegas y esas locuras post Romaardiendo nos la intentan encajar en Europa:

Peldaños hacia la degfradación. Pues sí, la izquierda e indignados reclamaban antes de las elecciones lo de “otro mundo es posible”, y sí, me temo que la derecha está cumpliendo: otro mundo es posible. Y acabaremos en una demagogia de casquería; o será necesaria otra Revolución como la de los zombies cubanos:

Faltará poco para ver granjas de chinos, rumanos o españoles, de personas descarriadçisimas y palidísimas hacinadas y enganchadas al jeringuillazo, que les sirva para tirar adelante para benefiocio de sus ganaderos.

Vampirización inquisitorial, que nos convertirá en autómatas sanguinolentamente adormecidos, y de camisas nuevas que dios bordó en rojo antes de ayer y cara mirando el cielo de buiotres donde eran gaviotas.

Y mientas lo-siento-mucho-me-he-equivocau-no-volverá-ocurrir—mirad que crack en los dos primeros minutos en castellano (luego aprece que en valenciano):

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Bessie Head

Serowe en el norte de Botswana se puede considerar la cuna de la patria y del gran Seretse Khama, primer Presidente de la República, del que otro día daré cuenta. Además y sólo por esto merece ya una reseña, Serowe es el lugar donde está enterrada y tiene un Museo ,la escritora, Bessie Head.

Imaginaos  que con 14 años un día llega el director de la escuela y te suelta sin más:

“Tu madre estaba loca. Si no te cuidas te volverás loca como tu madre. Tu madre era una mujer blanca. La tuvieron que encerrar ya que iba a tener una hija con el chico del establo que era un nativo negro”

Bessie Head nació el 6 de Julio de 1937, en una institución mental de Pietermaritzburg, (Sudáfrica) adonde su madre había sido trasladada cuando su familia descubrió que estaba embarazada del palafrenero negro. No era la primera vez que internaban a la madre por sus problemas mentales. Murió cuando Bessie tenía 6 años.

Sola en el mundo, puesto que nunca le revelaron la identidad del padre, y fue rechazada por otras familias blancas al saber la historia, fue recogida por el orfelinato de la misión anglicana.

Allí recibió educación y fue formada como profesora de escuela primaria. Sin embargo después mostraría su amargura por el entorno represivo de la educación religiosa recibida y dijo que nunca más volvería a pisar una Iglesia.

Bessie, inquieta y temperamental, viéndose dotada para la escritura comenzó a trabajar como periodista en Ciudad del Cabo.

Con 23 años se enamoró de un colega periodista, y como siempre demostró, no se quedó quieta esperando; se desnudó ante él, en una sala del centro comunitario en que él prestaba sus servicios. Pronto se casarían pero su matrimonio, como su vida fue turbulento.

Fue madurando como escritora tocando temas inspirados en su propia autobiografía, por ejemplo el incesto.

Dado que no conocía la identidad de su padre, estaba atormentada por la idea que podría un día  encontrarlo y hacerse su amante. Cuando su propio matrimonio naufragó, y con un hijo, aceptó un trabajo en Botsuana , como profesora,  dejando Sudáfrica en Marzo de 1964 . Dado que estaba afiliada al Congreso Panafricano y mantenía  sus amistades con activistas de izquierdas, le denegaron el pasaporte sudafricano y tuvo que cruzar la frontera con un permiso de salida, que le prohibía regresar a la República.

Nunca más regresó a su país de nacimiento.

Cuando perdió su trabajo como profesora (al parecer como resultado de un acoso sexual por parte del director de la escuela), se convirtió en refugiada política y obligada a comparecer en la comisaría todos los días.

Fue en este momento crítico  cuando respondió a la invitación de un editor americano para escribir una novela sobre Botsuana y ahí nació: When Rain Clouds Gather (1968), que trata de la comunidad de refugiados en Botsuana.

Al año siguiente comenzaron sus problemas mentales, que se fueron repitiendo con intermitencia. En su novela “A Question of Power” de 1973 se describe este proceso inquietante de recaídas   mentales -Recuperó estabilidad a lo largo de los 70, y aunque su éxito literario se extendió, nunca logró superar las cotas que la crítica atribuyó a las  dos primeras novelas citadas.

Bessie era el peor enemigo de Bessie, supersensible, variable, sarcástica, imposible de establecer relaciones amistosas durante mucho tiempo.

Tras episodios repetidos de depresión comenzó a beber grandes cantidades de alcohol en los ochenta y su salud fue deteriorándose progresivamente. Murió en Serowe el 17 de Abril de 1986.

La mujer que vivió pobre y desesperada, es considerada hoy la mejor novelista de Botsuana,   y un icono de mujer resistente y aguerrida muy desconocida en España.

En su honor que suene hoy la borinkana, una de las danzas tradicionales de Botswana:

Y que mejor que acabar con un relato corto suyo:

Looking for Rain God

 It is lonely at the lands where the people go to plough. These lands are vast clearings in the bush, and the wild bush is lonely too. Nearly all the lands are within walking distance from the village. In some parts of the bush where the underground water is very near the surface, people made little rest camps for themselves and dug shallow wells to quench their thirst while on their journey to their own lands. They experienced all kinds of things once they left the village. They could rest at shady watering places full of lush tangled trees with delicate pale-gold and purple wild flowers springing up between soft green moss and the children could hunt around for wild figs and any berries that might be in season. But from 1958, a seven-year drought fell upon the land and even the watering places began to look as dismal as the dry open thorn-bush country; the leaves of the trees curled up and withered; the moss became dry and hard and, under the shade of the tangled trees, the ground turned a powdery black and white, because there was no rain. People said rather humorously that if you tried to catch the rain in a cup it would only fill a teaspoon. Towards the beginning of the seventh year of drought, the summer had become an anguish to live through. The air was so dry and moisture-free that it burned the skin. No one knew what to do to escape the heat and tragedy was in the air. At the beginning of that summer, a number of men just went out of their homes and hung themselves to death from trees. The majority of the people had lived off crops, but for two years past they had all returned from the lands with only their rolled-up skin blankets and cooking utensils. Only the charlatans, incanters, and witch-doctors made a pile of money during this time because people were always turning to them in desperation for little talismans and herbs to rub on the plough for the crops to grow and the rain to fall.

The rains were late that year. They came in early November, with a promise of good rain. It wasn’t the full, steady downpour of the years of good rain, but thin, scanty, misty rain. It softened the earth and a rich growth of green things sprang up everywhere for the animals to eat. People were called to the village kgotla to hear the proclamation of the beginning of the ploughing season; they stirred themselves and whole families began to move off to the lands to plough.

The family of the old man, Mokgobja, were among those who left early for the lands. They had a donkey cart and piled everything onto it, Mokgobja – who was over seventy years old; two little girls, Neo and Boseyong; their mother Tiro and an unmarried sister, Nesta; and the father and supporter of the family, Ramadi, who drove the donkey cart. In the rush of the first hope of rain, the man, Ramadi, and the two women cleared the land of thorn-bush and then hedged their vast ploughing area with this same thorn-bush to protect the future crop from the goats they had brought along for milk. They cleared out and deepened the old well with its pool of muddy water and still in this light, misty rain, Ramadi inspanned two oxen and turned the earth over with a hand plough.

The land was ready and ploughed, waiting for the crops. At night, the earth was alive with insects singing and rustling about in search of food. But suddenly, by mid-November, the rain fled away; the rain-clouds fled away and left the sky bare. The sun danced dizzily in the sky, with a strange cruelty. Each day the land was covered in a haze of mist as the sun sucked up the last drop of moisture out of the earth. The family sat down in despair, waiting and waiting. Their hopes had run so high; the goats had started producing milk, which they had eagerly poured on their porridge, now they ate plain porridge with no milk. It was impossible to plant the corn, maize, pumpkin and water-melon seeds in the dry earth. They sat the whole day in the shadow of the huts and even stopped thinking, for the rain had fled away. Only the children, Neo and Boseyong, were quite happy in their little girl world. They carried on with their game of making house like their mother and chattered to each other in light, soft tones. They made children from sticks around which they tied rags and scolded them severely in an exact imitation of their own mother. Their voice could he heard scolding the day long: “You stupid thing, when I send you to draw water, why do you spill half of it out of the bucket!” “You stupid thing! Can’t you mind the porridge-pot without letting the porridge burn!” And then they would beat the rag-dolls on their bottoms with severe expressions.

The adults paid no attention to this; they did not even hear the funny chatter; they sat waiting for rain; their nerves were stretched to breaking-point willing the rain to fall out of the sky. Nothing was important, beyond that. All their animals had been sold during the bad years to purchase food, and of all their herd only two goats were left. It was the women of the family who finally broke down under the strain of waiting for rain. It was really the two women who caused the death of the little girls. Each night they started a weird, high-pitched wailing that began on a low, mournful note and whipped up to a frenzy. Then they would stamp their feet and shout as though they had lost their heads. The men sat quiet and self-controlled; it was important for men to maintain their self-control at all times but their nerve was breaking too. They knew the women were haunted by the starvation of the coming year.

Finally, an ancient memory stirred in the old man, Mokgobja. When he was very young and the customs of the ancestors still ruled the land, he had been witness to a rain-making ceremony. And he came alive a little struggling to recall the details which had been buried by years and years of prayer in a Christian church. As soon as the mists cleared a little, he began consulting in whispers with his youngest son, Ramadi. There was, he said, a certain rain god who accepted only the sacrifice of the bodies of children. Then the rain would fall, then the crops would grow, he said. He explained the ritual and as lie talked, his memory became a conviction and he began to talk with unshakeable authority. Ramadi’s nerves were smashed by the wailing of the women and soon the two men began whispering with the two women. The children continued their game: “You stupid thing! How could you have lost the money on the way to the shop! You must have keen playing again!”

After it was all over and the bodies of the two little girls had been spread across the land, the rain did not fall. Instead, there was a deathly silence at night and the devouring heat of the sun by day. A terror, extreme and deep, overwhelmed the whole family. They packed, rolling up their skin blankets and pots, and fled back to the village.

People in the village soon noted the absence of the two little girls. They had died at the lands and were buried there, the family said. But people noted their ashen, terror- stricken faces and a murmur arose. What had killed the children, they wanted to know? And the family replied that they had just died. And people said amongst themselves that it was strange that the two deaths had occurred at the same time. And there was a feeling of great unease at the unnatural looks of the family. Soon the police came around. The family told them the same story of death and burial at the lands. They did not know what the children had died of. So the police asked to see the graves. At this, the mother of the children broke down and told everything.

Throughout that terrible summer, the story of the children hung like a dark cloud of sorrow over the village and the sorrow was not assuaged when the old man and Ramadi were sentenced to death for ritual murder. All they had on the statute books was that tribal murder was against the law and must be stamped out with the death penalty. The subtle story of strain and starvation and breakdown was inadmissible evidence at court; but all the people who lived off crops knew in their hearts that only a hair’s breadth had saved them from sharing a fate similar to that of the Mokgobja family. They could have killed something to make the rain fall.

Yo tenía una cola en África

Hoy nos damos una vuelta por Gaborone, capital de Botsuana, lugar donde residí y pude vivir su cotidianidad. A pesar de ser poco poblado, no llegan al millón y medio de habitantes para un país de la extensión de España, se concentran muchísimo  en hacer colas y claro, se sufren. Hábitat propicio para el conocimiento y la desesperación. Hasta los elefantes hacen cola, pasen y vean…que sucede si has de matricular un vehículo.

En Botsuana  el tiempo ni se crea ni  se destruye sólo se transforma; la cola es un ente fagocitador de paciencias que delata la flaqueza  de los espíritus débiles. Las colas son  en sí mismas todo un ecosistema que funciona al margen de la realidad circundante.

En un mundo donde la domiciliación no es la norma  las inagotables colas que acompañan invariablemente a procedimientos administrativos farragosos ponen a prueba la paciencia, sabiduría y buena estrella del participante. Son corredores de la muerte del tiempo en las que estas expuesto a las mas diversas vicisitudes, con tal de sacarte de quicio todo vale…

Y no sé os ocurra  llegar a la cola a la brava; hacer cola requiere una planificación estratégica, y solamente en casos irremediables te presentarás en ella a la ligera. Se requiere mucho tiempo para alcanzar la sabiduría en esa materia.

Cuando crees que la cola no es muy larga, es decir, embrionaria, no cantes victoria; es posible que en ese embrión se hayan incubado los huevos de una serpiente mucho más larga y peligrosa. Aprenderás que hay gente que abandona la cola porque sí, pero advirtiendo que van a volver y que su lugar sacrosanto es ese. Nadie rechista. Una cola de diez elementos puede convertirse en un caballo de Troya en el que van a desembarcar cien personas ante tus narices.

La  velocidad de la cola en  Botswana tiende de manera despiadada hacia el cero con  desparpajo. Las virtudes de un colista semiprofesional, porque también los hay profesionales son varias. Yo diría que los mejores son esos catalogados de ausente, el colista-ausente es peligrosísimo porque siempre aparece en el momento más inoportuno, cuando te habías labrado expectativas de avance real. Los colistas presentes hemos de hacer lo posible por crear un buen clima lineal, lo que llamaría el feng shui de la cola; es decir hacer la espera lo más agradable posible concitando la energía positiva que se pueda absorber en las condiciones más adversas.Hay colas manejables y hay colas que necesitan más planificación que un asalto a un ochomil  con sus campos base e intermedios para llegar a la cumbre.En fin, uno se aficiona a hacer cola y he llegado a sentir verdadera indignación cuando he llegado al banco y no había nadie en la cola, casi me esperaba a que pasara otra persona , me parecía más reconfortante, ¡no sé!. Fastidia acabar tan pronto cuando lo habías planificado tan bien; aunque no os preocupéis; en la ventanilla enseguida se encargan de motivarte para escupir fuego al instante; tras los saludos reglamentarios y prolegómenos súper educados te comunican:

-¡Vd. no se entera!, no sabe que se ha caído el sistema en todas las sucursales de Barclay’s Bank … no ve que no hay nadie en la cola. Así que, claro, si se ha caído el sistema no voy a molestarle con mi miseria cotidiana.

En fin, uno de los lugares de Gaborone que considero sede mundial del campeonato interestelar de colas es la Oficina de Asuntos de Tráfico que ocupa la segunda planta de un edificio del Botswana Building Society Mall.

Si alguna vez antes de suicidaros tenéis pensado hacer turismo, venid a este lugar. No saldréis defraudados. El  local  en sí reúne todo el calor de la ciudad concentrado en el punto en que guardas cola. La masa sudorosa se apelotona a la espera de ser atendidos en una gama de siete ventanillas diferentes en las que no se sabe muy bien a que se dedica cada una; eso sí cada una sujeta a sus propios arcanos. Preside el recinto un póster que muestra un hombre esposado bajo un rótulo que advierte que Botswana es un país de tolerancia cero. Se refiere a la corrupción, con lo que se concluye que abstracción hecha de los principios morales de cada uno, es mejor no intentar el soborno forastero.

Por favor, no seáis inocentes en caer en el error de dirigirte previamente a la ventanilla  “Información”. Jamás me dieron la “información” buena, la persona al frente es más es una célula diabólica para destruir tu sistema nervioso central y periférico. Su misión es desorientar al que no sabe.

En cuanto a los oficiales tras  la ventanilla, en realidad tras unos barrotes, son unos funcionarios del escaqueo, que cuando aparecen, ¡aleluya!, se pasan horas largas entretenidos con los papeles que tienen entre manos.

Pero lo peor en potencia son tus compañeros de viaje nadie se queja demasiado, en la sala hay una televisión a todo volumen en que invariablemente echan la misma película una extrañísima en la que salen karatekas japonesas y bosquimanos repartiendo mandobles por el Kalahari. La gente es que se troncha.

Cuál sería mi deleite cuando una noche en España emitieron la película por una cadena privada  con los diálogos originales en setswana.

Los avances por minúsculos que sean, suponen una victoria. Sin embargo comienzan a darse circunstancias más que insólitas. Llevas una hora y veintidós minutos y de repente todo el mundo desaparece, te quedas atónito y averiguas que la gente se ha ido porque es la hora de comer; es decir: todo lo jugado hasta ahora sirve de poco porque hay una hora y cuarto más hasta que se reanude el partido. Este sistema no me parece bueno pero vamos no me veo haciendo además la cola en el buzón de sugerencias.

Tras la horita y cuarto de calentamiento, viene lo bueno ya que la nueva cola constituida no tiene nada que ver con la de la mañana; se te han colado unos cuatro de refilón (es decir, otra hora de espera) y además el resto de las unidades donde predominan los conductores de combi o furgonetillas taxi, muy populares (sus accidentes)te lo hacen saber a coro, “sí, sí estos vinieron esta mañana lo que pasa es que les guardamos el turno porque tenían que trabajar entretanto. ¡Hala! Diles que no; como es la primera vez, intentas que al menos la espera no sea bronca.

En un momento dado, tarde, pero dado, llegas a la primera línea ¡ya te toca el momento ansiado!. Por supuesto que  ya ni te acuerdas del motivo de tu visita , pero ¡ánimo! que ya está hecho…Tras el preámbulo y una pausa adicional para visitar los lavabos, el funcionario me recibe tras los barrotes a portagayola…

– ¡Mire! Venía a registrar el vehículo, por favor –dije disfrutando el momento

-¿A ver, me da el formulario x33?-  inquiere el funcionario mientras se repasa las uñas

–          El formulario x33? Pues no me lo han dado.

–          Pues sin formulario no hay nada que hacer ¡el siguiente!- me suelta así, imperativamente.

–          This is one atropello, please, ¿dónde me tienen que dar el formulario x33? – levanto la voz.

–          Es el señor de la ventanilla “Información” ; allí -contestó sin levantar la cabeza, sacando el dedo entre los barrotes

Pues nada, nada, me animo, a por el formulario de marras, con voz ahogada atrapado en el laberinto  incomprensible e incorruptible de la Oficina Interestelar de Tráfico.

En ese momento cogerías por el cuello al funcionario de Información, que para entonces por arte de birlibirloque se había convertido en funcionaria con cara de saberse de memoria todos los mandobles de la película de kárate.

Sacando fuerzas de flaqueza, enarbolando el formulario completo hasta la bola, te dices, “ahora sí, ahora me impongo” y desafiando todas las miradas torvas te diriges directamente a  la ventanilla sin esperar el turno de la cola que te venías chupando desde la mañana. Levito,

¡nadie me dice nada!. Es más, el oficial te arranca el documento para examinarlo y murmulla: brrrrrbbrbrbrbrbbrbrbr OK. Y te pone un sello rosa de nada. El OK te suena a canción celestial . Pero añade: OK OK te pongo el sello pero que sepas que este trámite no  hacía falta, como es un coche para placa diplomática…

¡Qué me parto de risa floja! Poco se nota, todo el mundo está tirado por los suelos tronchándose con la decimoctava reposición de la película de samuráis en taparrabos.

Pero el tipo no acaba ahí ¡no!, sino que compone la mejor voz de su vida para decirte: “ OK, OK, pero ahora no olvides  pasar por la ventanilla de tributos, la número 4”.

Y ahí es donde no te impones, donde una larga cola compuesta por personas como yo, detritus administrativos deambulantes te miran fieramente y al menor amago de intentar hacer ademán de seguir adelante señalan con dedo marcial el último puesto de la cola constituida.

En fin, tienes tanta ilusión de tener legalizado el coche que ya por una cola más, que le vamos a hacer, soy novato, mírenme , soy EL novato.

Y ya, camino del calvario llegas derrotado a falta de cinco minutos del cierre a la ventanilla número 4, “Tributos”.

–          Por ese extraño juego de trileros mutantes que se llevan en este establecimiento, me recibe la misma mujer que hace dos horas estaba en información; se le ven unas prisas de cerrar el garito, como si hubiera un aviso de bomba en el local.

–          Dumêla , y tal y tal ¿papeles?.

Los doy.

–          ¡Veo que tiene el sello rosa, pero para vehículo con placa adjunta a la diplomática (CDA) no lo necesita voy a preguntar si tiene que renovar el X33, a ver si me lo pasan con el sello…

A esas alturas, te relajas y disfrutas, te ríes pero solo, porque el casete del video ya lo sacaron de la tele. La señora funcionaria regresa y dice  literalmente:

– ¡Pues ha habido suerte!, se lo pasan. Ahora tendría que pagarme.

 Pagar , ahora pagar, claro, voy haciendo perder el tiempo a la gente y encima me ponen 10 veces la misma película gratis. ¡A pagar!

–          ¿Cuánto es?

–          Son cien pulas, pero …¿sabe?. Vd. no tiene que pagar, las placas diplomáticas CD, CDM y CDA no pagan impuestos…

–          ¡¡Gracias, muchas gracias!!-digo ojoplaticamente complacido.

–          Pero para que conste en el registro debe rellenar el formulario marrón..

En ese momento imagino una ambulancia esperándome a la salida.

– Formulario  marrón ¿Y quién lo da? -pregunto abatido.

– El marrón lo dan en “Información” me contesta en inglés aunque me sabe igual que en español que hasta rima: el marrón en información.. ¡Qué razón tiene!.

Venga  Información, vióleme…En ese momento la buena samaritana te ve grogui y apuntilla, “¡veo que fulanito-información ya se ha ido, es que no queda nadie….pero bueno como ya cerramos esperé que salgo donde Vd. y se lo daré yo misma.”

 Entonces las cosas no podían acabar mejor porque la mujer entrando a matar muy amablemente espeta despreocupadamente:

“Pues no nos  quedan, se han debido acabar, pero no se preocupe mañana los tendrá .aquí mismo”.

Al día siguiente vestido con invisible traje de samurai abordé al señor de Información, que curiosamente venía de nuevo en formato de la buena samaritana de ayer, y le pedí directamente  el “Formulario marrón” .

Ella podía haber dicho: ¡Ay! si es Usted… el de ayer, ¿qué putadita eh?.

 ¡Pero no!. No me reconocía. Yo no daba crédito. Se lo tuve que explicar de nuevo todo en una pose de hombre blanco vociferante y sobreactuado, y la señora sin solidarizarse pero para evitar no se qué, me recogió el Papel Marrón, le echó otro sello y me lo devolvió diciendo: “Ahora, lo lleva al Ministerio de Asuntos Exteriores y arreglado. Ya podrá conducir el vehículo….está contento?.

– Superhappy.

Sabéis que hice después, ¿salir corriendo a exteriores?, pues no.

Desplegué un catering completo y me instalé en uno de los bancos de tortura de antesala de fila de pie y me hice un completo desayuno en directo visionando la película de karatekas y riéndome obligatoriamente en cada uno de los chistes. Y no por masoquismo, no,  era la venganza del gilipollas, del hombre encadenado, como aquellos presos que los meten al calabozo y en esa mínima estancia todavía se imponen no pisar una determinada esquina, un acto de libre y despiadada autoflagelación del cuerpo, que no del alma.

Es aquí donde jugué una de las semifinales de cola de mi vida, aunque no fue la última y definitiva. A partir de esta experiencia aporto mi  feng shui a las colas de Botsuana.

Pero en España, tranquilos, siempre habrá posibilidad de enfrentarse a un funcionario de solera burocrática. Y si no, mirad esta obra maestra de la escuela de cine de Madrid:

 

pero no siempre una cola nos va a dejar con mal sabor de boca, la cola española da mucho juego también, en este otro tesoro internaútico de Faemino y Cansado:

¡Viva Kierkegaard y Kafka!

¡Mampoer para todos!

El zeppelin viaja alto y se dirige suave  por las tierras muy queridas para mí del sur de Botswana y Norte de Sudáfrica, unas nubes algodonosas nos mecen en tierra de leopardos, lejos de su alcance.

Si por ventura sois afortunados y llegáis a Botswana, podéis probar a vuestro propio riesgo internaros en Sudáfrica y descubrir  el mundo exclusivo y bizarro del Gran  Marico en la ruta al noroeste de Johannesburgo que recorre el gran valle del Rio Marico  afluente del Limpopo. 

Por  la carretera de Mafikeng vas dejando  atrás Swartruggens y Koster, llegando a Zeerust, destartaladas ciudades de avituallamiento, sobre la formación montañosa de Dwarsberge en la frontera de  Botswana .

Es una tierra  tan uniforme de vegetación y pistas características que se queda impresionada en tu retina,  sobretodo al atardecer cuando el sol se esconde ya por las colinas del oeste dejando un poso de fotogramas en el aire, concretamente una docena por segundo; porque allí siempre te perderás una parte, al contemplar la otra.

Es un mundo particular de naturaleza exigente, gente dura y paciente, donde la información se transmitía al anochecer entre granjeros entorno a un café y una tanda de aguardiente. Los rumores llegados de los viajeros en carros de bueyes, las anécdotas  entorno a la guerra contra los británicos, las leyendas de la maleza y sus peligros, la bella hija del nuevo granjero,  los “malditos kaffir” (no olvidemos que concebían la superioridad blanca de una manera tan radical de que no les cabía una concepción diferente) y las noticias sobre el ganado constituyeron el caldo de cultivo de los cuentos de Herman Charles Bosman, hombre particular donde los haya.

Llegó a la zona en 1926 para dar clases en un pequeña granja en Heimweeberg donde estuvo sólo 6 meses ya que fue encarcelado acusado del asesinato de su hermano en Johannesburgo adonde había ido unos días antes las vacaciones. Fue condenado a muerte con 21 años, el siempre alegó que no quería matarlo, pero lo cierto que en la trifulca el rifle se disparó. Después le conmutaron la pena por 10 años de prisión con trabajos forzosos. Cumplió 4 y medio. Su experiencia carcelaria la recogió en el libro “Cold Stone Jug” de tono humorístico y autoparódico con el transfondo de crítica a la situación de la institución penitenciaria.Pero en el corto espacio de tiempo que vivió en la zona del Gran Marico se llevó  suficientes materiales  como para tejer cerca de 250 historias de humor, tragedia y poesía del veld, la maleza en Afrikaans.

Nos adentraremos por pistas de arena, recorriendo todas las ondulaciones posibles, carreteras estrechas, puentes, maleza y claros tachonados de granjas aparentemente vacías y con cierto halo de misterio. El Marico está salpicado de característicos koppies (pequeñas lomas de rocas)  y escarpados pendientes de maleza y piedras, donde se han encontrado asentamientos humanos de la Edad del Hierro. Son tierras donde se oyen medias voces que vienen de los árboles y se ven extrañas figuras bajo la luna llena, un ambiente donde la historia se ha anclado en la en la épocas del Gran Trek (la diáspora boer hacia el norte ante la acometida británica) sobre el año 1825. Es como si los espíritus de diferentes épocas flotaran en el aire. Los  mapas de la zona no eran muy precisos cunado la visité. Sabes que te mueves en un determinado área entre determinados pueblecitos que marcan la referencia.  Hacia 1820 vivían en la zona unos veintemil Bahurutshe, tribu renombrada por sus habilidades en minería, cantería, y trabajos del hierro y del bronce. Los visitantes blancos del siglo XIX resaltan que los interiores de las chozas estaban decorados con esculturas de arcilla y pinturas parangonables con el trabajo de los artistas europeos contemporáneos.

Esta zona es uno de esos  lugares tan contradictorios donde al lado de explotaciones mineras de andalucita para fabricar componentes materiales de la industria aeroespacial podrás encontrar Boers que todavía viven sin luz ni electricidad y si tienes suerte te descifraran las estrellas. Lugares contradictorios donde predomina aparentemente una gran quietud pero sin embargo  pasan cosas, se necesita un buen tiempo para comprender que el Marico no es para personas que quieran pasar un fin de semana sino para gente paciente, que pueda toparse por azar con lugareños, o que pueda descansar apoyado en una roca y quizás una tarde entre sorbo y sorbo de un buen mampoer de melocotón un leopardo pasará delante de tus narices.

El Mampoer es un  aguardiente  destilado en casa, en la vieja tradición boer, sin licencia, aunque como ellos dicen está amparado por la verdadera ley que es la biblia y protegida la receta generación tras generación.

Tras varios vasos de mampoer  la complexión del paisaje cambia, y también el cuerpo dejándote en un estado de flotación a cámara lenta, como si hubiera una fusión con el sol y la tierra en esta parte particularmente atractiva y pétrea de África . Realidad y fábula se mezclan. Incluso el origen del nombre del  mampoer tiene su leyenda misteriosa, a falta de confirmación,  parece derivar del kgosi  Mampuru, un jefe de la tribu  Pedi que instigó el asesinato de su hermanastro  Sekoekoenie emborrachándolo

Esta bebida destilada contiene un 65 a 75% alcohol. Por eso se dice que  el mampoer no hace promesas y no dice mentiras , pero es una herramienta útil para que en tierras del Marico, florezcan las leyendas y las historias reflejadas por el escritor H.C. Bosman de boca del narrador el mítico Oom Schalk Lourens. Si te pones a investigar nunca hay hechos verídicos comprobables, pero nunca las historias son mentira y suenan verosímiles alrededor de un buen fuego en una noche estrellada. No hay pruebas, pero las cosas pasan, como en un gobierno cualquiera…

A veces las leyendas se transforman en realidad como la polémica que surgió protagonizada por monos, leopardos y granjeros. 

En la naturaleza los monos tienen muchos enemigos naturales, por ejemplo los leopardos que en la zona del Marico abundaban y donde los monos constituían elemento esencial de su  dieta. Sin embargo la presión del hombre hizo que el número de leopardos descendiera. Además estos leopardos prefieren presas más grandes y fáciles de atrapar como las vacas, especialmente, las indefensas terneras.

El resultado es que muchas cabezas de ganado son atacadas por leopardos y suponen una pérdida importante para los granjeros de la zona, por lo cual los granjeros o bien atrapan leopardos para soltarlos en otras áreas o directamente los matan. Esto está poniendo en peligro el ecosistema porque como resultado los monos se están multiplicando y al no poder encontrar comida en esa tierra, organizan verdadera batidas por las granjas comiéndose las semillas. Con lo cual, lo que no destruyen los leopardos lo destruyen los monos.

Muchos de los granjeros están al borde de la quiebra y de extinción en la zona. Parecería pues que de leopardos, monos  y hombres saldrían triunfantes ¡los monos!, a priori el animal más débil de los tres. ¡Extraño mundo!

Entre las soluciones que los lugareños dan al problema  encontraremos el humor propio de la zona:

1. Si fuera posible hablar con los monos, se podría organizar una reunión con ellos y sentaditos explicarles la situación,  pero como todo el mundo sabe aunque nos separen pocos genes los monos no hablan y por mucho que te dirijas educadamente a ellos diciéndoles “Por favooooor alejaos de mi cosecha”, nada, no se enteran, por muy razonable que sean los argumentos humanos seguirán robando.

2. Otra solución es mover a los monos a otro lugar. Cuando te veas afectado llamas al 112, vienen y se los llevan.

3. Una  tercera solución puede ser el uso de medidas contraceptivas, para reducir su ritmo reproductor y por tanto su número a medio plazo. Pero quien es el que va a hacer ese trabajo inmediatamente…el problema exige una respuesta inmediata.

4. Una cuarta solución es hacer una matanza selectiva de las familias de primates como se hace con elefantes en los grandes parques sudafricanos.

Esta última es la solución que los granjeros iban a llevar a cabo, pero la publicación del caso en la prensa  causó una conmoción en medios internacionales. Hubo opiniones para todos los gustos, unos sostenían  que el elemento clave es que los granjeros no disfruten con la matanza, que se contengan; otros se dirigieron a los granjeros para organizar batidas de monos con arco y flechas y los más urbanitas sugieren  ideas adicionales como introducir más leopardos, y trasladar a los granjeros , por ejemplo, a jaulas de zoo como nuevos animales mamíferos bajo un letrero “granjeros Boer”. Hábitos: les gusta vivir en tierras inhóspitas  son incapaces de convivir con los simios. ¿Y tu qué harías?

Bosman fue un incansable  organizador de fiestas que eran famosas por las  sobremesas que se alargaban de la mano de su oratoria a lo largo de la noche. Dos días después de una de sus fiestas en las que el Mampoer destilado siempre parecía insuficiente le condujo su mujer al hospital Edenvale. Al legar le preguntaron para hacerle la ficha: lugar de nacimiento y el respondió: Lugar de Nacimiento: Kuilsvier- Muerto: hospital Edenvale!”

Cuando entró en la consulta, al poco sólo se podían oir las risas del doctor. Bosman nunca perdió el sentido del humor , salió y dijo a su mujer que era una simple indigestión. Pocas horas después se desvaneció  en su casa. Muríó mientras le llevaban de vuelta al hospital, el 14 de Octubre de 1951.

¡Totsiens my vriend!