La octava

De regreso al entrenamiento de esgrima a pesar del pie lastimado, el maestro me ha tenido un buen rato intentando enseñarme la parada de octava. Para los novatos nada parece fácil. Pero atiendo.

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Viendo las imágenes a cámara lenta se entiende por qué este deporte te absorbe y te desestresa del resto de las cosas que pasan por tu cabeza cada día.

Detrás de la bala, la punta de una hoja de esgrima es el segundo objeto más rápido en movimiento en los deportes olímpicos. “Velocidad de la Esgrima” captura la gracia y los movimientos de los principales tiradores de espada de Nueva York. Utilizando fotografía ultrarrápida, los espectadores aficionados serán capaces de ver algunas de las acciones más rápidas deL mundo del deporte por primera vez.

Para el ojo inexperto, un gesto anota sin previo aviso. Señales del cuerpo y fintas son demasiado agudas para un novato. ¿Y qué pasa cuando alguien parpadea en el momento equivocado? La  esgrima cuenta con algunos de los objetos más rápidos en  movimiento en el deporte, que es sin duda por eso  difícil de ver y no es un deporte fácil para  el espectador.

Todas estas acciones serán realizadas en cámara lenta con  fotografía de alta velocidad para permitir al espectador  apreciar y ver lo que sucede en la mente de un tirador entrenado. Estas acciones aparecen en la imagen más lentas para mostrar la velocidad en la que la mente calcula  cada acción en  años de entrenamiento y  repetición.

Los buenos jamás vieron un vídeo de youtube para aprender esgrima, ni yo lo pretendo. Por ahí pululan muchos maestros de mayor o menor nivel para mostrarnos sus enseñanzas.

Espero que si algún  aficionado cae por aquí y no lo ha descubierto todavía se complazca en conocer a Charles Selberg, maestro americano, que con 81 años y cáncer de hígado nos da unas cuantas clases donde concentra toda sabiduría desde su salón de estar. Impresionante.

 

Charles Selberg falleció el año pasado en su casa de Ashland, Oregón. Descanse en paz, maestro. Me aplicaré.

 

Va por Vd…

Antes de ayer y a la edad de 93 años, murió el Gran Maestro Edoardo Mangiarotti, figura mítica de la Esgrima de Espada y Florete y una autentica leyenda. Entre   1936 y 1960 consiguió 6 medallas de oro, 5 medallas de plata y 2 medallas de bronce olímpicas, así como 26 medallas en campeonatos mundiales, 13 de ellas de oro. Se retiró en 1961 considerado como el mejor espadachín de todos los tiempos. .

Estos eran sus 10 Mandamientos de la Esgrima:

1º…Recuerda siempre que eres el representante del más noble deporte.
2º…Practica este deporte desinteresadamente y con absoluta lealtad.
3º…En la pista y fuera de ella compórtate como un caballero.
4º…No discutáis de esgrima, si antes no conoces la esgrima ni su reglamento.
5º…Aprende a perder con honor y a ganar con dignidad.
6º…Respeta siempre a tu adversario, pero intenta superarlo en el combate con todas tus energías.
7º…Recuerda que hasta el último tocado tu adversario no te ha ganado.
8º…Acepta deportivamente la derrota antes que ganar con trampas.
9º…No salgas a la pista con el material defectuoso ni con tu indumentaria desaliñada.
10º…Honra, defiende y respeta con tu nombre, el prestigio de tu maestro, los colores de tu club y la bandera de tu país

Si no fuera un deporte minoritario todo el mundo se habría enterado de la muerte de uno de los más grandes.

Hierro para todos

La esgrima es un deporte de combate, en el que se enfrentan dos contrincantes, que deben intentar tocarse con un arma blanca, en función de la cual se diferencian tres modalidades: sable, espada y florete. La palabra procede del verbo “esgrimir,” y éste a su vez del verbo germánico skermjan, que significa reparar o proteger. Los contrincantes reciben el nombre de “tiradores”. Cuando un tirador es “tocado” por el arma (en francés “touché”), el contrario recibe un punto.

Como deporte se origina en España con la famosa “espada ropera,” es decir, arma que forma parte del vestuario o indumento caballeresco. Hombres y mujeres lo practicaban en España. Como testimonio, se sabe que la célebre princesa de Éboli, bella pero tuerta, pierde el ojo en desgraciado accidente causado por su maestro de esgrima.

A finales del siglo XIV comienzan a ver la luz en Europa distintos manuales de la disciplina. Ésta acaba de instituirse como deporte a finales del siglo XIX, cuando las armas blancas ya no se destinarán a la defensa personal. Se adopta entonces la lengua francesa en la terminología del reglamento (vg. “Halte!”, “Allez!”, “Touché”, etc. ). La esgrima está presente en la primera edición de las olimpiadas modernas, aunque sólo en categoría masculina, y en la femenina, a partir de 1960. Se trata del único deporte olímpico de origen español.

Su definición es “arte de defensa y ataque con una espada, florete o un arma similar”. La esgrima moderna es un deporte de entretenimiento y competición, pero sigue las reglas y técnicas que se desarrollaron en su origen, para un manejo eficiente de la espada en los duelos.

De Arturo Pérez Reverte: El Maestro de Esgrima

“… Mientras hablaba, sin precipitarse en sus movimientos, Adela de Otero se habla vuelto hacia la mesita sobre la que estaban el revólver y el bastón estoque, apoderándose de este último tras arrojar al suelo el ya inútil agujón del sombrero.

– A pesar de su ingenuidad, es hombre sensato dijo mientras contemplaba apreciativamente la afilada hoja de acero, como si valorase sus cualidades-. Por eso confío en que se haga cargo de la situación. En toda esta historia, yo no he hecho sino desempeñar el papel que me fue asignado por el Destino. Le aseguro que no he puesto en ello ni un ápice de maldad más que la estrictamente necesaria; pero así es la vida… Esa vida de la que usted siempre intentó quedar al margen y que hoy, esta noche, se le cuela de rondón en casa para pasarle la factura de pecados que no cometió. ¿Capta la ironía?

Se le había ido acercando sin dejar de hablar, como una sirena que embrujase con su voz a los navegantes mientras el barco se precipitaba hacia un arrecife. Sostenía el quinqué en una mano y empuñaba el estoque con la otra; estaba frente a él, tan inconmovible como una
estatua de hielo, sonriendo como si en lugar de una amenaza hubiese en su gesto una amable invitación a la paz y al olvido.

-Hay que decirse adiós, maestro. Sin rencor.

Cuando dio un paso adelante, dispuesta a clavarle el estoque, Jaime Astarloa volvió a ver la muerte en sus ojos. Sólo entonces, saliendo de su estupor, reunió la presencia de ánimo suficiente para saltar hacia atrás y volver la espalda, huyendo hacia la puerta más próxima. Se encontró en la oscura galería de esgrima. Ella le pisaba los talones, la luz del quinqué ya iluminaba la habitación. Miró don Jaime a su alrededor, buscando desesperado un arma con que hacer frente a su perseguidora, y sólo encontró al alcance de la mano el armero con los floretes de salón, todos con un botón en la punta. Pensando que peor era encontrarse con las manos desnudas, cogió uno de ellos; pero el contacto de la empuñadura sólo le brindó un leve consuelo. Adela de Otero ya estaba en la puerta de la galería, y los espejos multiplicaron la luz del quinqué cuando se inclinó para dejarlo en el suelo.

-Un lugar apropiado para solventar nuestro asunto, maestro -dijo en voz baja, tranquilizada al comprobar que el florete que don Jaime empuñaba era inofensivo-. Ahora tendrá ocasión de comprobar lo aventajada que puedo llegar a ser como discípula -dio dos pasos hacia él, con gélida calma, sin preocuparse de su pecho desnudo bajo el vestido entreabierto,
y adoptó la posición de combate-. Luis de Ayala ya sintió en propia carne las excelencias de esa magnífica estocada de usted, la de los doscientos escudos. Ahora le llega el turno de probarla a su creador… Convendrá conmigo en que la cosa no deja de tener su gracia.

Aún no había terminado de hablar cuando, con asombrosa celeridad, ya echaba el puño hacia adelante. Jaime Astarloa retrocedió cubriéndose en cuarta, oponiendo la punta roma de su arma al aguzado estoque. Los viejos y familiares movimientos de la esgrima le devolvían poco a poco el perdido aplomo, lo arrancaban del horrorizado estupor del que había sido
presa hasta hacía sólo un instante. Comprendió de inmediato que con su florete de salón no podría lanzar estocada alguna. Debía limitarse a parar cuantos ataques pudiese, manteniéndose siempre a la defensiva. Recordó que en el otro extremo de la galería había un armero cerrado con media docena de floretes y sables de combate, pero su oponente nunca le permitiría llegar hasta allí. De todas formas, tampoco tendría tiempo para volverse, abrirlo y empuñar uno. O quizás sí. Resolvió batirse en defensa hacia aquella parte de la sala, en espera de su oportunidad.

Adela de Otero parecía haber adivinado sus intenciones y cerraba contra él, empujándolo hacia un ángulo de la sala cubierto por dos espejos. Don Jaime comprendió su propósito.

Allí, privado de terreno, sin posibilidad de retroceder, terminaría ensartado sin remedio.

Ella se batía a fondo, fruncido el ceño y apretados los labios hasta verse reducidos a una fina línea, en claro intento por ganarle los tercios del arma; forzándolo a defenderse con la parte de la hoja más próxima a la empuñadura, lo que limitaba mucho sus movimientos. Jaime Astarloa estaba a tres metros de la pared y no quería retroceder más, cuando ella le lanzó una media estocada dentro del brazo que lo puso en serios apuros. Paró, consciente de su incapacidad para responder como habría hecho de usar un florete de combate, y Adela de Otero efectuó con extraordinaria ligereza el movimiento conocido como vuelta de puño, cambiando la dirección de su punta cuando las dos hojas se tocaban, y dirigiéndola hacia el cuerpo de su adversario. Algo frío rasgó la camisa del maestro de esgrima, penetrando en su costado derecho, entre la piel y las costillas. Saltó hacia atrás en ese mismo instante, con los dientes apretados para ahogar la exclamación de pánico que pugnaba por salir de su garganta.

Era demasiado absurdo morir así, de aquel modo, a manos de una mujer y en su propia casa. Se puso en guardia de nuevo, sintiendo cómo la sangre caliente empapaba la camisa bajo su axila.

Adela de Otero bajó un poco el estoque, se detuvo para aspirar profundamente y le dedicó una mueca maligna.

-No estuvo mal, ¿verdad? -preguntó con una chispa de diversión en los ojos-. Vayamos ahora a la estocada de los doscientos escudos, si le parece bien… ¡En guardia!

Resonaron los aceros. El maestro de armas sabía que era imposible parar la estocada sin una punta de florete que amenazase al adversario. Por otra parte, si él se centraba en cubrirse siempre arriba ante aquel tipo de ataque concreto, Adela de Otero podía aprovechar para largarle otra estocada diferente, baja, con resultados igualmente mortales. Estaba en un callejón sin salida e intuía la pared a su espalda, ya muy próxima; podía ver de reojo el espejo situado a su izquierda. Resolvió que su único recurso era intentar desarmar a la joven, o tirarle continuamente al rostro, donde sí podía hacer daño el arma a pesar de estar embotada.
Optó por la primera posibilidad, de más fácil ejecución, dejando el brazo flexible y el cuerpo apoyado sobre la cadera izquierda. Esperó a que Adela de Otero enganchase en cuarta, paró, volvió la mano sobre la punta del estoque y asestó un latigazo con el fuerte de su florete sobre la hoja enemiga, para comprobar desolado que la joven se mantenía firme. Tiró entonces sin mucha esperanza una cuarta sobre el brazo, amenazándole el rostro. Le salió algo corta, y el botón no logró acercarse más que unas pulgadas, pero fue suficiente para que ella retrocediese un paso.

-Vaya, vaya -comentó la joven con maliciosa sonrisa-. Así que el caballero pretende desfigurarme… Habrá que terminar rápido, entonces.
Frunció el entrecejo y sus labios se contrajeron en una mueca de salvaje alegría mientras, afirmándose sobre los pies, lanzaba a don Jaime una estocada falsa que obligó a éste a bajar su florete a quinta. Comprendió su error a mitad del movimiento, antes de que ella moviese el puño para lanzarse en el tiro decisivo, y sólo fue capaz de oponer la mano izquierda a la hoja enemiga que ya apuntaba hacia su pecho. La apartó con una flanconada, mientras sentía la hoja afilada del estoque cortarle limpiamente la palma de la mano. Ella retiró de inmediato el arma, por miedo a que el maestro la agarrase para arrebatársela, y Jaime Astarloa contempló un instante sus propios dedos ensangrentados, antes de ponerse en guardia para frenar otro ataque.

De pronto, a mitad del movimiento, el maestro de esgrima vislumbró una fugaz luz de esperanza. Había tirado una nueva estocada amenazando el rostro de la joven, que obligó a ésta a parar débilmente en cuarta. Mientras se ponla otra vez en guardia, el instinto de Jaime Astarloa le susurró con la fugacidad de un relámpago que allí, durante un breve instante, había habido un hueco, un tiempo muerto que descubría el rostro de Adela de Otero durante apenas un segundo; y era su intuición, no sus ojos, la que había captado por primera vez la existencia de aquel punto débil. Durante los momentos que vinieron a continuación, los
adiestrados reflejos profesionales del viejo maestro de armas se pusieron en marcha de forma automática, con la fría precisión de un mecanismo de relojería. Olvidada la inminencia del peligro, plenamente lúcido tras la súbita inspiración, consciente de que no disponía de tiempo
ni de recursos para confirmarla, resolvió confiar la vida a su condición de veterano esgrimista. Y mientras iniciaba por segunda y última vez el movimiento, todavía tuvo la suficiente serenidad para comprender que, si se había equivocado, ya jamás gozaría de oportunidad alguna para lamentar su error.

Respiró hondo, repitió el tiro del mismo modo que la vez anterior, y Adela de Otero, en esta ocasión con más seguridad, opuso una parada de cuarta en posición algo forzada. Entonces, en lugar de ponerse inmediatamente en guardia como hubiera sido lo esperado, don Jaime sólo fingió hacerlo, al tiempo que doblaba su estocada en el mismo movimiento y la lanzaba por encima del brazo de la joven, echando hacia atrás la cabeza y los hombros mientras dirigía la punta embotada hacia arriba. La hoja se deslizó suavemente, sin hallar oposición, y el botón metálico que guarnecía el extremo del florete entró por el ojo derecho de Adela de Otero, penetrando hasta el cerebro.

Y no puedo dejar de repetir la escena donde se propone la solución a los problemas de España:

Maestros de esgrima

Se necesitan muchos años de dedicación para llegar a unos juegos olímpicos actualmente en la esgrima. De todas formas , como en una mayoría de deportes la mejorá técnica, de materiales de instrucción ha acortado mucho la edad posible de encontrase con jóvenes campeones. No obstante la esgrima, el deporte que se parece al ajedrez pero moviéndose, donde se conjuga lo físico, la destreza técnica y lo mental necesita como un violinista años de práctica y buenos maestros para alcanzar la madurez. Aquí tenemos a Dan Kellner Brooklyn Bridge Fencing Club presentándonos su club  y los primeros pasos en este deporte.

La película del maestro de esgrima dejó buenas escenas de esgrima, pero creo que la de mayor actualidad, la que solucionaría futuras acampadas en Puerta del Sol es ésta…

Assumpta dice dos frases seguidas, que parecen movimientos de esgrima, como declaraciones de principios..

“una mujer deber rodearse de cierto misterio si quiere conservar su atractivo…”

“nunsa se es lo bastante injusta con los hombres”

En guardia!!!

!Heil Coletas!

Posamos lentamente el Zeppelin en el estadio olímpico de Múnich, en este tiempo de indignación donde están en oferta desde el yogur griego hasta las islas helénicas de la Ilíada y los dioses del Olimpo miran de reojo la prima de riesgo y la calificación de Moody’s mientras inventan una pócima para convertir el culo de Merkel en bonos del tesoro. Aquí cerca yace una mujer que sin saberlo pudo cambiar una parte de la historia. ¡Vamos de Olimpiadas!

Offenbach del Meno, en Hesse, vio nacer en 1909 una niña rubia, ojos azules, piernas y brazos muy largos: Helene Mayer. Ella tenía dos pasiones desde niña: la danza y los deportes.

La chica destacaba en la escuela local y  eligió practicar  esgrima. De adulta le preguntaban por qué esgrima y ella respondía que era un deporte que le recordaba tanto a la danza. Así empezó en el club local. Ya con 13 años se había convertido en una escultura wagneriana, belleza atlética con coletas que ganaría en los siguientes años los campeonatos nacionales de florete, y en 1928 con 17 años se coronaría con la medalla de oro en los Juegos Olímpicos de Amsterdam.  La coletas, con el mote de Blonde Hey, se hizo tremendamente popular en Alemania, fabricaban muñecas con sus coletas, y objetos decorativos con su efigie…En los siguientes juegos en Los Ángeles, empezó a ganar fácilmente las primeras poules o eliminatorias pero antes de comenzar las finales, un miembro del equipo técnico le comunica que su mejor amigo había perdido su vida en el barco escuela Niobe que surcaba el Báltico. No podía pensar en otra cosa: quedó quinta.

Con la llegada al poder del nazismo no era seguro para ella volver a Alemania, aunque solicitó una beca y se quedó siguiendo sus estudios en Estados Unidos, sus asignaturas opcionales fueron: alemán y esgrima.

La tiradora rubia se sentía plenamente alemana, y su estampa encarnaba el ideal estético ario de la Alemania nazi….pero poco después de que el Führer ganara las elecciones, se descubrió que su padre era judío,  así que ella quedó etiquetada por el  partido nazi como “Mischling” o “Halbjudin”, mitad judía. Mayer quedó exiliada en EEUU. Y como a otros compatriotas , tras la aprobación de las ”leyes de Nuremberg para la protección de la sangre y el honor alemán”, se le retiró la nacionalidad alemana y fue desprovista de la condición de ídolo del deporte germano y de su beca.

El Sindicato Atlético Amateur estadounidense decidió realizar un boicot  a los juegos olímpicos de Berlín en 1936 a  no ser que se permitiese a los deportistas judíos participar en las eliminatorias alemanas y competir en los Juegos en representación de Alemania. El escritor alemán Thomas Mann llamó por la radio (estadounidense), incluso a boicotear los Juegos.

Los países extranjeros incrementaron su presión y Hitler tuvo que ceder, el COI dejó claro que de no aceptar estas condiciones  los  juegos  podrían no celebrarse. Ahora  nada podía impedir al Führer desplegar con sus Juegos, la plataforma propagandística del Nacionalsocialismo alemán para deslumbrar al mundo. Eso sí, cedió pero no del todo ni mucho menos, de  21 atletas que prometió acoger , finalmente sólo se incluyó a la floretista Helene Mayer aceptando además la condición que puso ésta: recuperar la ciudadanía alemana de pleno derecho ¡yo soy alemana!. Dicen que si quiso volver era por defender a su madre que estaba allí, y clamaba que no tenían derecho a hacerle eso a su hija. Si se hubiera negado probablemente no hubiera habido juegos en Berlín y el régimen nazi no hubiera obtenido el crédito de organización e imagen que quiso ofrecer al mundo (ganaron muchísimas medallas).

Helene Mayer se alzó con la medalla de plata en florete individual femenino y, como todos los demás medallistas alemanes,  con la esvástica estampada en su camisola realizó el saludo nazi en el podio.  Es curioso ver como Ilona Schacherer-Elek, esgrimista húngara de origen judío dos veces campeona de Europa (centro), logró la medalla de oro.

Se especuló en la prensa internacional con que se vio obligada a hacer el gesto -toda la delegación alemana lo debía hacer- porque su familia  vivía todavía en Alemania y temía represalias. Para Hitler la jugada era perfecta, si una judía saluda al Fürher no tenéis de que preocuparos…¡todos ahora sabemos                                                                                      que se debían preocupar bastante!

El New York Times llegó a señalar que las Juegos habían devuelto a Alemania a “la comunidad mundial” y le habían restituido su “humanidad”. Una vez finalizados los Juegos, Mayer regresó a los Estados Unidos y, en 1937, consiguió el oro en Campeonato Mundial de París por Alemania aunque se sentía ya engañada y torturada por ver los hechos que estaban acaeciendo en su país. Pudo volver a Frankfurt a ver su a su familia, ella esperaba una recepción con todos los honores, pero ni un periodista le esperaba, ya no era un ídolo para los alemanes en proceso de purificación aria.

Volvió a California donde fue profesora y consiguió nueve títulos nacionales americanos de florete entre 1938 y 1948 sin regresar a Alemania hasta 1952 cuando se casó. El matrimonio y su vida solamente duraría un año más en Múnich donde falleció de cancér de mama, reposando sus restos actualmente en lo que fue la villa olímpica de los Juegos Olímpicos de Múnich 72.

Alzar la mano en su momento, alzar la voz y la mano, ¡ah! las consecuencias, ella fue repudiada primero por la comunidad judía americana y por otros atletas judíos que se negaron a participar en esa trampa; ella esperaba poder ser aceptada en la sociedad alemana. Mientras recibió ese trato frío por el régimen a pesar de haber ganado una medalla en sus juegos, en el otro lado del espejo, paradójicamente Jesse Owen el atleta negro de Alabama,  héroe de los juegos fue saludado por Hitler. El Füihrer había negado el saludo a un atleta afroamericano  por promover  el concepto de la superioridad de la raza aria mostrando  a los de origen africano como inferiores,  el COI le dijo que no habría ceremonia sino saludaba a todos o a ninguno. Cuentan que optó por no saludar a nadie en el pódium, pero Jesse en sus memorias dice que el régimen de Hitler le felicitó por sus 4 medallas de oro y le trató mucho mejor que su “democrático” presidente Francis Delano Roosvelt:

“Cuando volví a mi país natal, después de todas las historias sobre Hitler, no pude viajar en la parte delantera del autobús. Volví a la puerta de atrás. No podía vivir donde quería. No fui invitado a estrechar la mano de Hitler, pero tampoco fui invitado a la Casa Blanca a dar la mano al Presidente”.

Helene Mayer una de las mejores esgrimistas del siglo XX. En la labor de búsqueda documental he aquí un tesoro donde se ven imágenes de época y excelente técnica de la tiradora, en versión original, principalmente, inglés, alemán y algo de ruso.

http://www.snagfilms.com/films/title/what_if/

¡A fondo!