Fugacidad cósmica

Sí, hoy se veía claro sobre el cielo de Madrid, la luna como un croissant y venus como una peca a su lado y alineado de fondo Júpiter, yo pensaba cósmicamente en lo de esta tarde.

Tenía en la mesa como otras veces, un teléfono, un nombre, un CV….después de muchas cribas examinando la base de datos, formularios…los colegas y yo habíamos determinado que un señor, pongamos que Charles, británico, era el experto específico que necesitábamos para un proyecto en Oriente Medio, una persona de, digamos medianaedad con un Cv impresionante y consistente, prestando su saber hacer en decenas de países del mundo a lo largo de su vida.

– En algún lugar de Inglaterra descuelgan un telefóno….¿Quien llama?..

–Soy bla bla bla…y llamaba porque en nuestra base de datos hemos encontrado que Charles es la persona mas adecuada para un proyecto en …un lugar de mediooriente….

–En el otro lado de la línea oigo entre crecientes sollozos: soy su madre…gracias por acordarse de él…pero………….mi hijo murió hace dos años…… en un asalto cuando dirigía un equipo sobre el terreno ………en Ruanda…..

—Ohh,,,!

Me he disculpado, no sabía que decir…y me he quedado pensando el resto de la tarde, me había aprendido bien su CV, trabajos muy especializados en lugares a veces nada fáciles; he calculado la edad, 42+2= 44 años. 4 hijos.

Sí, hoy se veía Júpiter, debe ser grande Júpiter, eh Charles?. Muy grande, desde aquí se ve pequeño,o somos pequeños,

No he pensado hoy en muchas más cosas. Son dos días. Sí, dos días, y a veces huímos y huímos para qué?.

Me ha recordado el famoso cuento del mercader y la muerte; joder, si te llaman para un trabajo, mejor que no te encuentren muerto.

«Érase una vez, en la ciudad de Bagdad, un criado que servía a un rico mercader. Un día, muy de mañana, el criado se dirigió al mercado para hacer la compra. Pero esa mañana no era como todas; porque esa mañana vio a la Muerte en el mercado y porque la Muerte le hizo un gesto.
Aterrado el criado volvió a la casa del mercader.
‐ Amo ‐le dijo‐, déjame el caballo más veloz de la casa. Esta noche quiero estar muy lejos de Bagdad. Esta noche quiero estar en la remota ciudad de Ispahán.
‐ Pero ¿Por qué quieres huir?
‐ Porque he visto a la Muerte en el mercado y me ha hecho un gesto de amenaza.
El mercader se compadeció de él y le dejó el caballo; y el criado partió con la esperanza de estar por la noche en Ispahán.
Por la tarde, el propio mercader fue al mercado, y, como le había sucedido antes al criado, también él vio a la Muerte.
‐ Muerte ‐le dijo acercándose a ella‐, ¿Por qué has hecho un gesto de amenaza a mi criado?
‐¿Un gesto de amenaza? ‐contestó la Muerte‐ No, no ha sido un gesto de amenaza, sino de asombro. Me ha sorprendido verlo aquí, tan lejos de Ispahán, porque hoy en la noche debo llevarme en Ispahán a tu criado.»

Cuando vienen estos pensamientos sería bueno tener un tractor como este y ordenar y arreglar sus piezas:

O asomarte a la muerte desde el humor como ayer ese hombre de la playa de La Antilla, en Huelva, que consiguió ejercer su derecho al voto esta tarde tras tener que demostrar que realmente estaba vivo, ya que la oficina del censo electoral lo daba por muerto. El votante ha explicado que la situación ha sido “completamente surrealista”. En el consistorio le han enviado al Insituto Nacional de Estadística, donde le han dicho que había fallecido y, por lo tanto, no podía votar. Finalmente, tras varias gestiones ha conseguido ejercer su derecho.

O este zeppelin; y mirar un poco sus tripas; el día de ayer fue el día que más personas subieron a este zeppelin que como siga así va a tener problemas de lastre; he recibido en los útimos meses visitas de 90 paises diferentes, siendo el visitante  más raro de las Islas de Aaland,que adopto como bandera de mi zeppelin y ondea hoy a media asta, por Charles.

Suene su himno:

Allá vamos, soltamos amarras…

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The last trip: todo natural, nada artificial

Todo esto viene porque me dijeron el otro día que en todo Crucero que se precie llevan a bordo al menos un féretro, y es que a pesar de los naufragios recientes hay una epidemia de contrataciones de cruceros en España, será la crisis. La imagen romántica y decadente de los viejos ricachones en barcos de superlujo, viejecitos que coquetean y señoronas que aspiran a lucir joyas y echarse un baile con el Capitano ha dado paso a un crucerismo masificado, como de centro comercial flotante, gallinas ponedoras de pulseritas, comida infumable y con un poco de suerte flamenco para amenizar la velada, solamente con un poco más de suerte tienes la aventura verdadera de escorarse el barco y buscarte la vida como puedas, o mejor ir directamente al féretro y meterte ya dentro para ahorrar tiempo y comida a los tiburones, con un poco de suerte llegas flotando en ferétro hasta hawaii, por ejemplo, que está de morirse. Ahora, estadísticamente, como la gente está fatal y van por miles en los barcos hay grandes posibilidades que entre la actuación de flamenco y la Cena de Gala se atragante un pasajero pongamos polaco con los calamares plastificados y haya que hacer uso de “ello”.

Hasta no hace mucho tiempo los traslados de cadáveres eran verdaderamente complicados, ya conté por ejemplo lo del general español que murió en el campo de batalla cubano y tardaron un año en depositarlo en la capilla de Santa Ana del Pilar de Zaragoza; o ya más modernamente el azaroso traslado de Pablo de la Torriente Brau, escritor y resistente republicano cubano en la Guerra Civil, cuyo cádaver fue conducido en azaroso viaje con el poeta Miguel Hernández a bordo de un raquítico coche cruzando líneas amigas y enemigas desde Madrid hasta el cementerio de Barcelona.

La aviación ha resuelto no pocos asuntillos de estos; hace no mucho leí la “pérdida” de un ataúd en un vuelo de Palma hasta Jerez de la Frontera, imaginaros la escena de los parientes esperando y nada…¡Pasen a objetos perdidos, rellene el formulario…! ¡Pero si es el tío Manueel y lo vamos a enterrar, que está todo el pueblo esperando y el cura…!!…Pues nada, apareció dos días después, muerto claro. Con razón tenía miedo a volar el tío Manuel…!!Y eso que a muchos pilotos, me cuentan les da bastante yuyu el “problema”, existiendo además un protocolo muy exigente; en la bodega que viajan por ejemplo no pueden colocarse animales porque reaccionan fatal, especialmente perros y caballos. Tampoco pueden mezclarse con alimentos etc etc, mal negocio el fiambre a bordo.

Summum del ingenio sobre la burocracia y el transporte de finados es la película cubana Guantanamera, sin desperdicio, con situaciones que como todo en Cuba se convierten en una tragicomedia.

Y aquí entera para los agraciados ociosos:

Si queréis vivir la experencia del transporte  horizontal .. mejor vivos en la zona business claro, pero bueno hay otras facilidades… ha sido también noticia la empresa que te falicita el asuntillo si les haces un poco de ascos a eso de palmarla facilmente;  y ¿cómo no? viene de Suiza, que como ya sospechaba en otro post, Suiza viene de Suicidio, pues bien la empresa Dignitas ha decidido innovar, abrir nuevas vías de negocio ¡vaya! y ahora tachán! amplian el negocio a las personas sanas, que no padecen ninguna enfermedad terminal ni sufren dolores.

Dignitas  fue fundada en 1998 bajo el lema “Vive con dignidad, muere con dignidad” y hasta ahora solo permitían el suicidio asistido a personas con enfermedades terminales o con enfermedades crónicas incapacitantes. Pronto lo veremos en las esas superofertas lowcost con viaje de avión pagado y todo. Negocio con pocas reclamaciones, preveo.

Creo que como decía el amigo Punset entre rebanada de pan y pan, lo importante para ser feliz es perder el miedo; y recordemos que los que nos gobiernan se sirven de ello, ya sabéis la miedo cracia, la mierdocracia existente tamaño Putin Presidente. Y como hay que jugar a grande, es mejor empezar por desdramatizar el miedo a la muerte porque sin ella el concepto de vivir sería algo muerto e incomestible como el pan a solas de Punset  nuestro divulgador científico y filósofo  y sus chicas:

Claro no es sorprendente que nos ríamos:

Y pour finir en beauté,. como final, rindo homenaje a uno de mis gurús, “Javier Ortiz  escritor y columnista, nació en Donostia-San Sebastián el 24 de enero de 1948 y murió ayer en Aigües (Alicante), tras dejar escrito en su  blog el presente obituario, el suyo. (publicado en el diario Público el 28 de Abril de 2009)

 

Falleció ayer de parada cardio-respiratoria el escritor y periodista Javier Ortiz. Es algo que él mismo, autor de estas líneas, sabía muy bien que sucedería, y que por eso pudo pronosticar, porque no hay nada más inevitable que morir de parada cardio-respiratoria. Si sigues respirando y el corazón te late, no te dan por muerto.

Así que en ésas estamos (bueno, él ya no).

Javier Ortiz fue el sexto hijo de una maestra de Irún, María Estévez Sáez, y de un gestor administrativo madrileño, José María Ortiz Crouselles. Sus abuelos fueron, respectivamente, un señor de Granada con aspecto de policía -lo que tal vez se justifique considerando el hecho de que era policía-, una señora muy agradable y culta con allure y apellido del Rosellón, un honrado y discreto carabinero orensano con habilidades de pendolista y una viuda de Haro casada en segundas nupcias con el recién mencionado, Javier Estévez Cartelle, del que se derivó el nombre de pila de nuestro recién difunto. Si algún interés tienen todos estos antecedentes, cosa que dista de estar clara, es el de demostrar que, en contra de lo que suele pretenderse, el cruce de razas no mejora el producto. (Obsérvese qué gran variedad de procedencias se puso en juego para acabar fabricando a un vasco calvo y bajito.)

La infancia de Javier Ortiz transcurrió en San Sebastián, ciudad que le venía muy a mano, porque nació allí. Se dedicó básicamente a mirar lo que había por sus cercanías, en particular el pecho de las señoras -ahora que ya está muerto podemos descubrir ese inocente secreto suyo-, y a estudiar cosas tan peregrinas como las ciudades costeras del Perú, de las que no logró olvidarse hasta su postrer respiro. Los jesuitas trataron de encauzarlo por el buen camino, pero él descubrió muy pronto que era comunista. Eso malogró del todo su carrera religiosa, ya de por sí poco prometedora, sobre todo desde que notó con desagrado el interés que algunos sacerdotes ponían en sus partes pudendas.

Su primer trabajo como escribidor, aparecido en una página del periódico del colegio, fue, curiosamente, una necrológica, con lo que cabría decir que su carrera como periodista ha resultado capicúa, singular circunstancia de la que muy pocos podrían presumir, aún en el improbable caso de que lo pretendieran.

A los 15 años, hastiado de las injusticias humanas -algunas de las cuales seguían teniendo como referencia obsesiva los pechos femeninos-, decidió hacerse marxista-leninista. Los años siguientes tuvo que emplearlos en averiguar qué era eso que acababa de hacerse, a lo que contribuyeron decisivamente algunos esforzados miembros de la Policía política franquista.

A partir de lo cual, se dedicó con gran entusiasmo a cultivar el noble género del panfleto. Sin parar. A diario. Año tras año. Fue cambiando de punto de residencia, no siempre por voluntad propia -ahí merecen especial mención sus estancias carcelarias y su exilio, primero en Burdeos, luego en París-, pero jamás varió su inquebrantable afán de agitador político, que él pretendía haber adquirido, por absurdo que parezca -y sea, de hecho-, en la lectura de Los documentos póstumos del Club Pickwick, de don Carlos Dickens, y de las Aventuras, inventos y mixtificaciones de Silvestre Padarox, de don Pío Baroja.

Burdeos, París, Barcelona, Madrid, Bilbao, Aigües, Santander… Recorrió incontables sitios y holló innúmeros parajes sin parar de escribir, erre que erre. Zutik!, Servir al Pueblo, Saida, Liberación -y Mar, y Mediterranean Magazine- y El Mundo, y una docena de libros, y varias radios, y algunas televisiones… Por escribir, incluso escribió para otros y otras, ejerciendo de negro en momentos de particular penuria. También lo hizo a veces por amistad.

Movido por la lectura del Selecciones de Reader’s Digest y otras publicaciones estadounidenses tan aficionadas a ese género de operaciones, un día decidió calcular cuántos kilómetros cubrirían sus escritos, en el caso de colocarlos todos en una sola larguísima línea de cuerpo 12. El resultado de la estimación fue concluyente: ocuparían la tira.

En materia de amores (de la que sería injusto decir que careciera de alguna experiencia), también fue capicúa. Decía que las mejores mujeres, las más cariñosas y las más nobles con las que compartió sus días (sin desdeñar dogmáticamente a ninguna otra), le resultaron la primera y la última. Aunque la favorita le apareciera por medio: su hija Ane.

Y todo para acabar con algo tan vulgar como la muerte. Por parada cardio-respiratoria, como queda dicho. En fin, otro puesto de trabajo disponible. Algo es algo.